Soy artista, soy escritor, pero primero soy ciudadano. Como tal, un consumidor que tiene derechos y deberes.

En varios de esos canales que ahora pululan en las llamadas redes sociales, de sospechosa y recurrente manera están tocando un tema (¿por encargo?): el de productos que con nombres suyos venden en supermercados como El Bravo, La Sirena, El Nacional; entre otros.

Todo tipo de cuestionamientos están formulando a la venta de marcas particulares de arroz, habichuelas, embutidos, enlatados, pastas, aceite y… ¡hasta cervezas!

Son productos ligeramente más baratos que los que solemos adquirir los dominicanos, de producción nacional. ¡Y ahí está el verdadero meollo del asunto!

Vender aquí, ilustrando con el ejemplo, cervezas Wala-Wala (La Sirena) provocó un tremendo conflicto que sacudió a varias empresas. Se hubo de parar la venta y, luego de extraños acuerdos, ha podido retornar no sin limitaciones, pero con buenas ventas. La he probado.

Pero, recuerden, consumimos productos similares fabricados en países distintos al nuestro. En los mismos en los cuales se producen todos los vinos que consumimos, la gran mayoría de las demás cervezas que importamos, los aceites verdes que usamos en nuestras cocinas; etcétera.

El pecado ahora es que los productos de marras son un poco más asequibles para el consumidor y tienen etiquetas particulares. ¡Jum!

Distintas imputaciones, tontas, he escuchado a los comentaristas oficiales de las redes que, reitero, lo hacen por encargo. Ingenuos no podemos ser. Es una contracampaña a la cual tienen derecho las empresas nacionales. Una respuesta. Su derecho a la defensa mercadológica.

Entre las imputaciones alegadas a las marcas bautizadas como blancas está que se fabrican sin el control de calidad que las de muchos de los productos nacionales. ¡Ja, ja, ja, ja!

El argumento me parece absurdo. Todos los negocios importadores están trayendo productos, durante siglos, fabricados en los mismos países donde se hacen esas ahora llamadas marcas blancas. Países, y procuro ser franco, donde suele haber mayor control de calidad que en el nuestro.

Si esos productos importados, con el control de calidad de países industrialmente desarrollados, que hemos consumido durante cientos de años nunca fueron cuestionados… ¿por qué ahora imputan otros productos más baratos que traen los mismos establecimientos tradicionales y realizados en los mismos países en que se han fabricado los anteriores? No creo que sea necesario escribir una respuesta que se hace obvia.

Voy, por supuesto, a los supermercados. Trato, teniendo yo la obligación de sacarle jugo a cada uno de mis nunca abundantes pesos, de comprar productos de calidad que no me sean costosos. Lo mismo están haciendo, desde luego, otros consumidores locales. ¡Y ahí está, repito, el gran pecado!

Me parece que desacreditar a los negocios que, para mejorar ventas e ingresos como les es propio, están mercadeando productos con marcas suyas no es una buena práctica.

No pocas veces he escuchado sobre el asunto de… proteger a las industrias nacionales. Lo cual es correcto. Empero, pienso que quien finalmente debe ser mejor protegido es el ciudadano. Lo que deben hacer las empresas locales es mejorar eficiencia y ofertas. Esto, porque los dominicanos probamos precios y calidades de los productos que ocupan mi atención y, me temo, lo seguiremos haciendo.

En mi condición de escritor y realizador teatral, no me importa que vengan libros y producciones internacionales. Puedo competir. No tiene el Estado, o las redes, que procurar imponerme. Ese es el deber de mis palabras escritas y lo que ocurre cuando abro el…

¡Telón!

Giovanny Cruz

Dramaturgo

Giovanny Cruz es miembro de número de la Academia Dominicana de la Lengua. Narrador, dramaturgo, ensayista, poeta, investigador cultural, guionista, actor y director teatral. Se graduó en la Escuela Nacional de Arte Dramático y realizó estudios artísticos y culturales en varios países latinoamericanos. Autor de más de cincuenta obras teatrales y director de más de treinta, ha interpretado a numerosos personajes a lo largo de su carrera profesional. Sus obras se han presentado en República Dominicana, París, Madrid, Barcelona, Costa Rica, Moscú, Puerto Rico, Islas Vírgenes, Argentina, Miami, Venezuela, Nueva York y Boston. Actualmente, ocupa el cargo de viceministro de Creatividad y Participación Popular del Ministerio de Cultura. Como escritor, ha cultivado el teatro, el cuento, la poesía y la novela. Entre sus obras destacan los cuentos Los cuentos del otro (2012), los dramas Teatro intenso (2015) o Sobre ángeles y demonios (2006) y las novelas Carrusel de duendes, difuntos y olvidados (2015) y La parca que espera en el camino (2016). Asimismo, es autor de los guiones de cine Un café en la calle El Conde; Amanda; El diablo ya no vive aquí y Juana la vegana. Ha sido galardonado con el Premio Casa del Escritor Dominicano (1994), el Premio Nacional de Dramaturgia (en dos ocasiones), y el Premio Anual de Cuentos. Además, ha obtenido premios como director, actor y productor teatral.

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