Una biblioteca puede tener una fachada transparente y obligar a sus lectores a bajar las persianas durante todo el día por el deslumbramiento. Un aula puede ahorrar calefacción y resultar inhabitable por el aire cargado, pendulando el confort interior entre la ventilación higiénica y el aislamiento. Situaciones como estas nos surgen como preguntas de proyecto y a tenor de la lectura de los dos primeros capítulos del libro Un Vitruvio ecológico: Principios y práctica del proyecto arquitectónico sostenible (Energy Research Group et al., 2007) 1, sitúan la discusión en su terreno más exigente: la distancia entre las cualidades que el proyecto promete y las condiciones que las personas experimentan.
La lectura ecológica de la tradición vitruviana original, permite reconsiderar qué entendemos por buena arquitectura. La estabilidad adquiere profundidad cuando comprende la duración y la posibilidad de adaptabilidad. La utilidad se prolonga en la capacidad de admitir otros usos, alternativos o paralelos, o simplemente acordes plenamente a las necesidades del usuario. La belleza encuentra una dimensión cotidiana en una luz que permite leer y que no molesta, en una conversación inteligible o en una estancia térmicamente agradable. Esta interpretación extiende el juicio arquitectónico hacia las consecuencias de construir y habitar.
Desde esa perspectiva, la sostenibilidad comienza en el encargo. Pedir un edificio ecológico resulta insuficiente mientras no se concreten las actividades, los horarios y las prestaciones esperadas. Una orientación, una sección o una disposición estructural pueden comprometer durante décadas el funcionamiento del conjunto, para bien o para mal. Por eso, la colaboración entre arquitectura e ingenierías debe intervenir cuando todavía es posible modificar esas decisiones. Cada objetivo ambiental necesita una forma de comprobación y alguien que asuma su seguimiento, incluso en el mundo BIM.
El confort exige, además, comprender relaciones que una cifra aislada no nos puede revelar. Una cubierta recalentada puede producir malestar aunque el termostato indique una temperatura aparentemente adecuada. El hormigón visto puede aportar inercia térmica y, al mismo tiempo, dificultar la comprensión de la palabra si falta acondicionamiento acústico. Mejorar la estanqueidad obliga a resolver la renovación del aire. La calidad surge de coordinar prestaciones cuyos efectos se cruzan en el mismo espacio y sobre el mismo cuerpo.
Esta atención al usuario amplía la responsabilidad hacia quienes mantendrán el edificio. Un filtro inaccesible, una instalación incomprensible o un equipo demasiado ruidoso pueden deshacer las previsiones del proyecto. La entrega requiere formación y documentación fiel a lo ejecutado. Después, observar el uso, interpretar los consumos y escuchar las molestias permite corregir desviaciones. La ocupación del edificio abre una etapa de conocimiento que debería alimentar los proyectos siguientes.
La misma lógica transforma nuestra relación con lo existente. Una estructura aprovechable o un pavimento reparable conservan recursos y trabajo acumulado. Su sustitución debe justificarse comparando servicios equivalentes y considerando las cargas de fabricación, las reposiciones y el destino de los residuos; pero vale decir que las sensaciones del usuario en el espacio también cuentan. También el desmontaje futuro se decide en el presente: una unión accesible puede conservar el valor de un componente que una solución inseparable acabaría destruyendo.
La arquitectura ecológica exige examinar cuánto bienestar proporciona una intervención, qué recursos compromete y durante cuánto tiempo podrá seguir siendo útil. Así, el legado vitruviano se convierte en una pregunta profesional plenamente contemporánea: ¿qué condiciones debemos construir hoy para que quienes habiten mañana puedan vivir bien, mantener lo recibido y transformarlo con sentido?
Redactado a partir del comentario de los capítulos 1 y 2 de Un Vitruvio ecológico, en la intervención docente para las clases de Economía Circular del autor.
- Energy Research Group, Consejo de Arquitectos de Europa, Softech, & Suomen Arkkitehtiliitto. (2007). Un Vitruvio ecológico: Principios y práctica del proyecto arquitectónico sostenible. Gustavo Gili
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