Con Gaza en el corazón. No a la guerra.

El síndrome de Diógenes fue establecido en la década de los 70 y hace referencia a un filósofo de la Grecia clásica, contemporáneo de Aristóteles, Diógenes de Sinope, famoso por promover la austeridad como forma de vida. Sin embargo, paradójicamente, da nombre a un síndrome muy conocido que se caracteriza por el sentido de tener, y que aparece en personas que viven en una situación de aislamiento y soledad. Ciertamente, son pocos los casos, pero los más extremos recibieron el nombre de síndrome de Diógenes por su peculiaridad.

Tener y poseer algo calma la angustia vital. Todos, en mayor o menor medida, sufrimos de ansiedad por muchas causas en el día a día. Esto se compensa o se disminuye cuando somos propietarios de algo material; esto nos otorga el sentimiento de poseer algo, un sentido de pertenencia que llena el vacío y hace sentir que tenemos el control de nuestra vida. Por esta razón, cuando observamos en las calles a personas que deambulan erráticamente, que son víctimas de la exclusión social, vemos que suelen ir acumulando ropas y objetos que carecen de sentido, pero que sienten que son parte de sí mismas. Y, si se ven separadas de ellos, sufren una crisis o caen en un estado de agitación.

«Todo somos nuestra mismidad», dice uno de mis maestros, el doctor Juan Coullaut. Es decir, estamos rodeados de personas, amigos, familia…, pero donde somos es dentro de nosotros mismos.

En la etapa de la edad avanzada, cuando algunas parejas se separan o los hijos abandonan el hogar, el sentimiento de pérdida y vacío es tan grande que necesitamos compensarlo y llenar el vacío afectivo. En ocasiones, se suple con la posesión de objetos, con o sin sentido, y muchas veces se acompaña de la falta de conciencia de la situación: el afectado no es consciente de que tiene un problema. Y, cuando esta situación se acompaña de la falta de higiene, ya es muy perjudicial para la persona que la padece.

Como el diagnóstico es tan complejo, suele cronificarse; en la mayoría de los casos suele ser el entorno familiar el que da la voz de alarma. Es la situación mental más compleja y suele asociarse a trastornos afectivos como la depresión, o es la antesala de un deterioro de las capacidades cognitivas como la demencia.

Además, se suele ser muy tolerante con estas conductas, muy comunes en nuestra sociedad debido a la creciente soledad de muchas personas, hasta que se agudizan y tienen consecuencias para la salud física. Es, sin duda alguna, una de las situaciones de salud mental más difíciles de abordar por sus características.

El conocimiento es parte de la prevención para la salud. Si construimos una sociedad más empática, menos individualista, evitaremos el aislamiento social y la soledad, que es la causa de tristeza más profunda.

Clara Melanie Zaglul Zaiter

Doctora en Psiquiatría

Resido en Madrid de forma permanente desde 1999. Actualmente trabajo como Médica en la Consejería de Asuntos Sociales y Familia (COMUNIDAD AUTONOMA DE MADRID). Formada como Médica en UNIBE promoción 1996. Doctorada en Psiquiatría por la Universidad Complutense de Madrid 2001. Alumna del Doctor Juan José López Ibor y Juan Coullaut Jáuregui. Desde la Psiquiatría paso al estudio de la Demencia y el Deterioro Cognitivo Precoz. Experiencia profesional en el área de Demencias sector asistencial en grandes dependiente para las actividades básicas de la vida diaria por más de 20 años.

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