A Odalís G. Pérez y Leo Silverio,
amantes del cine, como yo.
El 25 de abril de 1941, el eminente humanista dominicano Pedro Henríquez Ureña abordó en Nueva York, a las 2:00 p.m., el lujoso trasatlántico S. S. Santa Elena. Tras culminar su célebre ciclo de conferencias de la cátedra «Charles Eliot Norton», de 1940 a 1941, en la Universidad de Harvard, emprendía el viaje de regreso a Buenos Aires, donde se había establecido con su familia en junio de 1924.
En medio de la creciente tensión internacional provocada por la Segunda Guerra Mundial, aquel buque de la compañía estadounidense Grace Line funcionaba como un oasis y un puente cultural entre las Américas.
Desde su camarote, Pedro mantenía una activa correspondencia con su entrañable amigo, el mexicano Alfonso Reyes. En la que le escribe el mismo día que inicia la travesía describe las complejidades logísticas de la época y su emotiva escala en La Habana para reencontrarse con la familia. El célebre autor de Seis ensayos en busca de nuestra expresión (1928) le cuenta a su entrañable amigo mexicano: «[En] La Habana vi a mis dos hermanos, Fran y Camila, y a mis tres medios hermanos [Francisco Cotubanama, Rodolfo y Eduardo] y a mis cuatro cuñadas, que son a ·cual mejor, y a mis dos únicas sobrinas, y a mis dos tiastras, una de ellas muy enferma, y muy querida de todos…». (*) La visita de Pedro a Cuba tuvo lugar en durante la primera quincena del mes de abril del citado año.
En esa misma escala Pedro compartió con el ilustre narrador dominicano Juan Bosch, con quien almorzó en la casa de Fran en La Habana y visitó algunos lugares, como Varadero. Su hermano Max se encontraba en esos momentos en Lisboa (Portugal) en funciones diplomáticas. Con Camila acordó reencontrarse en Buenos Aires. Ella había iniciado un tour cultural por América Latina. No obstante, manifestaba su preocupación porque su única hermana se encontraba varada en Panamá debido a la severa saturación militar de barcos y aviones por el inminente conflicto bélico.
El ambiente a bordo del majestuoso navío Santa Elena ofrecía momentos de sutil esparcimiento, como las proyecciones cinematográficas. Y gracias a las anotaciones manuscritas de Pedro en su agenda de 1941 —conservo una copia fotostática de la misma desde hace veinte años—, doy a conocer un pasaje inédito de su cotidianidad en alta mar: su interés por el séptimo arte.
Por esa época las grandes navieras competían por ofrecer los mejores atractivos a los viajeros, convirtiendo sus salones en exclusivas salas cinematográficas. La noche misma de su embarque, a las 9:00 p. m. del 25 de abril, Pedro disfrutó de la proyección del film The Cowboy and the Blonde (El vaquero y la rubia), una comedia romántica dirigida por Ray McCarey. Lo extraordinario del hallazgo —por un feliz acto de serendipia— es que la película se exhibió a bordo como un preestreno avanzado, tres semanas antes de su debut oficial en los cines de Estados Unidos. Al día siguiente, el interés del erudito se volcó hacia el drama político con Washington Melodrama, un estreno reciente de la MGM.


Aquellas funciones cinematográficas representan el cruce perfecto entre la gran historia continental y la intimidad de un genio que nunca dejó de registrar el mundo. Imaginar al riguroso pensador dominicano en la penumbra del salón principal del S. S. Santa Elena, compartiendo tramas hollywoodenses antes de que el buque fuera militarizado y trágicamente hundido en 1943, humaniza y agiganta su figura. Pedro arribará a Buenos Aires a las 4:30 de la tarde del jueves 22 de mayo de 1941.
El presente artículo es un preámbulo de un extenso reportaje que próximamente habré de publicar para dejar constancia de que el séptimo arte fue una de las pasiones del humanista Pedro Henríquez Ureña, contrario a como algunos de sus admiradores piensan. Este es un compromiso que hace algo más de un año contraje con mi amigo Odalís G. Pérez, uno de los más prominentes intelectuales dominicanos, al que admiro y respeto.
(*) En: Pedro Henríquez Ureña y Alfonso Reyes. Compilador y prologuista: Juan Jacobo de Lara. Epistolario íntimo (1906-1946). Santo Domingo: Universidad Nacional «Pedro Henríquez Ureña», 1983. Tercer tomo, p. 475.
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