Louann Brizendine, en una especie de contrapunteo, ha escrito dos libros interesantes: El cerebro femenino y El cerebro masculino.  Por razones obvias, hoy solo me referiré al primero. El subtítulo de este libro lo hace más interesante aún: Comprender la mente de la mujer a través de la ciencia.

Pero primero, quien es Louann Brizendine. De nacionalidad norteamericana, es una científica, médica, neurobióloga, neuropsiquiatra, nacida en Hazard, Kentucky y quien, por sus aportes sobre el tema, se ha convertido en conferencista, escritora, consultora y, por supuesto, profesora de la Universidad de California en San Francisco.

Un tercer libro más reciente (2023), por su título, lo imagino de mucho interés para muchas mujeres hoy: La mujer renovada: una visión nueva y radicalmente positiva de las mujeres en la madurez. En él “ofrece un mensaje revolucionario: durante la menopausia, el cerebro de las mujeres se remodela, creando un nuevo poder y un sentido de propósito único”.

El texto que comentaremos, publicado en el 2006, llegó a inspirar un largometraje: El cerebro femenino, una comedia romántico-científica, dirigida y al mismo tiempo protagonizada por Whiteney Cummings, y que cuenta con la interpretación de Sofía Vergara.

La tesis principal del texto aludido es que el cerebro femenino está profundamente influido por las hormonas. Según ella, las hormonas sexuales -estrógeno, progesterona y oxitocina- reorganizan continuamente el cerebro femenino, influyendo en las emociones, la memoria, la motivación como, incluso, las relaciones sociales.

No es estático, como ya sabemos a partir de esa característica fascinante del cerebro, su neuro-plasticidad, lo que le permite ir cambiando durante toda la vida: la infancia, la pubertad, el ciclo menstrual, el embarazo, la maternidad y, por supuesto, la menopausia. Con cambios funcionales en circuitos cerebrales en cada una de ellas.

Una cuestión interesante acerca de estas fluctuaciones lo plantea la autora del libro de la siguiente manera:

“A causa de las fluctuaciones que comienzan nada menos que a los tres meses y duran hasta después de la menopausia, la realidad neurológica de una mujer no es tan constante como la de un hombre. La de él es como una montaña que los glaciares, el tiempo y los profundos movimientos tectónicos de la tierra van erosionando de manera imperceptible a lo largo de los milenios. La de ella es más bien como el clima, siempre cambiante y difícil de predecir”.

Un dato muy curioso, sin embargo, es que según Brizendine, “más del 99% del código genético de los hombres y las mujeres es exactamente el mismo”. Es decir, que, considerando los aproximadamente 30,000 genes del genoma humano, la variación entre hombres y mujeres es de menos del 1%.

Sin embargo, a pesar de esta pequeñísima variación entre las mujeres y los hombres, dice ella, “influye en cualquier pequeña célula de nuestro cuerpo, desde los nervios que registran placer y sufrimiento, hasta las neuronas que transmiten percepción, pensamientos, sentimientos y emociones”.

Según ella, el cerebro femenino tiene mayor activación en redes vinculadas al lenguaje y a la empatía, por tanto, las mujeres pueden usar más palabras al día en promedio, que los varones. También, tienden a procesar con mayor intensidad expresiones faciales y tonos emocionales.

Estas características las hace más propensa a una mayor sensibilidad ante situaciones sociales, como una mayor capacidad para leer y comprender estados emocionales. ¿Quizás a los dominicanos y dominicanas nos haga falta contar con un liderazgo político femenino a fin alcanzar los sueños anhelados?

Una de sus ideas más citadas es la que tiene que ver con el rol de la oxitocina, que como sabemos, es la hormona asociada al apego. Así, según ella, las mujeres tendrían una mayor sensibilidad a este sistema hormonal, lo que favorece su comportamiento de cuidado, cooperación y protección de vínculos.

La autora señala que durante la maternidad el cerebro se reorganiza profundamente, fortaleciendo los circuitos vinculados a la vigilancia y la protección, la sensibilidad al llanto de o la bebé, y a la memoria emocional. Ella lo describe como una especie de “reprogramación maternal” del cerebro.

Propone tendencias distintas ante el estrés: mientras los hombres, su respuesta está más orientada hacia la lucha o huida, la de las mujeres, al cuidado y búsqueda de apoyo. Asocia estas tendencias por la acción de la oxitocina y los estrógenos, hormona esta última producida, en mayor medida, por los ovarios y la placenta.

Muchos neurocientíficos valoran su trabajo por divulgar la neurociencia, pero también señalan críticas, como: algunas cifras fueron exageradas o simplificadas; ambos cerebros, femenino y masculino, se solapan mucho más de lo que ella sugiere; la necesidad de tomar en consideración los factores culturales y sociales.

Hay otras dos perspectivas interesantes: la del mosaico cerebral y la de la perspectiva crítica sociocultural, ambas anteriormente aludidas, pero, interesante, planteadas por otras dos mujeres: Daphna Joel y Cordelia Fine, respectivamente. De eso volveremos más adelante.

En síntesis: para Brizendine, el cerebro femenino se caracteriza por: fuerte influencia hormonal, alta sensibilidad social y emocional, gran plasticidad a lo largo de la vida y un sistema cerebral orientado hacia el vínculo y al cuidado.

Julio Leonardo Valeirón Ureña

Psicólogo y educador

Psicólogo-educador y maestro de generaciones en psicología. Comprometido con el desarrollo de una educación de Calidad en el país y la Región.

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