Antes de leer esta novela, pensaba que era sobre fantasmas.  Siempre mi línea de lectura fue diferente.  Sin embargo, luego de leer a Pedro Páramo me retracto, pues tiene algo mucho más inquietante: los asuntos que dejamos sin resolver.

Juan Preciado llega a Comala para cumplir la última voluntad de su madre. Ella le pide que busque a su padre y le cobre el abandono con el que los dejó. Él acepta casi por compromiso, como solemos hacerlo cuando alguien amado está muriendo. Sin embargo, una vez que emprende el viaje, descubre que no busca solamente a un hombre, sino también respuestas, justicia y una explicación para una ausencia que marcó toda una vida; y esa búsqueda es universal.

Todos llevamos dentro alguna Comala. Todos tenemos una conversación pendiente, una pregunta sin respuesta o una herida que el tiempo no ha terminado de cerrar. Lo extraordinario es que Rulfo toma ese vacío emocional y lo materializa en un pueblo de polvo y ceniza. Comala no es solo un lugar geográfico; es el mapa de nuestros propios desiertos internos.  Comala no estaba habitada por seres vivos. Estaba habitada por recuerdos. Las calles vacías, las casas abandonadas y las voces que aparecen y desaparecen representan algo que todos hemos experimentado: la memoria. Los muertos de Rulfo hablan porque nadie terminó de escucharlos.

Hablan porque quedaron atrapados en sus culpas, en sus amores, en sus resentimientos y en sus errores, y quizás nosotros no somos tan diferentes. ¿Cuántas veces seguimos conversando mentalmente con personas que ya no están? ¿Cuántas veces repetimos una discusión ocurrida hace veinte años? ¿Cuántas veces imaginamos lo que habríamos dicho si tuviéramos una segunda oportunidad? Pedro Páramo nos recuerda que el pasado rara vez desaparece. Muchas veces, simplemente cambia de forma y, en este caso, se trata de una reflexión sobre el poder.

Pedro Páramo no es solamente un hombre. Es el símbolo de aquellas personas que creen que pueden poseerlo todo: la tierra, el dinero, las voluntades ajenas e incluso los sentimientos de los demás. Sin embargo, al final de la historia, toda esa riqueza resulta inútil.

Los pueblos pueden ser dominados por el miedo durante un tiempo. Las personas pueden ser sometidas por la fuerza, pero nadie puede gobernar para siempre sobre las consecuencias de sus propios actos. Entonces, la verdadera herencia de Pedro Páramo no son sus tierras, sino los daños que dejó atrás.

Pedro Páramo nos habla a través del peso de sus silencios. Es el silencio de la madre que muere mirando hacia un horizonte al que nunca regresó; es el silencio del hijo que golpea las puertas de un pasado que ya cerró sus alas; es el silencio de un pueblo entero que sigue esperando una disculpa que el viento ya borró.

Juan Rulfo parece decirnos que la vida es demasiado breve para cargar eternamente con el recuerdo, porque, tarde o temprano, todos terminamos convertidos en recuerdos dentro de la historia de alguien más. La gran pregunta que nos deja Rulfo no es cómo moriremos, sino si seremos capaces de perdonar y liberar a nuestros propios fantasmas antes de que el polvo de nuestra propia Comala nos cubra por completo.

Y al final, cuando el libro se cierra y el silencio regresa, uno no solo ha visitado un pueblo muerto; uno ha desenterrado los secretos que mantenían cautiva a su propia alma.

Vailma Roca

Vailma Roca Fernández es abogada graduada de la Universidad Católica Santo Domingo, licenciada en Educación y Ciencias por la Universidad de Florida, donde también obtuvo una maestría en Comunicación con concentración en Periodismo Digital y Narrativa Multimedia. Escritora y servidora pública en el estado de Florida, actualmente publica en The Times of Israel y Alachua Chronicle. Su trabajo se centra en amplificar voces, contar historias con propósito y defender los derechos de los estudiantes con necesidades especiales y de sus familias. Como miembro de la Comisión Histórica del Condado de Alachua, promueve además la preservación de la memoria colectiva y el valor de las comunidades que forjan identidad. Su trayectoria entre el derecho, la educación, el periodismo y el servicio público refleja una profunda vocación por la justicia social, la verdad y la dignidad humana.

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