Hace algunos años la República Dominicana se destacaba como una economía líder en estabilidad económica, expresada en tasas de cambio estables, inflación moderada, endeudamiento equilibrado, tasas de pobreza en descenso y reducción de la desigualdad económica y social.
Pero en los últimos años ese panorama ha cambiado, fenómeno que se ha querido atribuir primero a la pandemia del covid-19 y posteriormente a las guerras de Rusia-Ucrania y más recientemente la de Estados Unidos-Israel contra Irán, fenómenos que no solo han afectado la economía dominicana, sino más bien a toda Latinoamérica y al mundo.
Recientemente han salido a la luz informaciones en las cuales se comparan, mediante estadísticas descriptivas de diversas organizaciones de estudios económicos, cuál ha sido el desempeño de países latinoamericanos en lo que se refiere a niveles de precios, recaudación de impuestos, endeudamientos, entre otros indicadores.
Particularmente, y atendiendo a informaciones de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) con respecto al cobro del impuesto al valor agregado (IVA), que en República Dominicana se denomina Impuesto a la Transferencia de Bienes Industriales y Servicios (Itebis), las informaciones revelan cuáles son los países que tienen mayor nivel de eficiencia en la recaudación. Esos son Bahamas, que recauda cerca del 100 % del impuesto potencial establecido por ley, y así le siguen, entre el 90 % y el 70 %, Ecuador, Granada, El Salvador, Paraguay, entre otros; mientras que en la República Dominicana solo se recauda el 38 % de lo que, según la ley, está establecido cobrar (es decir, solo 38 centavos de cada peso que se debía cobrar).
Uno de los argumentos que se plantean para que se produzca ese fenómeno, y que plantea el CREES, es que a mayor tasa fijada a pagar, mayor es la evasión de ese impuesto. Se pone como ejemplo a Bahamas, con una recaudación del IVA en alrededor del 100 % a partir de una tasa establecida de 10 %, mientras que en nuestro país, donde está fijada una tasa de 18 % del Itebis (4,7 % por encima del promedio centroamericano), resulta una recaudación baja.
Con respecto a la deuda pública dominicana, que ronda el 58,9 % con respecto al PIB, el país pasa a ser el segundo con mayor dependencia de deuda en moneda extranjera, así como el cuarto, de 16 países latinoamericanos, en dependencia de préstamos para financiar el déficit público, donde el 74 % son prestamistas externos, solo por debajo de Nicaragua, Paraguay y Panamá (95 %, 89 % y 82 %, respectivamente). Este panorama expone a los países y particularmente a la República Dominicana a riesgos con respecto al aumento del costo de la deuda (intereses) y mayor exposición a la volatilidad que se puede producir en los capitales financieros a nivel internacional.
Aunque República Dominicana lidera junto a Panamá y Guatemala en términos de crecimiento económico dentro de los países latinoamericanos, ese crecimiento está basado en el turismo, las remesas y la inversión extranjera, fuentes que están expuestas a niveles de volatilidad a nivel internacional. Para que este aumento de la riqueza, expresado en aumento del PIB, pueda tener impacto real en la población, es necesario reducir los niveles de informalidad del empleo.
Uno de los problemas de que adolecen los países de América Latina y en particular la República Dominicana es que, no obstante las tasas de desempleo abierto han bajado, el problema es qué tipo de empleo se crea, pues la realidad es que las empresas formales, que generan mayor productividad, no están creciendo lo suficiente para dar respuesta a la demanda de la población que va entrando al mercado laboral. La tendencia es que el segmento de la población que busca empleo, al no conseguirlo, se dedica a actividades informales de bajo nivel de productividad, que a su vez generan bajos ingresos, sin seguridad social, y que por tanto reproduce, a pesar de que la economía está creciendo, un círculo vicioso de desigualdad-marginalidad.
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