Estimados directores y periodistas de los medios de comunicación de la República Dominicana, en nombre de nuestra Conferencia del Episcopado Dominicano quiero darles la bienvenida a este espacio. Agradecer su presencia, la cual es muy significativa para la Iglesia en la República Dominicana.
Queremos, junto a ustedes, respetables comunicadores reflexionar en breves minutos el mensaje central del Papa León XIV en sus dos últimos documentos publicados: El mensaje para la sexagésima jornada mundial de las comunicaciones sociales, publicada el 16 de enero de 2026 y cuya jornada fue celebrada el 17 de mayo y su carta encíclica Magnifica Humanitas.
Introducción: El valor sagrado de la comunicación
En Magnifica Humanitas el Papa León XIV afirma que los cambios de hoy son globales. No asistimos simplemente a una época de cambios tecnológicos, sino, a un verdadero «cambio de época». La digitalización y los sistemas de Inteligencia Artificial (IA) no sólo están transformando las redacciones de nuestros periódicos, canales de televisión y plataformas digitales, sino que están tocando las fibras más íntimas de la convivencia humana.
Para la teología católica, la comunicación no es un mero ejercicio técnico de transmisión de datos. El Santo Padre nos recuerda en su Mensaje para la Jornada de las Comunicaciones que “el rostro y la voz son sagrados”. Nos han sido dados por Dios, creados a su imagen y semejanza, y han encontrado su máxima expresión en el Verbo Encarnado, en el rostro y la voz de Jesús. Por lo tanto, el ejercicio periodístico es, en el fondo, una administración de algo sagrado: la identidad del prójimo y la palabra compartida (MH 180).
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El Papa es categórico en ambos documentos al señalar una gran coincidencia: “el desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico (Mensaje 60; cf. MH 160). La gran pregunta ante las promesas de la IA en nuestros medios no es qué logrará hacer la máquina, sino "qué podremos hacer nosotros creciendo en humanidad y conocimiento”[1].
La tentación de Babel frente al periodismo de campo
En nuestra patria, el periodismo siempre ha sido un bastión en la búsqueda de la justicia. Pero hoy estamos en riesgo de caer en lo que el Santo Padre llama el “síndrome de Babel”. El utiliza la imagen de la Torre de Babel para ilustrar la absolutización de la eficiencia y la homogenización digital que despoja el misterio de la persona para reducirlo sólo a datos y rendimiento.
En la comunicación, esto se traduce en algoritmos construidos para maximizar el compromiso en las redes sociales que, al buscar rentabilidad, “recompensan las emociones rápidas y penalizan las expresiones humanas que necesitan tiempo, como el esfuerzo por entender y reflexionar”[2]. El Papa advierte que estos sistemas nos atrapan en burbujas de consenso e indignación fácil, amortiguando el pensamiento crítico y dividiendo aún más nuestra sociedad.
El Camino de Nehemías: Una propuesta para la prensa dominicana
En contraste al desastre de Babel (MH 10), León XIV propone el "camino de Nehemías". Nehemías no impuso soluciones desde arriba en la destruida Jerusalén; él prefirió convocar a las familias, escuchar sus miedos, y después de esto le fue confiado a cada una de ellas una sección del muro. Su programa consistió primero en reconstruir los lazos rotos y luego colocar las piedras.
A los directores y periodistas de la República Dominicana, el Magisterio de la Iglesia les recuerda que cada uno tiene “su sección del muro”. La prensa internacional y nacional debe ser un lugar de sinodalidad y escucha profunda y, lo más importante, tomar en cuenta la perspectiva de los menos favorecidos. En palabras de la Encíclica, para permanecer nobles debemos “interpretar los eventos de la historia desde el punto de vista de la viuda, el huérfano, el extranjero, el niño herido, el exiliado, el fugitivo.”[3]
Custodiar el carácter sagrado de la palabra contra la simulación
Vivimos en la era de la simulación y la confusión donde los chatbots imitan sentimientos humanos y la IA amenaza con desmantelar la industria creativa convirtiendo a las personas en consumidores pasivos de “pensamientos no pensados”[4], nuestro periodismo debe ser un lugar de autenticidad y amor. Ambos documentos son explícitos al afirmar que: “Necesitamos el rostro y la voz para volver a expresar a la persona.” (Mensaje)
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El periodista ético nunca quiere ser un “mero” productor de simulaciones y siempre se asegurará de que haya una persona real en el papel, con valores y conciencia moral. Así que para el comunicador social de hoy, no sólo se trata de escribir noticias correctas; se trata de creer que la palabra puede sanar o destruir. Es una decisión consciente de usar la tecnología para construir una República Dominicana más informada, más unida y más profundamente humana, dándole a cada noticia, a cada información un rostro humano.
