Señor, tu confianza en mí es una exigencia de más: solidaridad. Entrega. Generosidad. Sentido de totalidad.

El Señor es exigente con lo que uno/a puede hacer…, no importa la condición personal… Es decir, no es mi voluntad, ni mi inteligencia que le da efectividad a lo que hago por la fe en Dios, sino que tengo a mi disposición la sabiduría y el poder del Señor Todopoderoso que me acompaña.…

En la juventud vencemos los afectos desordenados, que pretende el yo imponer; y en la vejez tenemos que vencer los achaques, que vienen con los años…, porque nos pueden paralizar y desviar de nuestra opción vital… En ambas situaciones, la fuerza del Señor es la misma y nos impulsa, nos sostiene y garantiza nuestra fidelidad creativa al valor originario personal e institucional.

Jesús no echa en cara a Pedro el que lo haya traicionado. Jesús tampoco me echa en cara a mí las veces que lo he negado, sino que me acoge; me busca para perdonarme; cuando el crucificado junto a Jesús le dice: «Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino». Lc. 23, 42-43, Jesús no le pone condiciones, sino que le contesta: «Hoy estarás conmigo en el paraíso». En el mismo lugar de la caída, el Señor da las fuerzas 2 Cor. 12, 10. La fortaleza de Dios parte de la debilidad nuestra. La salvación es gracia, donación misericordiosa.

Tenemos que recuperar la debilidad solidaria…, que nos da identidad eclesial sinodal… Debilidad tiene dos sentidos: «debilidad por naturaleza»: somos creaturas del Ser Trascendente. «Debilidad por limitaciones del ser generadas por desgaste». Asumir la «debilidad por naturaleza» es buena. Padecer la «debilidad por desgaste consciente o inconsciente» es un mal.

El Señor me perdona la «debilidad por desgaste» porque confía en mí y me encomienda una tarea: DEFENDER AL DÉBIL POR NATURALEZA; quien más beneficia al rico es el débil por naturaleza, aquí está lo más delicado de nuestra misión: salvar al débil por naturaleza y salvar al que oprime, que se hace «fuerte» «chupando la sangre del débil por naturaleza… Salvar al que chupa sangre, al que me persigue. Salvar al que me ignora, a mi enemigo…; así como suena. Eso es continuar la misión salvadora de Jesús. Salvar a todos: oprimidos y opresores necesitamos salvación… Jesús cumplió con esa misión.

  • ¿Siento que el Señor confía en mí? ¿Por qué?
  • ¿Qué me encarga el Señor? ¿Por qué?
  • Leer Lc. 15, 11-31: Hijo pródigo. Empaparme de la bondad y misericordia de Dios Padre y ver cómo él es el mejor en su capacidad infinita de perdón.
  • Lc. 11, 33-36: Somos luz y debemos alumbrar a los demás: ¿cómo ser luz?

Hemos visto nuestros fallos, nuestras omisiones, que nos manean… A pesar de nuestras debilidades e incoherencias hemos dicho sí al Señor y seguimos adelante confiando en el Señor. Tú nos acompañas y confías en cada uno y en nosotros, ese es mi mayor desafío, nuestro mayor desafío: confiar ciegamente en ti, que nos ACOMPAÑA.

Si me consagré para ofrecer un servicio a los más necesitados, o para compartir la vida y comunicar vida con otro o con otra, fue porque vi algo que me motivaba. Si me casé por la Iglesia es que tuve un motivo que me entusiasmaba. A ese algo y ese motivo, yo le llamo valor originario y es la invitación del Buen Señor que le da sentido a mi vida. Ahí está la raíz de mi fidelidad creativa, como persona y como comunidad, con eso no se juega…

La fidelidad creativa es la fuerza que me ayuda a recuperar y reafirmar mi valor originario, el valor fundante eclesial, el carisma institucional…

Hemos visto que el Señor nos confía el cuidado de los débiles: ancianos, niñas, niños desamparados, huérfanos, enfermos, migrantes irregulares… Hemos dicho sí libremente, sin poner condiciones: LA VOLUNTAD DE DIOS Y MI VOLUNTAD COINCIDEN; ÉL, QUE ME INVITA, Y YO QUE ACEPTO, respondiendo SÍ personalmente y en comunidad: ahora me toca a mí actuar con alma, vida y corazón… Lo demás es «paja de coco», porque Dios nos acompaña. Por la experiencia sabemos que «lo más difícil es de Dios…» Para Dios no hay nada imposible. Lc. 1, 37.

PREGUNTAS:

  • ¿Hasta cuándo mantendré mi palabra dada?
  • ¿Hasta dónde estoy dispuesta/o a llegar en la vida?
  • ¿Qué me puede hacer cambiar? ¿Desistir de mi palabra dada?
  • ¿Qué me puede hacer crecer en mi compromiso?
  • ¿Qué me puede debilitar?
  • Definir, especificar el cómo vivir lo que le da sentido a mi vida… para poder destilar a Dios en mis hechos…

LECTURAS BÍBLICAS:

  • 2 Cor. 12, 10 > La fortaleza de Dios parte de la debilidad.
  • Lc. 15, 11-31 > Hijo pródigo. Bondad y acogida del Papá…
  • Lc. 11, 33-36 > Somos luz y debemos alumbrar a los demás…
Recuperar al pecador

Regino Martínez S.J.

Sacerdote

El sacerdote Regino Martínez es el coordinador del Servicio Jesuita para los Migrantes Refugiados en Dajabón.

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