Esta muy de moda el autocuidado “light”, ese de las velas aromáticas, de la tarde de spa con las amigas, de los masajes relajantes, baños de sales y todo lo demás, que no hace daño, pero no lo es todo. A veces pensamos que haciendo este tipo de cosas y hasta otras más nos estamos dedicando tiempo o haciendo algo beneficioso. Por ejemplo, podemos organizar un viaje y proclamarle al mundo que lo hacemos porque “me amo y me dedico tiempo”, pero al llegar, la tarjeta de crédito está al tope, al igual que el cortisol en nuestro cuerpo por el estrés que causa pagar la deuda carísima que hemos contraído “porque puedo y me lo merezco”.

Incluso podemos hacer ejercicios, integrarnos a clases de yoga o pilates y si no lo hacemos desde la conciencia que implica ocuparnos cuidadosamente de lo real y sagrado que es nuestro cuerpo; de limpiar el mundo emocional; vaciar la mente y entrar en el plano espiritual, solo nos podríamos estar desgastando haciendo cosas.

Tengo muchos años trabajando este tema, haciendo jornadas en instituciones, empresas y grupos de trabajo y la literatura más reciente acerca del tema nos continua confirmando que se trata de un compromiso serio con la propia vida y el bienestar, un esfuerzo constante por estar presentes en cada instante, transitar por la vida permitiéndole ser y que ella nos conduzca a mejores estancias que las que regularmente nos llevaría nuestra mente cargada de ansiedad y de miedos guardados por años en nuestro fondo emocional.

Para esto hay que hacer un poco más que encender una vela o un incienso, el autocuidado implica hacernos cargo de nuestra estabilidad emocional y mental y para ello posiblemente habrá que aprender a poner límites, decir NO, salir de relaciones toxicas, dejar de regalarnos y dejar de permitir que todas las demás personas, sobre todo las más queridas, decidan acerca de nuestra vida y nuestro tiempo. Implicaría talvez dejar de hacer cosas que llevamos toda la vida haciendo por inercia, salir de la anestesia y la desconexión con lo que sentimos y queremos. Y nada de esto es fácil, más de 30 años en un consultorio de psicología me lo confirma, pero también se que es posible, la valentía, el coraje y la entrega de miles de hombres y mujeres que han decidido ponerse en primer lugar y hacerse cargo de su bienestar, avalan este conocimiento desde lo vivencial.

De manera que ese autocuidado es un trabajo desde dentro hacia afuera, pero que los hábitos nuevos puedan ayudar al cerebro a descubrir nuevos caminos y cuando esto pasa el proceso se comienza a hacer mas fácil. Desde la Epigenética sabemos ya que cambiando el contexto podemos cambiar la estructura celular y con ello hasta enfermedades de las que llamamos hereditarias. Nunca como ahora habíamos tenido tanto conocimiento y tantas posibilidades de cambiar nuestras vidas con nuevos hábitos y nueva narrativa, esa que nos decimos a nosotras mismas, ese discurso materno o paterno que nos marcó y que ya hoy podemos reconstruir, cambiar y replantar en nuestro cerebro.

Desde ahí el camino es posible, es viable, por supuesto requiere disciplina, un plan y la humildad suficiente para ir  pasito a pasito, sin grandes pretensiones, sin prisa, pero sin pausa, hasta que el sistema nervioso se calme, el cortisol se regule, la respiración se sostenga y podamos salir de la sobrevivencia y realmente vivir la vida que queremos y merecemos.

Solange Inmaculada Alvarado Espaillat

Psicóloga y Terapeuta Familiar

Psicóloga y Terapeuta Familiar en su consultorio privado desde 1999. Directora del Centro de Atención a Sobrevivientes de Violencia de la Procuraduría Fiscal del Distrito Nacional. Autora de dos libros para la Procuraduria Fiscal del Distrito Nacional y una publicación personal: “Violencia contra la Mujer, Modelo de Intervención Integral” “Heroínas en Lienzos, Palabras y Sueños” "Guía Práctica para la Familia Actual, de mi consulta y mis vivencias"

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