Llamado a “edificar en el bien”
La aplicación de la noción de "edificar en el bien" al comunicador social en la República Dominicana, especialmente en el contexto de la Inteligencia Artificial considerada por el Papa León XIV, transforma el ejercicio de la prensa de ser una “industria de la información” a una “arquitectura comunitaria”.
Se trata de la transición del “clic emocional” a la “arquitectura de vínculos” ya que el Papa advierte que los algoritmos de IA recompensan las emociones rápidas y penalizan la reflexión. El comunicador que elige edificar y comunicar en el bien renuncia al sensacionalismo y al clickbait (o "anzuelo de clics") que fractura y polariza la sociedad dominicana.
Construir significa que cada titular, informe o boletín de última hora no busca encender una indignación ciega sino iluminar la inteligencia del lector. El comunicador es un constructor de paz que convierte las plataformas digitales en sitios de encuentro y comprensión, no para crear muros de división.
Para el periodista, edificar y comunicar en el bien significa “desgastar las suelas de los zapatos” saliendo a encontrarse con la realidad en nuestros barrios, campos y provincias. Significa usar la IA sólo como un soporte técnico o asistente de redacción, pero siempre manteniendo el discernimiento humano en la verificación de fuentes, el rigor investigativo y el contacto directo con los protagonistas de las noticias.
La opción preferencial por "las voces silenciadas". La encíclica nos insta a seguir el camino de Nehemías: reconstruir desde abajo y escuchar los temores del pueblo. Para establecer un orden social justo, el comunicador no puede quedar atrapado en las burbujas digitales de las élites o en los algoritmos de las tendencias del día (temas de tendencia).
La verdad como bien común y los tres pilares de la alianza (MH 131)
En un ecosistema digital lleno de contenido generado por IA, noticias falsas y deepfakes (falsificaciones profundas de rostros y voces), el comunicador tiene una misión casi sacerdotal: proteger la verdad.
En su mensaje a los medios de comunicación social, el papa, León XIV hace un llamado urgente a las agencias de noticias y a los medios de comunicación a no permitir que los algoritmos orientados a ganar la batalla por unos segundos de atención, prevalezcan sobre la fidelidad a los valores profesionales orientados a la búsqueda de la verdad.
El Papa nos regala una regla de oro para el ejercicio de la comunicación:
“La confianza del público se gana con precisión y transparencia, no con la búsqueda de cualquier tipo de implicación” (Mensaje 60)
Para guiar esta transición digital en nuestros medios, el Mensaje de la sexagésima Jornada de las comunicaciones propone una posible alianza fundamentada en tres pilares estables: responsabilidad, cooperación y educación.
- Responsabilidad: Exige que los contenidos generados o manipulados por la IA se señalen y distingan claramente de los creados por personas, protegiendo con celo la autoría y la propiedad soberana del trabajo de los periodistas.
- Cooperación: Nos recuerda que ningún sector puede afrontar solo el gobierno de la IA; es imperativo construir una ciudadanía digital consciente junto a las escuelas, universidades y legisladores.
- Educación / Alfabetización digital: Es necesario educar a nuestro pueblo en el uso intencional de la tecnología, enseñándole a cuidar su propio rostro y su propia voz, evitando que sean utilizados en contenidos dañinos como estafas, ciberacoso o deepfakes que violan la intimidad.
Al concluir les hago el llamado a que como dominicanos asumamos un compromiso ético. Al desarmar palabras de odio, rechazar el sensacionalismo algorítmico y validar rigurosamente nuestras fuentes, estaremos construyendo en nuestra hermosa República Dominicana, no una nueva torre de Babel destinada a colapsar, sino una auténtica civilización del amor.
Muchas gracias.
Mons. Ramón Alfredo de la Cruz Baldera
Santo Domingo
2 de julio de 2026
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