El sábado 26 de septiembre del presente año, día del Oficial de Cumplimiento, me decidí a recordar que hace más o menos un ano escribí sobre la situación a la cual se enfrenta un abogado actuando dentro del marco de la ley 155-17: teniendo que proteger el secreto profesional, o por el contrario, cumplir con el deber de reportar cualquier operación proveniente de esa relación contractual que pueda catalogarse como sospechosa.
En esa oportunidad me atreví a plantear esa parte del problema, pero en esta ocasión procuro ver si algo ha cambiado o no en el ámbito de como los togados hoy manejan esa responsabilidad dentro del ejercicio diario de la profesión.
La verdad es que tiempo atrás, hablar de "sujeto obligado" todavía seguía oliendo a una expresión de “última moda” para buena parte de los abogados dominicanos.
Pero creo que hoy esto ya no es una novedad. Y no obstante para muchos, aparte de tratarse del importante mundo del cumplimiento, aún no forma parte de su trabajo diario y peor aún, se ha reducido esto únicamente a documentos o legajos, léase: manuales, códigos, normas y procedimientos escritos, etc.
Pero aquí creo que debemos hacer un ejercicio de honestidad: la efectividad de esta transformación no está sujeta a ningún tipo de negociación, esto va, si o si, lo que significa que la cultura de cumplimiento SI va a existir, lo único es que no va a bajar con una estructura hecha y formalizada, “lista para comer”, sino que cada uno va a tener que construirla hasta que se pueda catalogar la misma como una verdadera cultura profesional.
Y por suerte según lo que vemos, no todo es señal de alarma. En la actualidad se está notando más movimiento y aquí vengo con dos ejemplos prácticos y muy positivos:
- El cargo de Oficial de Cumplimiento está siendo más conocido y utilizado, no obstante lo están concibiendo como una función “añadida” a otra, sin un rol independiente con tiempo y recursos propios.
- Hay más conversaciones profesionales sobre el tema de compliance, en charlas, capacitaciones y publicaciones como esta misma. La Unidad de Análisis Financiero, (UAF) mantiene su fenomenal apoyo mediante las capacitaciones que ofrece de manera constante y firme, ofreciendo su bendición y formal respaldo a toda actividad dirigida a apuntalar la formación profesional y el desarrollo de la cultura del cumplimiento en nuestro país; y la World Compliance Association (WCA) importante segmento que aglutina un grupo de profesionales de primer orden que se dedican a exponer su enorme formación y experiencia de manera pública y abierta, en favor del sostenimiento del Compliance en República Dominicana, y que con mucho orgullo de manera plena me atrevo a identificarlos: Tania De León, Babaji Cruz, Emerson Diaz, Giny Monzon, Lidia Ureńa, Paola Romero, Paola Clisante, Pamela Lee Moncion, Radhive Pérez, Claudia Álvarez, Robert Mustafa, Karla Tejada, Roberto Mella Cohn, Cibeles Jiménez, Gerson Ruiz, Ramon A. González, Henry Nunez, Kathia Morales, Lenin Ortiz, Mauricio Cancu, Elizabeth Hart, quienes junto a otros no menos importantes, configuran un grupo de más de 170 grandes expertos en materia de cumplimiento.
Son pasos reales e importantes que no podemos soslayar, pero conscientes que todavía nos falta, de acuerdo con lo que la ley exige.
El dilema ético del que hablé hace un año ya está resuelto: la ley manda, y así debe ser. El abogado no elige entre lealtad al cliente y deber de reportar; ambos ya conviven bajo la misma norma.
Pero resolver la complejidad en el ámbito de la ley no es lo mismo que resolverla en la práctica, y ahí seguimos igual que con los manuales que no se aplican: tenemos la respuesta escrita, pero no siempre la utilizamos de manera contundente y segura.
Ahora, la pregunta ya no es si debemos cumplir. Es si la profesión va a construir una cultura de cumplimiento real, o se va a conformar con seguir cumpliendo en el papel, y rezando para que no le toque una sanción.
El riesgo más grande hoy no solo es la ley. Es que la mayoría siga tratando a ésta solo como un trámite más, y no como una verdadera transformación.
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