A principios de cada año elaboramos planes de cómo pretendemos reorganizar nuestras vidas en las diversas áreas que requieren cambios. Las empresas —por ejemplo— realizan un recuento operativo en busca de optimizar sus procesos; para eficientizar los resultados.
En la naturaleza, en el hemisferio norte es invierno desde el 21 de diciembre hasta el 21 de marzo y se considera un tiempo de búsqueda interior; todo esto, con la finalidad de cierre y apertura de ciclos a las expectativas de lo que está por llegar. Entretanto y mientras escribía este artículo, me llegó a la mente la expresión lo mejor está por venir, “the best is yet to come”.
Título de la famosa canción que inmortalizó el astro Frank Sinatra y cuyo origen es desconocido; lo que sí es relevante, es que es una invitación positiva a la autoexploración. Sin embargo, a pesar de que el optimismo es una característica que siempre me ha acompañado, mi nivel de incredulidad va en aumento; ante lo que deparará el 2026.
La co-dependencia de las redes sociales, como la mayor amenaza actual, utilizadas para amplificar el desenfreno del ser humano. Así como del establecimiento de sistemas gubernamentales financiados por el narcotráfico, o gobiernos que promueven transparencia administrativa; cuyo accionar político intentan desviar la atención de escándalos como el de SENASA en la República Dominicana.
O del mayor escándalo de tráfico sexual de la historia reciente, el caso Jeffrey Epstein. Que involucra a las principales figuras del medio político, del entretenimiento, bancario, la realeza árabe y británica en el poder, etc. Ser optimista de un 2026 comisorio es vivir de espalda a esta sociedad cada vez más líquida e hiperinformada.
Cuyas estructuras se desmoronan por la ausencia de un liderazgo real y de formación tradicional ortodoxa. ¿Es cierto que lo mejor está por venir? En un universo que celebra el quebrantamiento de las normas y que alimenta los conflictos. Actualmente, existen en el mundo unos 60 conflictos armados que promueven la polarización y que han perdido su sentido de tribu. Normalizando el maltrato como la nueva consigna universal. El mundo necesita establecer nuevos espacios que promuevan un liderazgo genuino, con servidores.
Lo mejor, está por venir, es una invitación a explicar desde cuáles espacios estamos operando y de qué manera podemos formar parte de las transformaciones que esta sociedad pide a gritos.
Espero de verdad no herir los sentimientos de quienes entienden que el mundo sigue siendo un espacio donde podemos alcázar con esfuerzo y sacrificio todo lo que hemos sonado; pero a la vez, es un mundo que implora una transformación social de cara a la nuestra realidad actual.
Ya que nos hemos vuelto ermitaños del mundo moderno, carentes de empatía, sentido, de solidaridad y a la merced de otros, quienes piensan y deciden por nosotros. Debemos volver a lo esencial, en espacios donde se respeten los recursos naturales y las políticas que amplifiquen la protección a la biodiversidad, así como la del propio individuo.
Identificar cuáles son los elementos distractores que socialmente nos mantienen atrapados en una burbuja de desconexión con lo que realmente es valioso, es fundamental, en momentos donde la esperanza es casi un concepto relativo a la utopía. Y donde el mismo sistema nos empuja a sobrecargarnos de responsabilidades.
Sin tener espacios de reposo genuinos, ya que es un sistema que desea llevarnos hasta el límite y sin derecho a presionar el “botón” de stop. Lo mejor, está por venir, es una invitación a explicar desde cuáles espacios estamos operando y de qué manera podemos formar parte de las transformaciones que esta sociedad pide a gritos.
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