En el año 1977, el sociólogo francés Alain Touraine escribió una reflexión sobre cómo había evolucionado su pensamiento y la tituló "Un désir d’Histoire", que, a mi conocimiento, no ha sido traducida todavía al español, a pesar de que fue un autor muy consultado y seguido en América Latina en las décadas comprendidas entre 1970 y 1990. Tal vez influenciado por este título, otro investigador francés, el arqueólogo Jean Guilaine, publicó en el año 2023 un libro con un título muy similar: "Un désir d’histoire". La diferencia casi imperceptible es el uso de mayúscula o no para la palabra "historia".

Pienso que para referirse a la República Dominicana, más que nombrar un deseo de historia habría que referirse a un deseo de leyes. Contrariamente a lo que uno pensaría, este país tiene más abogados per cápita que ningún otro país en el mundo, exceptuando a Israel. La cantidad de abogados por habitantes es superior a la que tienen los Estados Unidos, Brasil o hasta la misma Francia, sociedad que redactó el código que más influencia global tuvo en los siglos XVIII y XIX. Adicionalmente, al analizar diferentes temáticas sociales, como por ejemplo transporte, educación, salud o el desarrollo de sectores puntuales de la economía, es común que se mencione la necesidad de una ley que organice y regule el punto de interés.

¿Y de dónde viene tanta atracción por una rama del conocimiento que puede ser compleja y árida, sobre todo en un país que hasta años recientes tenía bajos niveles de efectiva alfabetización? Probablemente del hecho de que la Universidad Primada de América, en el momento de su aceptación formal por la bula In Apostulatus Culmine, tuviera como áreas de estudio precisamente el derecho canónico y el derecho civil, la teología, la medicina y las artes liberales. Con mucho, conocer de leyes era lo más importante. La disciplina conservó prestigio y continuadores de ese conocimiento en los casi quinientos años posteriores.

Otra razón posible fue mencionada en un conversatorio reciente donde los abogados Carlos Ramón Salcedo y Hermógenes Acosta, con la moderación de Basilio Belliard, reflexionaban sobre la relación entre derecho y literatura en República Dominicana, y entre los tres destacaban cómo los escritores dominicanos del siglo XX fueron, en su mayoría, abogados: Pedro Mir, Héctor Inchaustegui Cabral, Víctor Villegas, Lupo Hernández Rueda, Rafael Valera Benítez y Joaquín Balaguer son algunos ejemplos. Es decir, hubo muchas personas a quienes les gustaba leer y escribir que se dedicaron al estudio de leyes. Es normal entonces que, como solución a los problemas, evocaran la redacción de sistemas regulatorios. Naturalmente, uno a veces se decepciona de ver tantos indicadores de interés para finalmente vivir con un alto nivel de desigualdad en la calidad de las prácticas profesionales del derecho, la inobservancia de muchas leyes y la prevalencia de tanta impunidad. Hasta que se da cuenta de que es preferible tener gente que quiere pensar de manera organizada que no tenerla. Y, sobre todo, que es más ventajoso tener ciudadanos que aspiren a sistemas legislativos en lugar de soluciones de uso de la fuerza para resolver los problemas que confrontamos.

Jeanne Marion Landais

psicóloga y escritora

Jeanne Marion-Landais cuenta con una experiencia profesional importante en el mundo financiero y diplomático. Ha vivido en Estados Unidos, Francia y República Dominicana y su mirada al mundo está permeada por sus vivencias en estos países. A título voluntario colabora desde el 2014 con El Arca, asociación en torno a la discapacidad intelectual. Es madre de dos hijos.

Ver más