Los titanes estadounidenses de la inteligencia artificial (IA) solían advertir sobre la amenaza de extinción que esta tecnología representaba para la humanidad. "Deténganme antes de que le haga daño a la especie", era su mensaje. Luego cambiaron radicalmente de postura. Hoy en día, cualquiera que cuestione el impulso 'aceleracionista' de Silicon Valley es un "catastrofista de la IA", un ludita que bien podría estar en el equipo de China.

Preocuparse por la seguridad es demasiado progresista; también lo es preocuparse por la salud mental de tus hijos o por tus ingresos futuros. Cualquier cosa que se interponga en el camino de EE. UU. para ganar la carrera de la superinteligencia se considera desinformada o estúpida. Y eso incluye a la mayoría de ustedes.

Pero estás en buena compañía. Actualmente, es raro que el público estadounidense coincida en algo. El miedo a la IA es lo más parecido a un consenso nacional que existe. Una clara mayoría afirma que la IA hará más daño que bien. En una reciente encuesta de la NBC, la valoración neta negativa de la IA quedó por debajo de la del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), la impopular agencia de control migratorio.

Una proporción considerable, tanto de demócratas como de republicanos, se opone a los nuevos centros de datos. Sin embargo, incluso las más firmes preferencias de los votantes no se comparan con el poder de presión de los gigantes tecnológicos estadounidenses, especialmente con Donald Trump respaldándolos.

Al fomentar la idea de que la IA, al igual que las mareas, es imparable, Silicon Valley ha logrado una hazaña en materia de relaciones públicas. Resulta preocupante que la política estadounidense adopte una postura fatalista con respecto a su capacidad para regular la que podría ser la tecnología más disruptiva de la historia para la sociedad, especialmente en una república que está celebrando su 250.º aniversario. En la práctica, no hay nada inevitable en cuanto a la velocidad y a la forma que tomará la IA, a menos que la democracia renuncie a su derecho a decidir. "La IA no es un 'deus ex machina'", afirmó Karen Kornbluh, exdirectora de la Oficina Nacional de IA (NAIO, por sus siglas en inglés). "Es una creación de la humanidad y es nuestra decisión ejercer o no el control democrático", agregó ella.

Para ser justos, el Congreso ha mostrado cierto interés en oponerse. En dos ocasiones, la administración Trump insertó discretamente una norma de "prelación" que habría prohibido la regulación de la IA por parte de los estados. Lo que se omitió es que las agencias federales seguirían actuando como 'animadoras' para permitir que la industria haga lo que desee.

En ambos casos —en el "gran y hermoso proyecto de ley" (BBB, por sus siglas en inglés) de Trump del pasado julio y, de nuevo, en el presupuesto de defensa de diciembre—, la vigorosa presión pública obligó a los redactores a eliminar esa inserción de dos páginas. Dado que el Congreso le falló, Trump emitió una orden ejecutiva que decretaba lo que los legisladores habían rechazado. Entre otras concesiones a la industria de la IA, su directiva de marzo dejó la responsabilidad de la seguridad infantil en manos de los padres, y no de los chatbots de IA.

Sería erróneo describir la alianza de Trump con los oligarcas tecnológicos como populista; el término "plutopopulista" encaja mejor. Sea como sea, su autoridad no es inexpugnable. Tras la presentación preliminar el mes pasado de Mythos —la herramienta de ciberseguridad de potencia sin precedentes desarrollada por Anthropic—, Trump dijo que las plataformas de IA deberían solicitar autorización para los nuevos modelos. Sin embargo, este sistema será voluntario, lo que lo vuelve irrelevante. Además, el Departamento de Comercio de Howard Lutnick será el encargado de evaluarlos, lo cual equivale a pedirle a Trump que audite sus propios impuestos.

Lo cual nos lleva a China. Tras haber realizado una escasa preparación para la cumbre de Pekín de esta semana, los funcionarios de la administración Trump ahora dicen que él planteará la cooperación en materia de IA con Xi Jinping. Esto podría enfrentar a Trump con el consenso de la política exterior de Washington, el cual considera que EE. UU. y China se encuentran inmersos en una contienda de suma cero. Pero una propuesta de Trump en materia de IA podría ser útil para Silicon Valley. Jensen Huang, de Nvidia, quiere venderle chips más avanzados a China. Trump está frustrado con el dominio de Taiwán sobre la producción de semiconductores de alta gama. Xi podría obtener concesiones de Trump en materia de IA a cambio de promesas de comprar más soja y comprometerse a no volver a imponer restricciones sobre el suministro de tierras raras de China.

A nadie debería pasarle desapercibido que el sector tecnológico está jugando un doble juego con respecto a China. En casa se muestran agresivos; en el extranjero, conciliadores. Por un lado, inundan de dinero a quienes en Washington sostienen que la regulación nacional beneficiará a China. Por otro lado, presionan a Trump para venderle más de sus mejores productos a China. ¿Podría esta contradicción convertirse en un problema en algún momento?

En cualquier caso, es improbable que Trump plantee los riesgos más amplios de la IA que solo podrían abordarse mediante un esfuerzo conjunto entre EE. UU. y China. Cualquier iniciativa seria por parte de un presidente estadounidense para negociar principios comunes de IA con China también sería una prueba de fuego que podría dividir a Silicon Valley y al llamado "blob de Washington" (las élites responsables de la política exterior en Washington DC). Pero esa perspectiva es hipotética. La idea de que Trump negociaría medidas de protección globales es tan real como la alucinación de un chatbot.

La carta ganadora en la manga de la industria de la IA con Trump es que sus valoraciones impulsan el mercado bursátil. Por lo tanto, hay una probabilidad casi nula de que él permita una regulación seria mientras sea presidente. Las grandes empresas tecnológicas y no el segmento de los trabajadores estadounidenses, en gran medida siguen siendo la prioridad de Trump.

(Edward Luce. Copyright The Financial Times Limited 2026. © 2026 The Financial Times Ltd. All rights reserved. Please do not copy and paste FT articles and redistribute by email or post to the web).

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