“Ese sueño de una tierra en la que la vida debería ser mejor, más rica y más plena para todos, con oportunidades para cada uno según su capacidad o sus logros. James Truslow Adams.

Las elecciones de medio término deberían ser el termómetro que mida los perfiles de quienes intentan ocupar cargos públicos en Estados Unidos y una oportunidad para que ambos partidos mediten sobre la profundidad de los problemas que revelan la naturaleza de sus identidades.

Así como hacia dónde se dirigen, de cara a las presidenciales del 2028. Pero la realidad cuenta otra historia: el partido gobernante, bajo la influencia de su líder y primer mandatario, Donald Trump, consolida una línea agresivamente conservadora que gira en torno a su figura.

Mientras los desafíos como el costo de la vida, la inflación, las políticas migratorias, la fuerte tensión internacional como consecuencia de la guerra en Irán, cuestionan el futuro del partido. Los demócratas, partido de la diversidad y la inclusión, han tomado un giro en su discurso, que exhibe los visibles desafíos que ya generan tensiones sobre su tradición y su origen histórico.

Pero ¿cómo lograrán republicanos y demócratas reinventarse sin perder su esencia? La historia nos ofrece una mirada introspectiva de mucho valor. Después de la Primera Guerra Mundial, Europa experimentó momentos de mucha inestabilidad sociopolítica y profunda crisis que facilitaron la llegada de movimientos radicales como el fascismo en Italia.

El nacionalismo en Alemania encontró terreno fértil, un marcado sentimiento de desesperanza colectiva, que se sumió en la humillación de la posguerra. En Alemania, la crisis permitió el surgimiento de quienes apostaban por el restablecimiento del orgullo nacional, mediante soluciones autoritarias.

Con regímenes que impusieron el poder militar como expresión nacional, al suprimir las libertades esenciales del individuo. Por su parte, la Revolución bolchevique se extendió por toda la Europa Central durante el siglo XX.

Catapultando una industria armamentista que desafió a Occidente. Sin dejar de mencionar la ola de guerras civiles y dictaduras en Latinoamérica. Cada uno de estos procesos fue motivado por arquetipos sociales, cuya narrative cambió el equilibrio institucional.

Y que, como ahora, conquista masas con elocuentes discursos de empoderamiento. Pero ahora el momento es diferente, ya que esos grupos encuentran apoyo de una generación que desconoce la historia y se mueve por emoción. Todo bajo el debilitado escrutinio democrático.

Donde el oficialismo se encuentra atrapado en confrontaciones domésticas y el partido de la oposición se mueve hacia una línea de poca coherencia y un sentimiento de incapacidad alternativa. Porque ambos partidos son incapaces de desarrollar una visión fuera del Spectrum coyuntural.

Cada proceso histórico nos regala enseñanzas que deben ser tomadas en cuenta, para evitar repetir procesos históricos. Pero en los Estados Unidos sus partidos toman como alternativa al “cambio”, lo primero que emerge en la orilla de océanos infectados de propaganda.

Y liderazgo comprometido. Que ofrecen soluciones inmediatas a los diversos males sociales. La tarea de estas dos fuerzas políticas es evitar crear un vacío de poder, potencialmente peligroso para una sociedad pospandemia y con gran cúmulo de males y problemas sociales.

Que son muchos, y educar para el ejercicio de un voto consciente y sin emociones. El país, con sus dos principales fuerzas políticas, se mueve a los extremos en un péndulo social sin alternativas y que se radicaliza. En la tierra donde todos somos bienvenidos y donde todos podemos acceder a bienes y servicios sin distinction de clases. Con una vida plena y de oportunidades para todos, según su capacidad y sus logros. James Truslow Adams. Pero debemos tener cuidado de a quién elegimos.

Miosotis Ledesma de Jesús

Abogada y comunicadora

Miosotis Ledesma es abogada, comunicadora y trabaja en relaciones publicas,

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