Según la neuropsicología, los neurotransmisores son biomoléculas o sustancias químicas que permiten la transmisión de las informaciones entre las neuronas a través del proceso de la sinapsis.
Como se conoce, la sinapsis es el proceso de comunicación funcional entre dos neuronas o entre una neurona y otra célula efectora. Por su parte, una célula efectora es aquella que lleva a cabo una función específica, como respuesta a un estímulo o requerimiento del organismo humano.
En tal sentido, los principales neurotransmisores son, entre otros: (1) La dopamina, neurotransmisor responsable de regular el movimiento, la motivación y la recompensa; (2) la adrenalina, neurotransmisor que se encarga de identificar si la persona tiene que luchar o huir.
Además, (3) la norepinefrina, neurotransmisor que moviliza al cuerpo humano y alerta al cerebro sobre una situación generadora de estrés; (4) el glutamato, neurotransmisor responsable de excitar las áreas claves del cerebro y fortalecer la memoria; (5) la serotonina, neurotransmisor responsable del estado de ánimo, el apetito y la regulación del sueño.
También, (6) la acetilcolina, neurotransmisor responsable de la contracción muscular y el aprendizaje; (7) el gaba, neurotransmisor que reduce la excitabilidad neuronal del cerebro; (8) la histamina, neurotransmisor mensajero del sistema inmunitario, el sistema nervioso central y el aparato digestivo.
Asimismo, (9) las endorfinas, neurotransmisor responsable de modular el dolor, el estrés y el bienestar; (10) la glicina, neurotransmisor que inhibe el dolor en la medula espinal y el tronco encefálico; (11) la adenosina, neurotransmisor que estimula el sueño y reduce la actividad neuronal; y, (12) la serotonina, neurotransmisor que actúa para mantener el equilibrio mental.
En tal sentido, la neuropsicología sabe que, la disfunción de uno o más neurotransmisores se debe a la alteración de la comunicación química entre las neuronas del sistema nervioso central y que, cuando se altera la comunicación química entre las neuronas, se producen trastornos neurológicos y psicológicos graves que el sistema nervioso central, el tubo digestivo, el corazón, los pulmones, los riñones, el páncreas y el hígado.
Por su parte, las causas principales de la disfunción de los neurotransmisores son, entre otras: (a) El cerebro produce muy poca o demasiada sustancias químicas; (b) las células no pueden recibir bien el mensaje químico para comunicarse entre sí de forma eficiente.
Además, (c) muchos neurotransmisores se autoeliminan antes de realizar sus funciones; (d) por factores externos provocado por el estrés crónico, el consumo de alcohol y sustancias prohibidas; (e) por la genética que heredan los hijos de sus padres y ancestros; y, (f) por una alteración genética causada por una lesión o un trauma severo.
De su lado, la neuropsicología sabe que, los niveles bajos de serotonina están relacionados con la depresión y la ansiedad; mientras que, los niveles alterados de dopamina, afecta la motivación y el estado anímico. Asimismo, los niveles bajos de acetilcolina, afecta la memoria y el aprendizaje y que, los niveles bajos de endorfinas provocan tristeza persistente, irritabilidad, fatiga y mayor sensibilidad al dolor físico y/o psicoemocional.
Además la neuropsicología sabe que, los niveles bajos de endorfinas producen desesperanza, cambios bruscos del humor y poca tolerancia al estrés, así como apatía general, cansancio y molestias musculares o fibromialgia.
Como hemos podido observar en el cuerpo de este artículo, el funcionamiento normal de los neurotransmisores juega un rol de primer orden en la regulación de las funciones neurológicas del sistema nervioso central.
Por su parte, la neuropsicología sabe que, la disfunción de uno o más neurotransmisores, requiere del uso de medicamentos inhibidores para facilitar la recaptación y los ajustes de los niveles químicos disponibles en la sinapsis.
También la neuropsicología reconoce que, el funcionamiento normal de los neurotransmisores favorece el equilibrio del estado de ánimo, regula y activa las emociones y el movimiento y, a su vez, estimula el procesamiento sensorial del organismo humano.
Como se sabe, el procesamiento sensorial es la capacidad que tiene el sistema nervioso central para recibir, organizar e interpretar la información que el organismo humano recibe del entorno a través de los sentidos, especialmente de la vista, el sonido y el lenguaje verbal y corporal.
En tal sentido, la neuropsicología sabe que dependiendo del cuadro físico o de salud mental por el que está atravesando una persona, el cerebro envía un mensaje a la red de neurotransmisores para que el responsable de regular dicha disfunción actúe inmediatamente.
Como guardianes en alerta, la dopamina, la adrenalina, el gaba, la glicina, el glutamato, la neropinefrina, las endorfinas y la serotonina, entre otros, entran en acción cuando el cerebro envía una señal de auxilio.
Finalmente, el cerebro produce y regula los neurotransmisores produciéndolos, liberándolos y reabsorbiéndolos a través de la sinapsis, proceso responsable de controlar la comunicación entre las neuronas o células.
“No existe todavía un tratamiento médico y/o neuropsicológico para curar el trastorno del procesamiento sensorial del sistema nervioso central” (DTGM, Julio del 2025).
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