Hemos experimentado un desarrollo que nos sitúa como una de las mejores economías de Latinoamérica, con un sistema político estable estructurado alrededor de los partidos políticos y más de 50 años de alternancia en el poder sin mayores contratiempos, con excepción del 1994; no obstante, en el aspecto social, en la convivencia, en el respeto de las normas y leyes estamos retrocediendo de una manera que llama la atención.

El espejo por excelencia para vernos es el tránsito vehicular con calles y carreteras convertidas en una jungla donde prima el poder del más fuerte; la inobservancia de las normas y la ley brillan como faro que nos guía a un precipicio, tal el Flautista de Hamelín. Por supuesto, música a todo volumen en colmados, autos, casas y apartamentos, desórdenes y escándalos en la vía pública, etc., con el ejemplo de Las Terrenas en la Semana Santa pasada. En todo esto hay algo que llama la atención: en algunos aspectos, las clases sociales más altas van a la cabeza o, si usted quiere, no se quedan atrás.

Lo he dicho anteriormente: el Oeste americano fue reducido a la obediencia de la ley debido al trabajo de los sheriffs, no por obra y gracia del Espíritu Santo. La regeneración espontánea de una sociedad como la nuestra es a todas luces una quimera, razón por la que necesitamos que nuestras autoridades, a todos los niveles, despierten, se pongan las pilas, se espabilen, agarren el toro por los cuernos, afronten el problema, tomen la iniciativa, cojan las riendas, enfrenten la situación, se hagan cargo y encaren el desafío directamente, pues si no deberemos ir seleccionando al que al final apagará la luz.

Los gobiernos que hemos tenido en la última veintena de años han tenido el expediente de los "operativos" como la solución para lo que debe ser la norma, con una debilidad mayúscula: nuestros funcionarios se cansan, por lo cual los "operativos" funcionan muy bien al principio y luego se van apagando como la llama de una lámpara a la que se le acabó el combustible. Contra esa debilidad endémica es que necesitamos una vacuna contra el "laissez-faire", el dejar hacer, para que a nuestros funcionarios los insufle, los inspire, les inculque, los imbuya y les transmita de manera permanente y continua, 24/7 como se dice ahora, el mandato de que cumplir con sus obligaciones y responsabilidades es 24/7, no de manera medalaganaria, a lo que coja mi bon o cuando se haga un operativo.

Regresando al espejo por excelencia, el tránsito, me dio gusto ver a un agente ponerle una multa hoy, domingo 19 de abril, cerca de la 1:00 p. m., a un conductor que se pasó un semáforo en rojo en la calle Euclides Morillo esquina Camino Chiquito, Viejo Arroyo Hondo, en la Capital, pues normalmente ni de noche ni en domingo hay policías de tránsito en nuestras ciudades, con algunas excepciones como esta. ¿Es tan complicado que haya agentes de tránsito 24/7? (A ese señor solo le faltó darle una pela al agente, pues violamos la ley y queremos ser bravucones).

Continuando con el mismo espejo, los motoristas utilizan las aceras y se desplazan en vía contraria como si la norma lo indicara, y nadie hace nada, pues pareciera que a las autoridades responsables se les hace cuesta arriba enfrentar a los casi 4 millones de motores y sus conductores que se han apoderado de las vías públicas. ¿Sería una buena idea especializar un departamento de la DIGESETT para los motores? Por supuesto, a los que ingresen a ese cuerpo hay que vacunarlos, como con el covid, dos o tres veces.

¿Quién se anima a desarrollar la vacuna? ¿Usted, señor Presidente?

Leonardo Diaz Jaquez

Nacido en Dajabón, estudió en el Instituto Politécnico Loyola de San Cristóbal, donde se graduó de Perito Industrial en Electrónica, ingresando más tarde a IBM como técnico en computadoras. En INTEC realizó la Maestría en Alta Gerencia, siendo parte del segundo grupo de egresados de la misma. En IBM alcanzó la posición de manager del departamento técnico, hardware y software, y luego manager del departamento de nuevos negocios. Al salir de IBM compró una finca en La Romana en la cual sembró ajíes cubanela, lechosas y crio ovejos. Con los ajíes logro récord de producción e impuso en los supermercados la compra de los mismos pesados, antes era por sacos. El tiempo libre disponible después de salir de IBM es lo que lo hace abrazar la genealogía y desde su inicio después de contribuir a terminar un trabajo compartido sobre el apellido Jáquez, se dedicó a sus otros apellidos y de manera especial, al Saint-Hilaire, en el que después de una investigación de más de 8 años, escribió el libro Los Saint-Hilaire: de Francia a la Línea Noroeste. Dedicación y entrega a una actividad que lo apasiona, siendo charlista en diferentes actividades de genealogía, hicieron que sus compañeros lo eligieran presidente del Instituto Dominicano de Genealogía en el 2010. Por varios años organizó y dirigió La Tertulia de los Martes, medio de divulgación científica y cultural por la cual pasaron destacados científicos e intelectuales dominicanos y extranjeros.

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