En el cuento Nepotismo, publicado en 1904, José Ramón López presenta una crítica al uso del poder público para favorecer a la familia. La historia se desarrolla en una conversación entre don Fausto, recién nombrado ministro de Hacienda, y su esposa, Maruca. Con una escena doméstica y un tono humorístico, el autor muestra cómo un cargo que debería ejercerse al servicio del país empieza a tratarse como una oportunidad para resolver los problemas de «los suyos».
La reacción de Maruca revela el sentido de la sátira. Al conocer el nombramiento, piensa de inmediato que terminarán las dificultades económicas de la familia. Después solicita puestos para hijos y otros parientes, sin detenerse a considerar si tienen la edad, la experiencia o los conocimientos necesarios. Cuando don Fausto plantea alguna objeción, ella encuentra una excusa para mantener su petición. El mérito no forma parte de la conversación: el requisito decisivo es pertenecer a la familia.
López resume esa confusión cuando don Fausto dice que lo suyo está a disposición de «la patria, digo de la familia». El cambio de palabras provoca risa, pero expresa la crítica central del relato. El ministro habla como si pudiera disponer de los cargos del Estado del mismo modo en que administra los asuntos de su casa. Lo público y lo privado dejan de tener una frontera clara.
Maruca va todavía más lejos al afirmar que quien no gobierna con «los suyos» se perjudica a sí mismo. Desde su perspectiva, colocar familiares no es un abuso, sino una manera conveniente de ejercer el poder. López pone al descubierto una mentalidad en la que el funcionario se siente obligado a recompensar primero a su círculo cercano, aunque los empleos públicos deban responder a las necesidades de la institución.
La escena final lleva esa lógica hasta el absurdo: Maruca pide un puesto para Nerón, el perro de la casa. Si la cercanía con el ministro basta para recibir un empleo, incluso el animal puede ser considerado candidato. La exageración cumple una función crítica. Al hacernos reír de una petición imposible, López nos invita a cuestionar los nombramientos de personas cuya única ventaja comprobable es su parentesco con quien decide.
El cuento conserva vigencia para pensar en la sociedad dominicana actual. Todavía se discute si determinadas oportunidades en el Estado se conceden por capacidad o por relaciones familiares y políticas. Eso no significa que todo pariente de un funcionario carezca de méritos. La pregunta es cómo obtuvo el puesto: si cumplió los requisitos, si compitió en igualdad de condiciones y si la persona que tomó la decisión actuó en beneficio de la institución o de su familia.
Esta distinción permite traer el cuento al presente sin convertirlo en una acusación indiscriminada. El nepotismo perjudica a quienes podrían ocupar un cargo por su preparación y debilita la confianza en las instituciones. También hace que un empleo público parezca una recompensa personal, en vez de una responsabilidad ante la ciudadanía.
La visión de José Ramón López resulta clara: el problema comienza cuando el funcionario olvida que administra algo que no le pertenece. Don Fausto representa esa pérdida de límites; Maruca, la costumbre de pedir beneficios para la familia; y Nerón, la consecuencia absurda de llevar el favoritismo hasta el extremo. Más de un siglo después, el cuento sigue planteando una pregunta necesaria: ¿se llega al Estado para servir a la sociedad o para repartir sus oportunidades entre «los suyos»?
Referencia
López, José Ramón. «Nepotismo». En Cuentos puertoplateños, 1904.
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