La Semana Santa, más allá de un feriado, es un mosaico de tradiciones que cada año nos interpela sobre el sentido de la devoción. No es casualidad que, en la búsqueda de una experiencia más profunda, coincidan un dominicano de origen árabe, muchos judíos y una gallega; personajes que, lejos de encarnar roles anecdóticos, ilustran la riqueza de esta celebración.
El Dr. Omar Arbaje De Moya desde hace tres años muestra el peso del simbolismo del Séder de Pésaj en la celebración de todas las misas católicas. Su ejercicio pone sobre la mesa la evidencia del entretejido de la memoria de la salvación judía y la promesa cristiana. Reconocer esos ecos de la salida de Egipto en la misa católica como referencia a la liberación de la humanidad nos invita a pensar que la tradición, lejos de ser estática, es un diálogo constante entre pasado y presente.
Resulta conmovedor observar cómo un católico de origen árabe repite los rezos judíos con una destreza que desarma prejuicios. La pasión pedagógica del Dr. Arbaje evidencia que los momentos de liturgia de la palabra y de liturgia de la eucaristía, así como la consagración del pan y el vino son vestigios de una herencia compartida. En este año 2026, el calendario marcó el 1 de abril como fecha para la celebración de esta fiesta judía donde se canta el Daienú, plegaria singularmente emotiva y cuyo sentido podría interpretarse como un llamado a la paz.
Otra fuente que nos permite conocer mejor los elementos que reviven durante la Semana Mayor es el relato de Egeria, nacida en la provincia que más tarde se llamaría Galicia. Mucho antes de las Cruzadas, esta viajera ofreció a sus hermanas su testimonio sobre las costumbres con las que los habitantes de Jerusalén y Egipto revivían la pasión y muerte de Jesucristo. Un historiador italiano del siglo XIX, Gian Francesco Gamurrini, descubrió este texto redactado en latín vulgar. Posteriormente, en el año 1903, su autoría fue correctamente identificada y pasó a ser traducido a numerosas lenguas modernas. Copio un extracto donde es posible reconocer la práctica que sirvió de base a lo que hoy conocemos como el Sermón de las Siete Palabras: “Cuando se llega ante la Cruz, ya el día comienza a ser claro. Allí se lee de nuevo el texto del evangelio en que el Señor es llevado a Pilato, y todo lo que está escrito haber dicho Pilato al Señor y a los judíos: todo se lee. Luego habla el obispo al pueblo, animando a todos, por haber sufrido durante toda la noche y por lo que aún sufrirán durante este día; que no se arredren, sino que pongan su confianza en Dios, que les dará mayor recompensa por tanta pena”.
Estos ejemplos nos permiten ver que cada año, en el lapso de siete días, sacamos a la luz un tapiz de devociones que porta conocimientos y experiencias acumuladas durante siglos.
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