“No puedes estudiar la comunidad dominicana en EEUU sin estudiar a las y los

dominicanos en la República Dominicana, como tampoco puedes estudiar los EEUU

de manera aislada sin estudiar Latinoamérica” Silvio Torres-Saillant

La frase plátano power se ha convertido en una forma simpática y divertida de referirse a la identidad dominicana. Muchas personas, especialmente las más jóvenes, la usan para destacar cómo mantienen costumbres asociadas con la República Dominicana en su vida en los Estados Unidos. La frase se empezó a utilizar a principios de la década pasada de manos del pelotero Fernando Rodney y el equipo dominicano del Mundial de Beisbol y generó furor entre la fanaticada dominicana. Más recientemente, la gente joven de la comunidad dominicana en Nueva York, que en su mayoría apoyó la elección del alcalde Zohran Mamdani y de la candidata también dominicana Darializa Ávila Chevalier, utilizaron la frase “plátano progressives” para enfatizar que se siente identificada con las propuestas progresistas de dichas candidaturas.

En la columna de hoy utilizo esta frase para hablarles un poco más sobre otra área en la que también se destaca nuestra diáspora pero que no sale con frecuencia en la prensa: la academia de los EEUU. En una entrega anterior, les conté sobre Global Dominicanidades, una de las conferencias en que nos reunimos académicas y académicos dominicanos y otras personas que estudian la República Dominicana y su diáspora. También les comenté sobre el aporte extraordinario de Silvio Torres-Saillant y Sarah Aponte en el estudio de la comunidad dominicana y latina en EEUU y cómo les rendimos homenaje y celebramos con ambos en la conferencia de la Asociación de Estudios Latinoamericanos a finales de mayo en París.

Hoy les quiero contar sobre un encuentro maravilloso que acabamos de tener un grupo de sociólogas y sociólogos dominicanos en la ciudad de Nueva York. El encuentro fue convocado aprovechando que la mayoría íbamos a estar asistiendo a la conferencia anual de la Asociación de Sociología de Estados Unidos que acaba de tener lugar en la ciudad. Aunque no lo sabíamos cuando empezamos a hablar de juntarnos, ese mismo día también tuvo lugar el desfile anual de la comunidad dominicana y el simbolismo de esa coincidencia no pudo haber sido más interesante. Mientras conversábamos en el restaurante en el que nos juntamos, a unas pocas cuadras más de un millón de personas de todas las edades, colores y clases sociales desfilaban continuando una tradición que ya tiene más de 4 décadas. Lo que empezó en 1982 como una celebración en Washington Heights, se ha convertido en uno de los desfiles más coloridos y esperados de Nueva York y se realiza en la 6ta Avenida, una de las más importantes de la ciudad.

La celebración se realiza cada mes de agosto en memoria de la guerra de la Restauración y, como dijo el mismo alcalde Mamdani en su mensaje en inglés y en español (y con música de Juan Luis Guerra de fondo), “ese espíritu de autodeterminación sigue vivo”. Mamdani fue parte de la amplia representación de líderes de la ciudad y del estado que asisten al evento junto con artistas, personalidades y líderes de la comunidad dominicana. Por eso decía orgulloso en su mensaje que: “Hoy [el domingo] acompañé a los dominicanos de Nueva York en la edición 44 del Desfile Nacional Dominicano para celebrar a las generaciones que con su cultura y su identidad le han dado forma a esta ciudad y a este país”.

La presencia de Mamdani, la gobernadora del Estado de Nueva York Kathy Hochul y otras autoridades en el desfile dominicano no es una casualidad. Ernesto Castañeda, uno de los colegas sociólogos que vi en la conferencia en el día de ayer, se refirió en su presentación al alto nivel de visibilidad y de poder político con que cuenta la comunidad dominicana. Castañeda destacó que, a diferencia de otras comunidades latinas, nuestra diáspora en la ciudad tiene la ventaja de estar mucho más concentrada geográficamente en Washington Heights. También es una de las comunidades que más ha avanzado en obtener trabajos más calificados y muchas figuras políticas de origen dominicano contaron con el apoyo y la mentoría de líderes de la comunidad puertorriqueña que había llegado décadas antes a la ciudad y que ya contaba con una infraestructura para organizar y movilizar a sus votantes.

De la misma manera en que el mayor desfile dominicano en EEUU muestra la diversidad de nuestra diáspora, las y los sociólogos que asistimos al pequeño encuentro que les menciono vivimos y trabajamos en todo el país. Estamos en estados enormes como Nuevo México donde habitan muchas de las naciones indígenas norteamericanas y también en ciudades cosmopolitas como Los Ángeles y la misma Nueva York. Trabajamos en Washington, la famosa capital de EEUU y también en lugares menos conocidos como el estado de Indiana al lado del lago Michigan. Pasamos diferentes partes del año o tenemos nuestras familias regadas en República Dominicana, Puerto Rico, EEUU y otros lugares. Y participamos en conferencias de un montón de asociaciones profesionales relacionadas no solo con la sociología sino también con los estudios latinos en EEUU, los estudios latinoamericanos y los de género y disciplinas tan diversas como la historia, la estadística, la física, la ingeniería de sistemas y muchas más.

