(Dedicado a la memoria de la Dra. Geraldini Lantigua)
Este artículo lo empezaremos con una pregunta: “Qué es una Residencia Médica?”
Una Residencia Médica es un programa de entrenamiento teórico práctico de una especialidad médica o quirúrgica cualquiera. Este programa debe tener bien definido el objetivo, los requisitos para optar por el ingreso, el tiempo de duración y sus reglamentos.
En nuestro país, los objetivos distan mucho de lo escrito en el papel a lo obtenido en la práctica. Veamos, en el papel, el objetivo fundamental es crear un médico especialista capaz de ejercer su especialidad con una formación óptima, responsabilidad y ética incuestionable. Pero sucede, que para las autoridades de salud pública, el objetivo primordial es mantener un “ejército” de médicos que estén en primera fila resolviendo en las emergencias los problemas graves de salud que les corresponde enfrentar a los especialistas. Lo que nosotros llamamos: “burros de carga”.
Alguien podría decir: – “Bueno, pero aún así se van formando”. Aquí valdría hacer una reflexión: están nuestros médicos residentes siendo tutelados y fiscalizados por médicos especialistas? La realidad es que no. En muchos hospitales no existen especialistas haciendo presencia física en las emergencias y en los que los hay, pocos se interesan por orientar a los residentes en la toma de decisiones, ya bien por desinterés, por haber tenido deficiencias en su formación o porque no tienen vocación docente.
No podemos negar que siempre hay excepciones y se pueden contar aquellos galenos que ponen mucho empeño en enseñar sus conocimientos a los residentes, pero son muy pocos, los suficientes para confirmar la regla.
Por lo general, lo que encontramos en nuestras residencias médicas, es que un residente de segundo año le “enseña” al residente de primer año, el de tercer año al de segundo, el de cuarto al de tercer año y el de quinto al de cuarto. Esto pasa, la mayoría de las veces, bajo el amparo de la máxima autoridad inmediata del curso de residencia que es su coordinador. Es inaudito e insólito que esto esté sucediendo pues es impensable y de ninguna manera aceptado que un alumno sirva de profesor para otro alumno, tratándose de asuntos tan importantes como la formación de un especialista de la salud. Esto da lugar a que errores de entendimiento de unos se los transmitan a otros y así sucesivamente, convirtiendo lo incorrecto en verdad. Pero, por qué los coordinadores permiten esto?
No es un asunto que le compete solo al coordinador, es de como se ha estructurado todo el sistema. Este es el único país en el mundo en donde los cargos docentes de las residencias médicas se otorgan por elecciones directas. Por este método se elijen desde el Jefe de Enseñanza hasta los profesores. Ni hablar de curriculum. En todas partes del mundo, los interesados para los distintos cargos docentes, son electos por concursos de oposición, presentando cada uno sus ojas de vida y luego sometiéndose a un conversatorio frente a la comisión establecida para tales fines. De hecho, hay países en donde el interesado, al final de su evaluación, debe ofrecer una conferencia magistral sobre un tema en particular y es condición haber realizado un diplomado o maestría en enseñanza.
Ni las autoridades que manejan la salud ni las universidades que avalan las residencias médicas, remuneran la actividad docente y cuando pobremente la remuneran, los “profesores” son escogidos por puro “amiguismo” por lo que cualquiera puede ser asignado como profesor, con el agravante de que las universidades no se interesan por evaluar el desempeño de los mismos y al ministerio ni le interesa. Lo único que le interesa es que hayan suficientes médicos en las emergencias que puedan atender a los enfermos o accidentados, aunque esa atención sea buena, insuficiente, mediocre o inadecuada.
Otro aspecto dañino es el carácter cuasimilitar con que funcionan nuestras residencias médicas en donde el residente de mayor jerarquía avasalla al de menor jerarquía, muchas veces maltratándolo y humillándolo. En este infierno, se han visto vejámenes de todo tipo y las sanciones se utilizan para castigar físicamente a la víctima, imponiéndole más horas de trabajo de las que puede soportar una persona sana. Por lo regular, nuestros residentes al graduarse, salen odiando a su hospital matríz, que es su aula magna que lo formó y sobre todo a sus compañeros, eso debido al maltrato de que fueron objeto durante los 4 o 5 años que duró su entrenamiento.
En cuanto a los requisitos para ingresar a una u otra residencia, son muy poco definidos, se ingresan médicos con faltas ortográficas, con malas calificaciones, sin saber expresar sus ideas, sin cultura general media o aceptable e incapaces de convencer cual ha sido su motivación para escoger esa especialidad. Se eligen individuos solo para llenar cupos y muchas veces, los que entrevistan son tan incapaces como los entrevistados.
Sobre los reglamentos solo podemos decir que son obsoletos, mal elaborados e inconsistentes con un curso de alto nivel como deben ser las residencias médicas.
Es tiempo ya de poner fin a esta realidad torcida y se diseñe un nuevo sistema de residencias médicas, que sea más exigente pero a la vez más amigable, que ofrezca al médico en formación una asesoría permanente de lo que estudia y de lo que hace, que su producto no solo sea un profesional excelentemente entrenado, sino también un hombre nuevo, que exalte los valores que nos categorizan como seres humanos y cuya labor y ética tracen el sendero de su andar.
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