El diccionario de la Real Academia Española define la historia a través de varias acepciones. Por una parte, la define como la “narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria, sean públicos o privados”. Por otra parte, a partir de su función, la define como la “disciplina que estudia y narra cronológicamente los acontecimientos pasados”. Entre sus principales sinónimos se encuentran “narración, crónica, relato, anales, e historiografía”.

A partir de su producto la define como: “Obra histórica compuesta por un escritor, como un “Conjunto de los sucesos o hechos políticos, sociales, económicos, culturales, etc., de un pueblo o de una nación. En su uso coloquial el término define el “conjunto de los acontecimientos ocurridos a alguien a lo largo de su vida o en un período de ella, biografía, memorias, semblanza, vida, autobiografía. De igual modo, según los diferentes usos que le asignan los hablantes se refiere a la “relación de cualquier aventura o suceso, llegando incluso a significar: “Mentira o pretexto”, incluso, “patraña, rollo, enredo”.[1]

Sin embargo, preguntarles a los historiadores sobre su rol, su función y su objeto de estudio supone analizar conceptualizaciones mucho más complejas y variopintas que van desde el poético Bloch, que para definirla parte de la pregunta que le confeccionó a su padre- historiador siendo un niño: “papa, explicarme para qué sirve la historia”. Una pregunta que lo remite a la legitimidad que plantea el oficio y para la que, según él mismo, nunca ha logrado responderse del todo; hasta el pragmático Moradiellos.

El oficio de historiador. Estudiar, enseñar, investigar, publicado en 2013, es una guía didáctica en la que Moradiellos se propone presentar a los estudiantes de Historia una panorámica general de dicha ciencia, al mismo tiempo que aborda los conceptos básicos de la disciplina y las distintas corrientes que se han sucedido a lo largo de su desarrollo.

Para Moradiellos, la conexión entre Historia y Ciencias es un fenómeno relativamente reciente que nació en la Ilustración, por tanto, para poder definir qué es la Historia, hay primero que definir qué es la Ciencia. Para él, la ciencia hace referencia a las formaciones socioculturales, que son esencialmente actividades humanas y que producen un tipo de conocimiento crítico, racional, organizado, sistematizado, transmitido y desarrollado históricamente.

Estas ciencias, dentro de su campo de actividad, van produciendo o descubriendo y acotando términos, conceptos, proposiciones y teorías. Al mismo tiempo, presentan una dimensión social o institucional que conforma su pragmática, esto es: reglas códigos y nomenclaturas para quienes participan de ella.

Además, se caracterizan por su pretensión de construir verdades y aunque no proporcionan una sabiduría total de la realidad, al menos permiten conocer críticamente aspectos de ella. En este sentido, sus principios científicos pueden no ser “verdaderos” en sentido gnoseológico, pero tampoco son ilusorios o arbitrarios.

Hay una diferencia entre ciencias naturales y humanas, dentro de esta última cabe incluir la historia. En las ciencias naturales, no aparecen como términos de sus campos categoriales los sujetos gnoseológicos que realicen las operaciones, es decir, es posible la neutralización absoluta del científico.

En las ciencias humanas sucede distinto, en ellas aparecen como términos los sujetos que realizan las operaciones. En el caso de la Historia, por ejemplo, aparece en el horizonte de la acción los sujetos pretéritos. En tal sentido, el investigador de las ciencias humanas debe explicar las operaciones realizadas por los sujetos a quienes estudia. El historiador debe investigar a los historiados. La historia se estableció como ciencia desde el siglo XIX.

Para Moradiellos el material con el que trabajan los historiadores son “residuos”, que permiten la presencia viva del pasado y desde el cual el historiador construye su relato. Estos “residuos” son, por ejemplo, una momia egipcia, una moneda romana, un acta de nacimiento. De donde se desprende que solo es posible hacer historia de lo que se conservan vestigios en nuestra dimensión temporal.

De modo que el primer acto del historiador reside en descubrir, identificar y discriminar los residuos que se convertirán en sus fuentes. Es importante aclarar que esta identificación es posible porque el investigador percibe dichos objetos como creaciones humanas y los valora en función de ello. Así, se manifiesta una homogeneidad entre el historiador y lo investigado al reconocerse mutuas afinidades en los modos de pensar, actuar, construir y destruir.

Un historiador no podrá analizar un suceso si desconoce expresiones como «reunirse en secreto», o «emigración forzada», conceptos que para “conocer” debe relacionar con sus propias vivencias. De aquí la tesis de que en realidad ¡toda historia es contemporánea!

En palabras de Moradiellos: “la experiencia histórica de una sociedad es su único referente positivo, su única advertencia tangible para saber a qué atenerse y poder perfilar los planes y proyectos”.[2] Por consiguiente, la experiencia histórica y la función del historiador contribuyen a explicar y entender el génesis y la evolución de las formas de la sociedad; proporcionar un sentido crítico de la identidad operativa de los grupos humanos; promover la comprensión de las tradiciones, herencias y legados culturales; desempeñar una labor crítica respecto a otras formas de conocimiento sobre el pasado; y poner límites a la credulidad mítica sobre el pasado.

[1] Disponible en: https://dle.rae.es/historia

[2] Moradiellos, Enrique, El oficio de historiador: estudiar, enseñar, investigar, Madrid, Akal, 2013. p. 24.

Duleidys Rodríguez Castro

Educadora y Filósofa

Duleidys Rodriguez Castro es filósofa con estudios doctorales en Historia del Caribe por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), maestría en Filosofía por la Universidad del País Vasco y licenciatura en Filosofía y Humanidades por el Instituto Filosófico Pedro Francisco Bonó. Además, es genealogista y coleccionista especializada en historia de la educación dominicana.

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