“Que los días carezcan de propósito. No avances la acción siguiendo un plan”. (Don DeLillo, Ruido de fondo)
La película Ruido de fondo (2022), dirigida por el cineasta Noah Baumbach (n. 1969) y basada en la obra magna del mismo título del escritor estadounidense Don DeLillo (n. 1936), es una comedia oscura y surrealista que nos sumerge en las agitadas vidas de los Gladney, una prototípica familia suburbana estadounidense de la década de los ochenta. Ambientada en el año 1984, el filme sigue al académico Jack Gladney, profesor de “estudios hitlerianos” en una universidad ficticia en el estado de Ohio. El protagonista fundó su propia área de especialización académica a pesar de no saber hablar alemán y toma clases secretas para prepararse para una conferencia.
Jack está casado con Babette, su cuarta esposa, junto a la cual cría a cuatro hijos: Heinrich y Steffie, de sus dos matrimonios anteriores; Denise, de un matrimonio anterior de Babette; y Wilder, el único hijo que concibieron juntos. Denise descubre el alijo secreto de Babette que contiene recetas de Dylar, una misteriosa droga que no aparece en los registros habituales. Mientras tanto, éste compite banalmente en la universidad con su colega Murray Siskind, profesor de cultura estadounidense, quien está desarrollando su propio nicho académico —los “estudios elvisianos”— por el prestigio de sus cursos.
Esta existencia monótona y trivial de los Gladney se ve bruscamente interrumpida por un evento catastrófico que libera una nube de desechos químicos sobre la ciudad. Denominado el “Evento Tóxico Aéreo”, la familia huye por la carretera, donde Jack se detiene en una gasolinera y queda expuesto a los gases tóxicos de la nube en cuestión, tras lo cual un científico le informa que le quedan aproximadamente unos quince años de vida. Más adelante, cuando todo vuelve a la normalidad, Jack comienza a notar que su esposa se ha vuelto pálida, letárgica y emocionalmente distante. A su vez, Jack comienza a sufrir de alucinaciones y pánico de muerte.
Eventualmente, Jack descubre que la droga Dylar es lo que está detrás de la condición de Babette, quien recurrió a un ensayo clínico secreto para tratar su propia ansiedad de muerte. Sin embargo, Babette también le revela a su marido que se vio forzada a sostener relaciones sexuales con un tal “Sr. Gray”, cuando fue excluida del ensayo clínico, todo para seguir siendo suministrada la droga, a pesar de sus efectos secundarios. Devastado por la noticia, Jack decide vengarse del Sr. Gray con una pistola que le había entregado su colega Murray anteriormente, durante la evacuación por el “Evento Tóxico Aéreo”. Luego de dispararle, Jack intenta hacer parecer que el Sr. Gray se suicidó, pero Babette aparece repentinamente y éste recapacita y les dispara a ambos. Tras convencer al confundido Sr. Gray de que es responsable de todas sus heridas, la pareja lo lleva a un hospital cercano dirigido por monjas ateas alemanas, donde se reconcilian y regresan felizmente a casa.
Esta trama absurdista representa una brillante sátira y deconstrucción del clásico estilo de vida estadounidense —basado en el consumismo desenfrenado como modalidad de contención del vacío espiritual nihilista y la angustia existencial provocada por la búsqueda incesante de bienes de consumo para tapar el brutal sinsentido de la vida— y la monótona existencia suburbana que ni siquiera un acontecimiento catastrófico puede interrumpir permanentemente.
Durante la evacuación por el “Evento Tóxico Aéreo”, un hombre despotrica sobre la falta de atención mediática a los evacuados, alegando que si su situación no aparece en la televisión es como si no estuviera sucediendo. Este momento de la película resalta la apatía generalizada del mundo de simulacros, simulaciones y espejismos bajo el cual vivimos en nuestra posmodernidad tardocapitalista, donde somos bombardeados con tantas imágenes de violencia, destrucción y catástrofes, que terminamos sucumbiendo a la desensibilización y buscando distracciones banales y fingiendo que tales ocurrencias no son reales si no las estamos mirando constantemente en las pantallas de nuestros dispositivos electrónicos o televisores.
Pero el momento crucial del filme sucede cuando Jack y Babette llegan al hospital de las monjas ateas y les cuestionan por la aparente contradicción entre sus prácticas y sus creencias. Éstas responden surrealistamente que su deber no es creer realmente en Dios, sino fingir que lo hacen, ya que alguien debe hacerlo por los demás. Esta extraña escena, en una película que de por sí es ya lo suficientemente bizarra, evoca la “muerte de Dios” de la cual hablaba el filólogo y filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), época en la cual aún nos encontramos, ante el auge de la tecnociencia, que ha desacralizado el mundo y nos ha sumergido en el nihilismo de la búsqueda desenfrenada de placeres y gratificaciones instantáneas.
El filme cierra con la familia Gladney de vuelta a su rutina cotidiana, escuchando noticieros sobre el inminente peligro de una guerra nuclear, mientras Jack reflexiona sobre la importancia de las relaciones humanas y el tenernos el uno al otro, aún frente la inevitabilidad de la muerte y las desgracias de la vida. Habiendo superado su miedo a la muerte, Jack y su familia se dirigen nuevamente al supermercado, donde participan en un baile improvisado con los demás clientes y empleados, sugiriendo la continuidad del delirio consumista frente a las amenazas existenciales que acosan a nuestra contemporaneidad.
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