Hace unos meses mi sobrina Alfonsina quien cada día me manda una serie de mensajes, entre ellos “La dosis diaria” de un pastor colombiano, me envió esta reflexión que hoy quiero compartir y que muy bien podemos aplicarla como propósito para este nuevo año que comienza.
Aquí la historia:
- “Un anciano maestro de la fe solía sentarse bajo de un árbol a enseñar a los jóvenes que se acercaban a él, un día uno de sus discípulos le preguntó: Maestro, ¿cuál es el mayor peligro que tengo que cuidar en mi vida? El maestro sonrió y respondió, no es solo uno, son varios y cada uno aparece en distintos momentos de tu caminar. Entonces les compartió estos consejos:
- Primero, cuando estés solo cuida tus pensamientos porque allí nadie te ve, pero Dios sí conoce lo que pasa en tu mente y recuerda que lo que pienses en secreto seguro que un día se reflejará en tu vida.
- Segundo, cuando estés con amigos cuida tu lengua porque una palabra puede dar vida o puede herir profundamente. La muerte y la vida están en poder de la lengua.
- Tercero, cuando estés enojado cuida tu temperamento, el enojo no controlado destruye lo que con amor construimos, mejor es el que tarda en airarse que el fuerte.
- Cuarto consejo, cuando estés en grupo cuida tu comportamiento, que tu manera de actuar predique más fuerte que tus palabras.
- Quinto consejo, cuando estés en problemas cuida tus emociones porque el miedo y la desesperación pueden nublar la fe, no se turbe vuestro corazón.
- Sexto consejo, cuando empieces a tener éxito cuida tu ego, no olvidemos que todo lo que tenemos viene de Dios ¿qué tienes que no hayas recibido? la gloria es solo para Él, no para nosotros.
El maestro concluyó, y cuando estés con otros, procura que no te vean solo a ti, sino que puedan ver a Cristo reflejado en tu vida porque ese es el mayor testimonio, que brille su luz en ti.
El discípulo inclinó su cabeza y entendió que el verdadero éxito no era lo que uno logra, sino como se refleja a Cristo en cada paso”.
Pidámosle al Señor amado que nos enseñe a cuidar nuestra mente, nuestra lengua, nuestro temperamento, nuestro comportamiento, nuestras emociones y nuestro corazón, que en cada situación se vea menos de mí y más de Él, en el nombre de Jesús, amén.
¡FELIZ AÑO 2026!
Compartir esta nota