No tengo prejuicio alguno con el nombramiento de un juez joven en un organismo colegiado como la Suprema Corte de Justicia. En cada curso de Fundamentos de Economía que imparto para jóvenes en la carrera de Derecho encuentro, como mínimo, cinco talentos con potencial para aspirar a competir por un puesto similar después de completar sus estudios y tener una década de experiencia.

Los descubro porque todas las clases giran sobre un tema que se analiza en el aula con varias actividades que incentivan la participación. No doy final ni exámenes parciales, la nota se va acumulando semanalmente. Con tres o cuatro ejercicios me permiten capturar su nivel de atención y discernimiento sobre las principales ideas de una ciencia que trato no vinculen con ese estigma de lúgubre.

Hace unos años, por ejemplo, apenas terminado el tercer video sobre personas intercambiando cachivaches en una casa de empeño, tienda para llevar reliquias o mercaderes cambiando perlas por espejitos con indios nómadas, una participante explicó que la esencia o naturaleza del intercambio es la transferencia de derechos de propiedad.

Si en los videos de intercambio los objetos fueran “un apartamento o una CRV” la participación no fuera tipo ¡Eureka! porque contra entrega de efectivo se recibe un título o una matrícula, pero sí lo es después de ver a alguien buscando unos pesos por unos gemelos de camisa, una pelota firmada de peloteros de los Yankees o espejito para guiar un tatuaje de mariposa. Especialmente cuando confirmé que no había cursado Derecho Civil ni tener en su mesita de noche libros de Murray Rothbard.

Los tres ejercicios sobre salarios son geniales para encontrar a los que ven después de la curva. El primero es una respuesta personal sobre la cantidad de horas que estarían dispuestos a trabajar como paralegal a diferentes salarios por hora. En el segundo asumen la función de contratar paralegales en el bufete donde laboran y responden en una tabla la cantidad de horas acomodarían a diferentes salarios. Con las dos informaciones ahí les presento las primeras gráficas de salario de equilibrio para ese cargo.

En el tercero presento una noticia falsa de un proyecto de salario mínimo de 45 mil pesos para los paralegales presentado por un diputado la misma tarde de la clase. “Den su opinión, todos reciben los puntos al escribir sus argumentos”. La mayoría siempre llega a la curva a 180, pero ahí están los que ya trabajan y advierten que al doblar sus salarios tal vez se quede trabajando la mitad.  Brillantes también quienes han preferido el estudio al trabajo, ven en los dos ejercicios un contrato voluntario para llegar a un acuerdo de remuneración y preguntan por qué tiene un tercero que imponer su decisión a las partes. Complicado contener la emoción al comentar las opiniones.

El más reciente Material Joven de Suprema fue en el cuatrimestre pasado. Un joven que espero le haya comentado a su madre que en la clase le cambié el apellido por Caminero, en referencia al pelotero dejó tendido al Licey con un jonrón la temporada pasada. Por lo general llegaba retrasado, pero se conectaba con facilidad con los ejercicios y con frecuencia era quién tenía la mejor participación en un tema sobre el que había escuchado menos de la mitad de la explicación.

Inicié un ejercicio para volver sobre el precio de los bonos con un escenario sencillo: Juan ve a su compañera de curso, Ana, pararse delante de una tienda de perfumes; hay tres de la misma marca, fragancia y tamaño que están ofertados a 5,789 pesos. La ve entrar, comprar uno y le informa que pagó ese precio.  ¿Si Juan se decide entrar a comprar uno, se puede asumir que se lo venderán al mismo precio?

Es para responder que sí, ganar los cinco puntos y ver la diferencia si lo que en vitrina estuviera fueran tres bonos del mismo emisor, venciendo en la misma fecha y el mismo valor nominal de 100 mil pesos. Si Ana entra y paga por un bono 100 mil pesos, Juan no puede asumir que los otros dos se venden a ese precio porque falta información sobre la tasa de interés.  Lucen iguales los bonos, pero la clave del precio es la comparación entre el cupón del bono y la tasa de referencia relevante.  Ahí refuerzan ese tema comentado en clases anteriores.

Caminero, que llegó a la mitad de la actividad, pasa del segundo al primer problema y ahí entonces comenta que en la primera la respuesta puede ser No, porque al vender una unidad ahora le quedan dos que adquieren para él mayor valor, lo que justificaría que aspire a precio más alto.

Me sorprende su respuesta porque los tres perfumes del ejercicio son para ese intercambio la “unidad relevante”, como explica Gary Becker, al vender ciertamente hay menos en el almacén y puede que vuelva a colocar tres más a un precio unitario mayor. El asunto es que todavía no les explicaba ese concepto de unidad relevante y la visión de ese economista en la llamada Revolución Marginalista.  Ahí mismo anuncié a todos los participantes que Caminero Becker tenía asegurada, y bien merecida, su A en la asignatura.

No conozco a la jueza que es benjamín en la SCJ. Ahí está su hoja de vida con un buen número de años en la educación superior, con licenciaturas en dos áreas, maestría en tributación, docencia y experiencia laboral. Por las experiencias aquí contadas tengo fe pertenezca al grupo de jóvenes con talentos reconocen los que le doblan las vueltas al sol, una métrica que siempre se debe evaluar con mesura para lograr resultados distintos a lograr medalla en un maratón.

José Alfredo Guerrero

Economista

Economista con experiencia bancos privados, públicos, entidades reguladoras, asociaciones empresariales y centros investigación.

Ver más