El título de este ensayo se debe a dos parlamentos del personaje Hamlet, en la obra del mismo nombre, de William Shakespeare. El primero “Palabras, palabras, palabras” sugiere un palabrerío hueco que no contiene una verdad. El segundo, las últimas palabras de Hamlet, premoniza su muerte y, por tanto, la cancelación del discurso. El escritor guatemalteco, Augusto Monterroso, toma el último parlamento para titular su única novela Lo demás es silencio, que insinúa irónicamente una reflexión barroca sobre la fama, la posteridad y el inevitable silencio de la muerte.

Monterroso, autor del cuento más corto, “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” y del título más largo “Tú dile a Sarabia que digo yo que la nombre y que la comisione aquí o en donde quiera, que después le explico”, articula en su escritura la ironía, la parodia, el humor y la brevedad, así como también lo que denomino la “perversión textual”, que consiste en hacer “vacilar los fundamentos históricos, culturales, psicológicos del lector, la consistencia de sus gustos, de sus valores y de sus recuerdos, pone en crisis su relación con el lenguaje” (Barthes 22-23). Toda la obra de Monterroso se encuentra permeada por una manipulación lúdica, que desestabiliza los cimientos del lector.

Monterroso ha publicado cuentos, microrrelatos, ensayos, biografías, textos híbridos y novela. Se dio a conocer con el libro de cuentos Obras completas (1959) y es también el autor de las fábulas La oveja negra (1969). En Lo demás es silencio (1978), satiriza la fama, la vanidad y los rituales de la consagración de un escritor mediocre y del mundillo intelectual que lo rodea en una ciudad llamada San Blas. En 2000, recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Murió en Ciudad de México en 2003.

Lo demás es silencio cuenta la historia del escritor Eduardo Torres, a partir de testimonios, documentos, discursos y textos atribuidos al personaje. Torres se considera un intelectual importante y disfruta de homenajes, reconocimientos y ceremonias. Sin embargo, los testimonios de familiares y conocidos revelan progresivamente sus contradicciones, debilidades y pretensiones. La novela parodia así la figura del escritor provinciano obsesionado con su prestigio y su lugar en la sociedad. El autor se burla también de los mecanismos mediante los cuales una comunidad intelectual construye y legitima la fama literaria. El humor y la ironía permiten cuestionar la distancia entre la imagen que el escritor tiene de sí mismo y la percepción que los demás tienen de él. A través de la sátira devela la vanidad, la solemnidad, la mediocridad y la impostura en el ambiente intelectual se San Blas.

San Blas es una ciudad ficticia que podría ser cualquiera de las capitales latinoamericanas: Santo Domingo, Tegucigalpa, San Salvador, Bogotá, Asunción, etc. De hecho, existen más de ochocientos ciudades y pueblos que llevan este nombre. En la novela, San Blas se caracteriza por ser una ciudad cosmopolita con aire provinciano: “ciudad grande con los encantos de un pueblo chico y al revés” (257); o una ciudad provinciana con pretensiones de cosmopolita que posee Metro, Bellas Artes, conferencias, instituciones públicas, periódicos y vida intelectual: “Usé el Metro, escuché un concierto en Bellas Artes, recorrí dos museos, oí las conferencias del poeta famoso” (70).

San Blas es, entonces, lo que Ángel Rama denomina una “ciudad letrada”, como espacio privilegiado en el que los intelectuales producen sus discursos y los legitiman. Pero la ciudad letrada que propone Monterroso es una sátira, ya que la misma está repleta de impostores, pseudointelectuales y escritores mediocres, comenzando con el protagonista Eduardo Torres. En San Blas, los agentes del campo cultural, en su lucha por acumular capital simbólico, no sólo se construyen una imagen engrandecida de sí mismos, sino que también otros agentes, que podríamos llamar aliados, coadyuvan a la construcción de esa imagen. De esa manera, los agentes del campo cultural se construyen entre ellos mismos un “ethos colectivo”, intercambiándose entre sí la misma imagen en un juego de espejos: “la esperada comisión de los Notables de San Blas, compuesta por dos o tres intelectuales, algún poeta, dos comerciantes, y políticos de todas las capas sociales, hace su sorpresiva aparición justo a la hora convenida: las doce m.” (63). Como en un espejo, los alabarderos ven en sí mismos la imagen de aquel a quien alaban. Por lo tanto, se podría ver a Eduardo Torres como un modelo de autopercepción intelectual, asociado al efecto Dunning-Kruger, que consiste en un sesgo cognitivo a partir del cual el sujeto sobreestima su capacidad. Pero, aunque Eduardo Torres trate de construirse una imagen pública de sabio, erudito y hombre de letras, se convierte, a través de la ironía y el sarcasmo de los narradores, en una caricatura del intelectual, permanentemente endiosado e idolatrado. Con el aforismo “Poeta, no regales tu libro: destrúyelo tú mismo”, el mismo Eduardo Torres, autocritica su ethos intelectual.

En textos anteriores como “Leopoldo (sus trabajos)”, “El mono que quiso ser escritor satírico” y “El zorro es más sabio”, Monterroso satirizó el trabajo del escritor, aludiéndose a sí mismo como el zorro que no quería publicar otro libro por temor a la crítica. Pero no es sino en su último texto, Lo demás es silencio, donde despliega toda la sátira y el sarcasmo acerca del ethos intelectual y la impostura. Con su peculiar sonrisa, Monterroso parece sugerir que hay escritores que le dedican más tiempo y energía a buscar el reconocimiento que a escribir una obra más sólida que, con el paso del tiempo, no se convierta en silencio.

*Nota del autor: Este ensayo fue elaborado con la asistencia de ChatGPT (OpenAI) para tareas de búsqueda, organización y revisión textual. El autor revisó y verificó el contenido y asume la responsabilidad de la versión final.

Fernando Valerio-Holguin

Escritor

Escritor, Doctorado en Letras Hispánicas (Universidad de Tulane, 1994), Profesor Distinguido John N. Stern de Literatura Latinoamericana en la Universidad Estatal de Colorado. Ha dictado conferencias y ofrecido recitales de poesía en varias universidades e instituciones, tales como Instituto Smithsoniano, Biblioteca del Congreso, Universidad de Oxford y Universidad de Varsovia. Entre sus libros destacan: Poética de la frialdad: La narrativa de Virgilio Piñera (1996), Banalidad Posmoderna (2006) y Presencia de Trujillo en la narrativa contemporánea (2006).

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