Una de las chulerías que más disfrutamos de encontrarnos en Nueva York fue el poder aprender más sobre la trayectoria y la vida de quienes estábamos. Por ejemplo, nos llenó de inspiración escuchar los temas fascinantes sobre los que ha trabajado o quiere trabajar cada quien: desde el movimiento feminista dominicano y puertorriqueño hasta el mundo del narcotráfico en Los Ángeles y en Nueva York, desde la música popular y la cultura de la salsa y el reggaetón hasta los salones de belleza dominicanos en Nueva York y el movimiento del cabello rizado natural en esa ciudad y en República Dominicana, desde las redes y los movimientos sociales hasta la realidad de la comunidad latina en EEUU y cómo estudiarla a través del censo. A medida que nos escuchábamos mutuamente, encontrábamos coincidencias en nuestras historias que nos llevaron a intercambiar teléfonos y a iniciar nuevas conversaciones.

También aprendimos mucho más sobre la historia de la presencia dominicana en la academia de EEUU. Nos encantó poder escuchar a Nancy López y a Ginetta Candelario, las dos veteranas del grupo, contándonos sobre la amistad que cultivan desde que estudiaron juntas en la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). CUNY es una referencia crucial porque es la institución donde Silvio Torres-Saillant fundó el Instituto de Estudios Dominicanos en 1992, el primero de su tipo en EEUU, y donde Sarah Aponte creó la primera biblioteca dominicana, también la primera con esas características. Y el Instituto ha continuado creciendo y visibilizando la presencia de la comunidad dominicana en la academia y en el país bajo la dirección de nuestra colega, la también socióloga Ramona Hernández.

El hecho de que en el grupo había gente de diferentes generaciones nos hizo apreciar aún más la historia compartida por Nancy y por Ginetta. Más aún, con la generosidad y el entusiasmo que las caracteriza, las dos intervenían cada vez que alguien se presentaba y se le olvidaba compartir datos importantes de sus aportes o de su trayectoria. Raudas y veloces, Ginetta y Nancy destacaban lo que se nos había olvidado y nos ayudaban a celebrar nuestros logros incluyendo el premio que acaba de ganar Randol Contreras por su libro más reciente o los artículos académicos que acaba de publicar Katie Duarte, una de las personas más jóvenes del grupo.

Nancy y Ginetta practican esa generosidad sin límites organizando encuentros como este todo el tiempo. Por ejemplo, Nancy organizó esta reunión junto con Randol mientras que Ginetta organizó un panel sobre la historia del movimiento feminista dominicano en el que participé en París hace solo dos meses. Y además de hacer investigación, dar clases y publicar su propio trabajo, ambas apoyan a cientos de estudiantes de origen dominicano, latino y de otros grupos minoritarios en la academia y lideran iniciativas y centros en sus respectivas universidades. Por ejemplo, la revista académica Meridians que Ginetta dirige hace casi 10 años en Smith College o el Centro de Raza y Justicia Social de la Universidad de Nuevo México que Nancy co-fundó y dirigió hasta el 2024. Como la academia estadounidense puede ser un espacio extremadamente competitivo y hasta despiadado, ver modelos tan positivos de liderazgo como los que representan Ginetta y Nancy también nos apapuchó el corazoncito.

Al finalizar el encuentro, como siempre pasa con nuestra gente, duramos otra media hora despidiéndonos una y otra vez. La última ronda de despedidas la tuvimos Ginetta y yo, cada una con una sonrisa de oreja a oreja felices por lo que acabábamos de vivir y por los planes que tenemos para el futuro. Después de dejar a Ginetta, decidí no volver a la conferencia sino caminar para disfrutar Nueva York sin prisas y recordar por qué amo tanto esta ciudad en la que viví hace muchos años. En cada cuadra me encontraba con gente que había estado en el desfile. Les reconocía por el mar blanco, rojo y azul de la bandera dominicana que llevaban con toda la creatividad que se pueden imaginar: como capa en la espalda, como bandana en la cabeza, como banderitas en la mano y hasta como blusas tejidas. Yo me deleitaba viendo en carne y hueso la diversidad de la que hablábamos mis colegas y yo unos minutos antes y no podía dejar de sonreír. Era plátano power en todo su esplendor.

Esther Hernández-Medina

Doctora en sociología

Es una académica, experta en políticas públicas, activista y artista feminista apasionada por buscar alternativas para garantizar el ejercicio de los derechos de las mujeres y de los grupos marginados de todo tipo en la construcción de políticas públicas y sociedades más inclusivas. Es Doctora en Sociología de la Universidad de Brown, egresada de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard y egresada de la Licenciatura en Economía (Summa Cum Laude) y de la Maestría en Género y Desarrollo del INTEC universidad donde también fue seleccionada como parte del Programa de Estudiantes Sobresalientes (PIES). Su interés en poner las instituciones y políticas públicas al servicio de la ciudadanía, la llevó a colaborar en procesos innovadores como el Diálogo Nacional, la II Consulta del Poder Judicial y el Programa de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres (PIOM) en la década de los ’90 y principios de la siguiente década. Años después la llevaría a los Estados Unidos a estudiar la participación ciudadana en políticas urbanas en la República Dominicana, México y Brasil y a continuar investigando la participación de las mujeres y otros grupos excluidos en la economía y la política dominicana y latinoamericana.

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