Qué es un año nuevo si no un conjunto grande de comienzos, 365 para ser exacta y en cada uno de ellos 24 más para recomenzar, iniciar, arrancar, como queramos llamarle. Esta ciclicidad de la vida me produce mucha ilusión, pues es como si ella insistiera en presentarnos oportunidades cada vez para reiniciar y hacerlo distinto o igual, es una decisión personal lo que elijamos.

En psicoterapia, que es el trabajo que hago, me ayuda mucho confiar en esta cantidad de oportunidades que tenemos cada vez, cada día, cada instante, esto me permite no juzgar a los pacientes y solo animarles para volver a intentarlo.

El cambio es caprichoso y a veces exige condiciones que todavía no tenemos o no se han completado, muchas veces no estamos listas para hacer lo que sabemos que tenemos que hacer, de hecho, hay circunstancias que ameritan mucha preparación para por fin dar el paso y cuando sea, será el momento perfecto en el que podíamos hacerlo. No hay que lamentarlo, darse latigazos o juzgarnos por no “lograrlo” ya que no se trata de eso, talvez requeríamos ver otras cosas o mirarlo desde otro lugar para recibir el cambio, que suele presentarse tranquilo y casi sin darnos cuenta. Un día, aquello que hemos pensado tanto y que creíamos que el mundo se nos caería en los pies, sencillamente ocurre y allí estamos, frente a esa nueva versión de nosotras mismas que nos confirma que en esta vuelta, si pude hacerlo.

La sabia naturaleza es la gran maestra en eso de comenzar cada vez, el sol precede a la luna y viceversa y con respeto se dan su lugar. El día y la noche danzan en una complicidad que nos permite renacer cada día, restaurarnos y volver a comenzar. La magia de las estaciones con sus características y colores tan peculiares cada una, parecería que cada vez será la última por lo intensa que se presentan en su particularidad y con un ritmo pasmoso fluyen en su inicio y final, restaurándose todo lo muerto y volviendo a florecer.

Esta metáfora para la vida me anima, me da esperanza, me sorprende incluso. He visto en este trabajo relaciones que parecían morir y con enfoque y paciencia renacen en mayor madurez y confianza. Familias que vieron partir a un hijo o hija con dolor y llanto, para luego del tiempo de restauración encontrar el camino de vuelta y recomenzar otra nueva vez. Soledades que parecían áridas, temibles y angustiantes que luego del ciclo necesario de maduración, se convirtieron en el mejor lugar para crecer y amarse.

Igual cuando asoma la enfermedad, puede ser un ciclo obscuro, largo, que nos llena de miedo, pero también esto lo he visto pasar frente a mis ojos, luego del ciclo de afrontar la vulnerabilidad, aprender lo que nos trae esta nueva maestra, nos levantamos con mayor fortaleza y confianza a recibir al nuevo ser humano en que nos hemos convertido y con ella todo un grupo de personas amadas a nuestro alrededor.

La muerte y la vida son caras de la misma moneda, no sabemos cuál es la sombra y cual la luz, yo prefiero pensar que en cada una están ambas y que son necesarias para crecer y volver a ser, a comenzar, a renacer.  Ver el 2026 como las nuevas oportunidades para nacer y morir cada vez a lo que sea, a lo que necesitemos, a lo requerido para, sin miedo y desde una mayor consciencia, ser felices con la persona en que nos vamos convirtiendo cada una de esas horas y días que nos regala este nuevo año como oportunidad.

Solange Inmaculada Alvarado Espaillat

Psicóloga y Terapeuta Familiar

Psicóloga y Terapeuta Familiar en su consultorio privado desde 1999. Directora del Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia de la Procuraduría Fiscal del Distrito Nacional. Autora de dos libros para la Procuraduria Fiscal del Distrito Nacional y una publicación personal: “Violencia contra la Mujer, Modelo de Intervención Integral” “Heroínas en Lienzos, Palabras y Sueños” "Guía Práctica para la Familia Actual, de mi consulta y mis vivencias"

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