Hay una atmósfera
un pesar.
La queja viaja del que sufre
transfigura a los ya alejados del modo vida
divaga e invade la tierra y el cielo
son muertos que caminan allá
muy infinitamente,
pero no quieren irse
no
no queremos que se vayan.
Forzados sus sueños, serán los grandes truncos
son alaridos, hechos de apegos
vivos sin querer morir.
Obligados están por las circunstancias divinas
los tedios de la tierra que violentaron
anhelos y alegrías
¿y cómo está la ciudad?
Qué males pudieran estos vivos asentir
si están más que muertos.
Nadie podrá impedir que las rosas no sean negras
en este abril
y el sepelio de las almas colgadas
pendan de las bravas injusticias.
La sucia cara de la queja inadvertida
implorando justeza
hoy son grandes muertos, pero con más vidas
todos obligados a llorar la gran sorpresa
de no verlos jamás.
El espanto de la afrenta inminente
con la inútil muerte, viste a cualquier ánima
desolados los que fueron abandonados
con tu falta.
Por supuesto serán hoy, negras las rosas
y secas también
esta primavera.
Temblaron los nardos que ya no perfuman
y mudas quedaron también las margaritas.
Gritó el corazón desde el mismo centro de la tierra
será este abril, solamente, para rosas negras.
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