En la República Dominicana y en América Latina, el papel de la universidad pública ha trascendido históricamente la formación profesional. Esta realidad refuerza la importancia estratégica de la educación superior pública como uno de los principales pilares para sostener el desarrollo económico, la cohesión social y la estabilidad institucional de nuestros países.

Tradicionalmente, estas instituciones han sido motores de movilidad social, espacios de construcción de ciudadanía y actores centrales en la configuración de la identidad nacional. Su impacto no se mide únicamente por los títulos otorgados, sino por su contribución sostenida al desarrollo humano, institucional y democrático, facilitando el acceso a oportunidades a amplios sectores de la población y fortaleciendo las clases medias.

En contextos marcados por economías duales, debilidades institucionales persistentes y esfuerzos constantes por reducir desigualdades sociales, la universidad pública se convierte en una herramienta clave para democratizar el conocimiento, fomentar el liderazgo y el pensamiento crítico, y ampliar oportunidades. Sus funciones sociales resultan especialmente relevantes allí donde otros mecanismos de inclusión social son limitados o insuficientes.

Desde una perspectiva económica y social, estas instituciones cumplen un rol estratégico en los procesos de transformación productiva. En el caso de la República Dominicana, donde uno de sus retos más importante sigue siendo diversificar la economía y fortalecer actividades de mayor valor agregado, la universidad pública tiene la responsabilidad de formar profesionales críticos, con capacidades analíticas, tecnológicas y éticas, capaces de responder a las necesidades específicas de cada región o provincia del país y de aportar soluciones a los desafíos del desarrollo.

En un contexto global marcado por profundas transformaciones geopolíticas —que ya comienzan a reflejarse en los sistemas de educación superior, como lo evidenció el Foro Económico Mundial de enero de 2026—, desde mi experiencia en la gestión y el análisis institucional he podido comprobar que las universidades públicas necesitan avanzar hacia modelos de gestión administrativa más integrados y orientados a resultados. La planificación basada en información confiable, los presupuestos alineados con objetivos claros, los sistemas interoperables y una cultura institucional centrada en la transparencia, la rendición de cuentas y el uso sistemático de indicadores fortalecen la capacidad de gestión y permiten que el impacto social de la universidad sea más visible y sostenible en el mediano y largo plazo.

En este marco, resulta imprescindible seguir fortaleciendo la gestión universitaria, particularmente en instituciones como la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). La administración universitaria del futuro inmediato debe profundizar procesos ya en marcha, incorporando de manera permanente la simplificación de procesos, la mejora continua, el bienestar colectivo y el uso estratégico de herramientas digitales y sistemas de información que permitan decisiones basadas en datos, siempre alineadas con la misión social de la institución.

En el caso dominicano, la UASD ha formado generaciones completas de profesionales que hoy sostienen áreas clave del Estado, la educación, la salud y la economía productiva. Su alcance trasciende el aula: ha contribuido de manera decisiva al fortalecimiento del capital humano, al acceso a la educación superior en comunidades históricamente desatendidas y a la consolidación del progreso social. Puede afirmarse que la UASD tiene una cuota más que relevante en los esfuerzos como nación que han permitido al país exhibir, durante décadas, un crecimiento económico promedio cercano al 5 % anual, así como en el nivel de desarrollo alcanzado como país.

Mantener este papel transformador exige que las universidades públicas produzcan conocimiento pertinente, orientado a enfrentar desafíos estructurales como la pobreza, el empleo informal, la productividad, la sostenibilidad ambiental y el fortalecimiento institucional. En este sentido, la UASD, por su historia, tamaño y compromiso social, ocupa una posición singular dentro del sistema de educación superior dominicano.

De cara a los próximos años, resulta fundamental profundizar los procesos de mejora institucional, respondiendo con responsabilidad a las transformaciones que impactan la educación superior, sin renunciar a los principios que han definido históricamente la identidad de la universidad pública.

A largo plazo, las universidades públicas no son únicamente espacios de formación profesional. Son organizaciones complejas que generan ciudadanía, producen conocimiento útil y contribuyen de manera directa a la transformación social, económica e institucional del país. Gestionarlas mejor, ir cada día por más, con un enfoque estratégico   en el proceso de modernización, innovación y eficientización, no es solo un reto administrativo: es consolidar un proyecto colectivo, profundizando los logros alcanzados y proyectándolos al servicio del desarrollo y del futuro de la sociedad dominicana.

Alexi Martínez Olivo

Catedrático universitario. Administrador

Alexi Martínez Olivo* es docente universitario de grado y postgrado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Es licenciado en Administración de Empresas. Con maestría en Administración de Empresas en la UASD, una maestría en Gestión Universitaria en la Universidad Alcalá de Henares, España. Especialidad en Desarrollo Organizacional, y especialista en Gestión Humana, y finanzas entre otras. Es conferencista, articulista y ha sido Decano, Vicedecano y director de la escuela de Administración en la UASD, asesor empresarial y directivo en diferentes instituciones públicas. aleximartinezo@gmail.com

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