De entrada cabe decir que mis temas habituales los enfoco en análisis políticos y electorales. Y una que otras veces desparpajo mis venas poéticas, mayormente con elegías sobre amigos notables o destacados de mi pueblo, lo que he convenido en llamar exequias mortuorias. Hoy me he permitido un tema que implica una inyección preventiva a los egos en los nichos de trabajos y de servir a instituciones, sean estas públicas o privadas, a fin que los objetivos de trabajos en grupos redunden en mayor eficiencia y que, las cargas de las misiones y propósitos para cumplir determinadas metas, se pueda distribuir entre todos los actores, y con esto, romper con la llamada teoría de Pareto, que ha planteado que, “ el esfuerzo de cien lo hacen 20”, también llamado 80-20. En otra palabra, que por lo general, de 100 personas que formen una entidad, solo trabajan 20, y los demás, por lo general son piezas inertes o pasivas. En tal interés, nos permitimos abordar el tema sobre la sustentación siguiente:
En principio, es pertinente inferir que un equipo es un conjunto de personas unidas con un fin determinado, y a propósito del tema en cuestión asumimos los siguientes enunciados.
- Filosofía de compartir talento. Significa una especie de cultura del cooperativismo. Lo que a la vez, se traduce en ceder, dar y recibir. Más bien, es una democracia participativa, por usar un término, de los conocimientos y dominios técnicos de cada miembro que lo compone.
- Renuncia al Yoismo y al protagonismo. Esto implica sustituir el yo por el concepto nosotros. Y de paso, renunciar al vicio cultural de la elevación yoista y el llamado culto a la personalidad.
- Estar junto, no es estar unido. Es algo más. Es un involucramiento colectivo en la búsqueda de soluciones que competen de manera individual a roles determinados, pero, que, atañen a todos. Esto se traduce en que cada miembro de un equipo de trabajo es una pieza de una meta colectiva. Y por tal, la integración participativa es clave para el desenvolvimiento y funcionamiento del equipo como estructura.
- El apoderamiento. Es el instrumento más eficaz. A mi juicio, para la existencia de un equipo funcional. Ahora bien, quien apodera o delega, no puede hacerlo sin la autoridad necesaria. Sin la cual el apoderado jamás podrá gozar de cierta autonomía de acción. Y de paso, podrá imprimirle a las mismas su sello personal.
Existe la errónea actitud de parte de quien delega, que, al propio tiempo de transferir un objetivo, tarea o función, mantienen atado al apoderado a la centralización de la autoridad de que aun delegando no ha transferido poder de ejecución a su pupilo, lo cual genera distorsión del mando y de los resultados. Y máximamente trastorno en el apoderado para ejecutar eficientemente. En este sentido, se registran muchos casos del poderdante que encasilla al apoderado al llamado mito de la realización, o sea, lo circunscribe a tarea limitada al susodicho miembro del equipo de trabajo. También es notorio, y esto es otra retranca para la eficiencia del equipo y de sus miembros, que el poderdante, asume simultáneamente junto con el apoderado la función delegada. Y reorienta los objetivos, o lo mismo, asume la ejecución paralelamente por diferentes caminos. Trayendo, también, automáticamente, la reacción emocional del desapoderamiento que entiende el miembro del equipo que ha sido víctima, en ocasiones, creído como un maltrato.
De los aspectos precedentemente enunciados, se instituye que el trabajo en equipo es sumamente más delicado de lo que se cree o aparenta. En muchos casos, el delegante ha transferido una determinada tarea, pero, ha quedado conectado al menos y por encima de lo mandado hacer, también lo mismo por separado. Y eso produce conflictos en el apoderamiento o empoderamiento que para el caso es lo mismo. Y en tal virtud, poderdante, se ha convertido, consciente o inconscientemente, en un filtro que no permite fluir libremente el talento del miembro apoderado que automáticamente se desapodera, se aleja, se desentiende del compromiso de los resultados, y por tal, se sustrae del llamado sentido de pertenencia.
Ante todo, es pertinente señalar que, para trabajar en equipo es obligatorio la voluntad, la creencia y cultura de trabajar unido a una determinación, que es el objetivo general. Pero, es obligatorio que el poderdante, jefe o guía, interiorice el concepto de trabajo en equipo. Y que se despoje del vanguardismo, cuestión que no es nada fácil por el hecho de que este hábito conductual entronizado en su personalidad producto de la formación personal y, que se transfiere como modelo en el entorno social o laboral, en este sentido.
Un caso típico que permite comprender mejor el funcionamiento de esta práctica, es el béisbol. Como dominicanos hemos visto como se desplazan los jugadores cuando hay un batazo hacia una de las posiciones. Así las cosas, a modo de recordación, si hay batazo por primera, quien acude a recibir la bola para el Out, es el pitcher. También vemos que cuando se le va al Cácher, también quien acude al Home Play es el propio Pícher.
Otro hecho en esta línea es cuando se persigue un batazo elevado en dos posiciones, aquí es muy común el termino, pedir la bola, o sea, usando la advertencia, mía… mía,-refiriéndose a la bola en juego-. Y aunque el elevado-como ejemplo-, haya sido entre left y center, pero cerca de la tercera base, en ocasiones, es el intermedista que pide la bola para poner out al bateador. ¿Qué pasó ahí?, la respuesta es sencilla, que el miembro del equipo se hizo responsable del out y del área donde estaba la pelota en ese momento. Eso nos deja claramente, que un equipo no es una persona con un mismo uniforme o empleado de una empresa que hacen las cosas de manera individual en una misma área de juego o de trabajo, sino, en el lugar que se requiera su acción.
Recordamos, a manera de reflexión, que Sammy Sosa, el ex toletero dominicano, que realizó la hazaña inmortal de conectar 66 vuelas cercas en grandes ligas, vaticinaba que “McGwire quedaría por encima de el en la guerra de jonrones, y argumentaba, McGwire puede batear con mayor libertad que yo, porque él no tiene el compromiso que tengo yo de hacer clasificar mi equipo. Y dijo, yo no me puedo dar ese lujo de perseguir jonrones solo por el hecho de ganar el galardón, lo primero es mi equipo y lo segundo son mis jonrones”.
A nuestro juicio, eso es trabajar para un equipo. No trabajar en un equipo, que es muy diferente. Es decir, no es perseguir méritos particulares. Ni el Manager ni el jugador deben brillar como únicas estrellas en el firmamento. Y muchos, gerentes y dirigentes de grupos no asimilan eso. No entienden que es mejor ser respectado por ser amado y no por temido, Y también olvidan que el humano es un ente con carne y hueso lleno de sentimientos. Que el humano es un ser social muy abierto y entregado cuando se trata de defender un equipo donde todos sean uno y uno sean todos. Y es indiferente a las cosas que entiende que sus manos y su talento no están presentes en la obra. Por eso, el trabajo en equipo deber ser una franca oportunidad de sustituir el yo lo hice, por nosotros lo hicimos.
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