Aproximadamente, 70 superintendentes entre 1844 y 1934, alrededor de 105 secretarios de educación entre 1965 y 2010, y unos 6 ministros desde 2011 hasta la fecha, conforman el eslabón más alto de la élite política en el sector educativo dominicano.
Entre los superintendentes se destacan nombres como: Tomás Bobadilla y Briones, Manuel María Valencia, Félix María del Monte, Jacinto de Castro, Pedro Francisco Bonó, José Gabriel García, Segundo Imbert, Alejandro Angulo Guridi, Juan Elías Moscoso, Apolinar Tejera, Emilio Prud-Homme, Jacinto B. Peynado, Julio Ortega Frier, Cayetano Armando Rodríguez, Rafael Estrella Ureña, Fráncico Henriquez y Carvajal, Ramón Emilio Jiménez y Pedro Henriquez Ureña.
Analizando sus perfiles profesionales es destacable que todos son hombres que ocuparon el puesto entre los 21 y 60 años de edad, estrechamente vinculados a los partidos políticos de turno. En su mayoría abogados, comprensible por su fusión con la cartera de Justicia. Un alto porcentaje educado en el extranjero y en su mayoría procedentes de familias con presencia en el quehacer político y económico de la nación durante generaciones.
Cuatro de ellos repitieron mandato. Varios, fueron presidentes antes o después del cargo. Se caracterizaron por periodos cortos, acorde con la fugacidad en que se mantenían en el poder los gobiernos de turno. Al menos uno murió en el ejercicio: el haitiano descendiente Santiago Feuleau, hijo de Santiago Feuleau, quien fue fusilado por su participación en la Revolución de los Italianos.
Los secretarios de la dictadura, entre otros, fueron: Ramon Emilio Jiménez, Víctor Garrido, Virgilio Díaz Ordoñez, Arturo Logroño, Telesforo calderón, Víctor Garrido, Joaquín Balaguer, Porfirio Basora, Rafael Bonelli, Enrique de Marchena y Manuel Ruiz Tejada.
Todos hombres, leales al Partido Dominicano, cercanos al dictador. Casi todos estudiaron en el extranjero. Aun después de haberse separado las carteras de Justicia e Instrucción Pública continuaron predominando los abogados. La mayoría tenía experiencia previa en el ramo de educación. Algunos habían sido normalistas, profesores y directores. Se destaca la presencia de los hermanos Max y Pedro Henríquez Ureña. Casi todos ocuparon posiciones en el tren gubernamental, tanto antes como después del cargo en educación. Es destacable el papel jugado en la cartera por Víctor Garrido Puello quien presidió la curul en tres ocasiones y Joaquín Balaguer en dos.
Con la llegada al poder del presidente Joaquín Balaguer, comienza a aparecer el perfil del gestor educativo proveniente de los puestos administrativos de las universidades: Jacqueline Malagón, Almánzar García y, posteriormente, Alejandrina Germán.
A partir del 1964 aparecen las mujeres, que, en total, desde 1844 hasta la fecha han sido siete. Todas con filiaciones políticas, excepto Malagón. Entre la primera secretaria de educación (Lilia Margarita Portalatín Sosa) y la segunda (Altagracia Bautista de Suárez) se llevan una distancia de 5 años, pero entre la segunda y la tercera la distancia es de 17 años (Ivelisse Prats-Ramírez de Pérez). Una de ellas, en un caso inédito, ocupó al mismo tiempo la vicepresidencia de la República, la doctora Milagros Ortiz Bosch.
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