Esta primera novela arrastra consigo algunas de las experiencias vividas por la autora en su trayectoria como periodista. De hecho, ella misma comentó que la trama es una versión novelada de un suceso que conoció muy de cerca: la muerte inesperada y dramática de un ser humano, tema que suele llamar mucho la atención cuando sucede, pero que hasta ahora no ha merecido el trabajo sostenido que implica continuar reflexionando después del impacto inicial de la noticia. Mi comentario principal fue que esta novela recién publicada es una adaptación moderna de temas que ya han sido tratados en tragedias griegas.
Y es que, aunque este nuevo texto nos ofrece la oportunidad de acercarnos a nuestro presente con sus referencias a celulares, a techos de aluzinc, a las evidencias del flujo migratorio del entorno rural al casco urbano y al crecimiento de las empresas locales, también tiene temas universales como la fragilidad de las uniones de pareja y, la razón del título de mi intervención: la ceguera autoimpuesta y a veces colectiva para no enfrentar temas que nos causan dolor. Ese comportamiento, aunque comprensible, termina generando mayores calamidades que las evitadas inicialmente.
En «Estallidos del silencio», que retrata tantos aspectos de nuestra idiosincrasia, vemos que, aunque en los primeros días las informaciones se difunden con sensacionalismo, al momento en que los hechos pasan a ser conocidos dentro del sistema judicial, por momentos su tratamiento resulta más espeluznante que los golpes, las navajas o los incendios reseñados, puesto que se impone una ceguera autoimpuesta más dramática que la de Edipo, el de la tragedia escrita por Sófocles.
Así como en la novela hay simulación y ocultamiento consciente de la realidad, en la sociedad dominicana también existe una ceguera inverosímil. En ocasiones no son los demás los que callan grandes verdades, sino que somos los protagonistas los que nos negamos a ver la realidad de frente.
En la obra del dramaturgo griego, la ceguera de Edipo es una metáfora de la ignorancia. Al inicio, el personaje central se burla de la ceguera física del sabio Tiresias, sin darse cuenta de que él mismo está «ciego» ante los errores que cometió.
Al conocer la verdad decide aceptarla y comenzar a hacerse las preguntas correctas, él que había sido capaz de descifrar enigmas. Edipo se redime al aceptar la imposibilidad de saltarse el destino y dedicarse a la introspección. Este es el final de esa obra.
Hace falta más visibilidad en nuestra sociedad de personajes como Edipo, capaces de tener introspección al evaluar su participación y con el interés de priorizar la búsqueda de la verdad por encima de la búsqueda de la relevancia. Asimismo, necesitamos una mejor presencia de personajes como Antígona, capaces de priorizar el amor filial y el respeto a leyes inmanentes por encima de la reverencia a hombres haciendo pataletas. Eso también sucede en «Estallidos del silencio». Los animo a leerlo.
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