La prensa ha publicado estos días una noticia que más o menos la sabíamos todos pero que ha puesto de relieve unas cifras las cuales permiten medirla en su verdadera dimensión: ya hay más de tres millones o tres millones y un chin de dominicanos que cogiendo la yola del avión o la de verdad, la que naufraga a cada rato, o han espantado la mula del campo hacia otros países y en especial los Estados Unidos donde se concentran más de dos millones y medio de compatriotas mascando chicle, comiendo hotdogs, pizzas y hamberguers.
Detrás, delante, a los lados, arriba o debajo de dicha publicación hay una serie de puntos de gran importancia que podríamos destacar.
Lo primero es que esa cifra indica que si uno de cada cuatro dominicanos se ha ido (¿Cuántos más se irían si hubiera barra libre de visas gringas?) es porque el país no está todo lo bien que sus dirigentes políticos dicen siempre de manera demagógica que están, por más que el PBI crezca anualmente el 5% o el 6 % ese que el Banco Central anuncia con tantos alardes. La cosa está buena o muy buena para los pocos de arriba y no muy bien para los algo más que están en el medio, y bastante o muy mal para los muchos y demasiados que permanecen abajo, la invasión delivery de motores que sufren nuestras calles podría ser un indicador sociológico.
Segundo, la emigración no es de ahora, Nueva York con nada menos que 800.000 criollos, Boston, Providence, Filadelfia, Nueva Jersey y Miami han sido las principales ciudades receptoras desde hace muchísimos años, Juanita la de la canción emblemática que traía en las maletas productos y chucherías gringas en Navidad lleva siglos sonado, el éxodo más importante fue entre 1966 y 1978 coincidiendo con la llegada de Balaguer al poder, un periodo de gran inestabilidad política, social y económica, siendo Nueva York el destino preferido.
Lo segundo, en menor medida, algo más de medio millón, el dominicano inicia desde fechas más recientes un giro de preferencias hacia otros países como Italia, Francia, Países Bajos, Alemania, Canadá, Chile, Venezuela, México, Panamá, siendo España por afinidad de lengua y costumbres la que más población recibe, unos doscientos cincuenta mil. Este giro indica que el dominicano tiene olfato y gran sentido práctico y busca lugares donde le es más fácil entrar y tienen ¨grasa¨ suficiente para una vida mejor, ahora en España hay un ¨Entren tós¨ a lo Alburquerque y están admitiendo por el método exprés un millón de inmigrantes.
Tercero, indica una cualidad muy loable del dominicano y es su espíritu de superación, no importa la crujía, la olla, o la prángana que pase siempre es optimista y sobre todo arriesgado por lograr un mejor futuro para sí mismo y para los suyos, con tal de conseguirlo es capaz de todo, de subirse a las frágiles botes que tantos muertos han causado, de hacer el ingenioso pasaporte ¨machete¨, de casarse con una osa polar feísima pagando por ello unos buenos cuartos, de meterse de polizón en un barco carguero, o hasta congelarse metidos en el tren de aterrizaje de un avión, de coger una larga y peligrosa ruta de México para ser un ¨espalda mojada¨, o buscar mil papeles que como dice el enorme Juan Luís Guerra no le dan para ser sincero.
Lo curioso es que no salen para Rusia, China, Cuba, la Venezuela de hoy, o Nicaragua. Ya hemos apuntado que el dominicano tonto no es. Hay que ser muy valiente para hacerlo, algunos lo logran y muchos acaban siendo detenidos y devueltos a su lugar de origen para volver a intentarlo por otras vías. Un amigo mío, A., pintor de brocha gorda, se fue nada menos que siete veces en yola a Puerto Rico pasando toda clase de peripecias, hasta quedar siete días perdidos a la deriva, las siete veces falló y lo deportaron y !Atención! no lo volvió a intentar porque le daba pánico montar en los aviones que lo traían desde Puerto Rico a Republica Dominicana en tres cuartos de hora.
Cuarto, una de las cualidades del criollo es el apego a su la tierra, siguen siendo dominicanos hasta el tuétano vayan donde vayan, pueden tener a su alcance las excelentes cocinas francesas, españolas o italianas con toda clase de gollerías y exquisiteces, pero el arroz con habichuelas, la bandera culinaria nacional, la llevan prendido en el estómago del alma. Tengo un caso personal al respecto, hace años envié a mi familia de Madrid un muchacho joven que su vida corría peligro por asuntos políticos, allí estuvo a pan y cuchillo como se dice varios meses, le servían paellas, cocidos, pescados, ensaladas, lo que se comía a diario e incluso le hacían platos especiales muy sabrosos, pues bien el muchacho en cuestión cuando podía se escapaba a comer el arroz con habichuelas, un locrio, en un restaurante dominicano que había en el barrio de Cuatro Caminos muy frecuentado por compatriotas.
Quinto, sea como sea, donde sea, cuando sea, sueñan siempre con volver a su terruño para levantar una casita, comprar un apartamento, o poner un negocio que le permita vivir con dignidad. Como decía una muchacha en un viejo anuncio de Codetel que trataba de conectarse desde los Estados Unidos con su familia de aquí: ¨Me fui, pero no me fui¨ seis palabras sencillas que resumen toda una ligazón emocional a su lugar de nacimiento. El dominicano es en esencia un bumerang, se lanza, hace un buen recorrido en círculo, y al final quiere un regreso al punto de partida.
Sexto, el dominicano que emigra es astuto, listo, trabajador, a los pocos meses de llegar se las buscan como un toro. En una calle de la parte vieja de Barcelona yo llamaba a la República Dominicana desde un locutorio llamado ¨La Altagracia¨, justo enfrente a diez metros había un colmado con el nombre de ¨Boca Chica¨ donde se vendía la cerveza Presidente y sonaban merengues y bachatas, más adelante estaba un salón de una simpática dominicana… Otra muestra del apego citado son las remesas que tanto ayudan a las familias, aumentan año tras año y ya superan los doce mil millones de dólares, o sea los trecientos mil millones de pesos que ratifican todo lo anteriormente dicho.
Bueno, ojalá que un día los tres millones vuelvan al nido a quedarse para siempre y en una hermosa playa del norte, sur, este u oeste del país nos tomemos juntos unas frías con picaderas de jamón, salami, queso, sándwiches, pastelitos, quipes, y aceitunas brindando por lo bien que se está en casa cuando los chavos dan para estar bien. A todos los que se fueron un cálido abrazo y !hasta pronto!
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