Porque: “No tires espinas por el camino, tu regreso puede ser descalzo”.
Los tiranos se rodean de hombres
malos porque les gusta ser
adulados y, ningún hombre de
espíritu elevado, los adulará.
Aristóteles.
Apestoso, como si estuviésemos en un concurrido cementerio, utilizado por los menos afortunados, donde el olor putrefacto de las flores baratas, ya en estado de desecho, y, peor aún, cuando este se asocia al olor a azufre expelido por algún que otro político cuando asiste a dar un pésame, no por pena o dolor, si no en busca del voto de los dolientes, presentándose como si fuese el Santo Barón para proteger su deudo, así es como se siente respirar en este ambiente político que nos acogota.
Ya se acercan los tiempos de campaña, a pesar de que, sería interesante conocer cuando se ha detenido, y estos señores de las desvergüenzas no cejan en sus propósitos de continuar conduciendo el Estado, sin importar cual que sea el instrumento o forma para hacerlo, pero, eso sí, sin proponer, ninguno de ellos, algo que vaya en proporción directa al engrandecimiento, en todos los sentidos, de esta nación.
Si sus almas tuviesen que vender al diablo, esa venta iría, ya que sus ambiciones son mayores a sus creencias éticas y morales, las cuales los obliga hasta regalársela al propio satanás, todo con la finalidad de ingresar o continuar pegados de las tetas del erario público.
En las últimas décadas, la degradación de los principios, hasta profesionales, han ido en un declive que parece indetenible; plomeros mediocres que prefieren el narco, perdón, el moto concho a tener que fajarse a trabajar en lo que se supone que son profesionales, pero, el mal mayor, sin que político alguno se refiera a él, y que constituye la peor pandemia de iniquidades e ineptitudes, está sustentado en dos organizaciones de profesionales, como sería el inefable sindicato de los profesores (ADP) y la combatiente, solo por mayores ingresos, llamada Asociación de Médicos Dominicanos (AMD).
Pero, los políticos o partidos políticos no hacen nada para solucionar este gran problema, ya sea por falta de moral para hacerlo o, por su complicidad en las indelicadezas y abusos que llevan a cabo los dos primeros y que inciden, de manera directa, con la conducta y la salud de los menos pudientes. Bochornoso nos resulta hasta hablar de este asunto pecaminoso de agrupaciones que deberían ser -y de cierta manera lo son- quienes encabecen todo lo que signifique progreso debido a que, por lo general, donde hay educación y salud todo lo demás es añadidura.
Pero, esto es un tema sobre degradación ética y profesional, que ha estado pasando por debajo de la mesa, donde el sacrificio para brindar un servicio noble, justo y real, ha sido sustituido por algo que se ha ido por encima de cualquier otra cosa, y que, simplemente, responde al nombre de … ¡Dinero e intereses particulares!
Hasta la cortesía en el tratamiento médico-paciente, se ha convertido en algo extraño. Estos dignos señores, engreídos, -principalmente las hembras-, al transitar por los pasillos en las clínicas y hospitales, con sus batas batiendo al aire, se convierten en orgullosos pavos reales desfilando en una pasarela de moda, con una mirada despectiva -aunque esto parezca un mal juicio de valor-, ante los pacientes a quienes ven como seres inferiores. Y ni hablar del horario para una cita, donde no existe ninguna explicación decente para informar sobre el atraso de esta, porque ellos, están por encima de quien sea y no deben explicación a quienes consideran como si fuesen una chusma, aunque muchos de ellos, sí saben que de ahí es que vienen.
Sobre la ADP hablaremos luego, ya que ambos gremios, al parecer, desconocen que los conocimientos y capacidades profesionales, quedan ahogadas en el manantial de la decencia, cuando todas esas cualidades carecen de lo único que las hace ser en realidad grandes, admiradas e imitadas, es decir, aquella que llaman… ¡Humildad! ¡Sí señor!
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