"El exorcista no es un hombre que combate fantasmas, sino el testigo lúcido de una frontera en la que la psicología claudica ante el misterio del mal absoluto". Gabriel Marcel

Desde los albores mismos del devenir humano, la providencia ha tenido a bien guiar los destinos de los pueblos bajo la égida de sus varones más preclaros; almas de noble estirpe que, templadas en el crisol del deber y la asidua entrega, se erigen en faros de la fe y auténticos pastores del espíritu.

En esta hora crepuscular, cuando los vientos del Tercer Milenio proclaman la presencia del Altísimo sobre la faz de la tierra, la hidalga comarca de Higüey se engalana de legítimo orgullo al evocar la preclara silueta de quien fuera su guía espiritual: el esclarecido párroco Luis Gómez y Gómez, a quien el afecto popular bautizó para la posteridad con el entrañable nombre del “Padre Gómez”.

Aconteció que el 24 de octubre del año de gracia de 1948, sentó plaza este insigne levita en la solariega llanura altagraciana, asumiendo una sagrada y providencial misión que le reservaría un sitial de honor en la primera línea de los acontecimientos más definitorios de la contemporaneidad. Con celo apostólico y desvelada elocuencia, plugo al virtuoso sacerdote concitar las voluntades de la juventud, congregándola en torno al santo apostolado de la “Acción Católica” y bajo los armónicos acordes del coro que con mano diestra rigiera el novel Manolín González Camejo, quien a la postre también habría de abrazar el sagrado ministerio del altar. Entre aquellos jóvenes de conducta ejemplar y preclaro porvenir, justo es consignar los nombres de Ernesto Rivera Cedeño, Homero Pumarol, Rubén De Jesús Reyes, Milcíades Ubiera y de Jesús, Manolo Valdez (apodado con afecto Valdez Viejo), Belarminio Morel, Bienvenido Guerrero, el sacerdote Severino Ubiera De Jesús, el ex – Sindico de Higüey Anis Calys Durán y el ex Procurador Fiscal adjunto del Distrito Nacional Fenelón Corporán; y si acaso la memoria fuese flaca y mi pluma incurriese en la tacha de alguna omisión, desde ya demandó la debida indulgencia. El propio doctor Ernesto Rivera, en las páginas de su celebrada obra “Las Calles de Higüey”, rinde tributo a su memoria definiéndolo, en letras de molde, como su “padre espiritual y adoptivo, a quien debo lo que soy y mi modelo a seguir en la vida”.

Empero, la rectitud de su carácter y la pureza de sus dogmas le hicieron desafecto y adverso al ominoso régimen de Trujillo. Muchas fueron las almas desvalidas que buscaron el oportuno amparo de su sotana ante la saña de los sicarios de aquella dictadura. Consta que el ciudadano Mario Echavarría, conocido por el vulgo como “Tapa Hoyo”, salvó la vida gracias al providencial asilo del piadoso clérigo. Semejante osadía concitó la inquina del régimen, cuyas huestes le armaron la infundada celada de haber mancillado el busto de metal del Benefactor en el parque central, imputándole el desacato de colgarle un rústico collar de hierro.

A partir de aquella infamia, la hostilidad de los esbirros se tornó más encarnizada y beligerante. Fue así como, en la caída de una tarde de miércoles, mientras el infatigable pastor desandaba los caminos tras cumplir sus labores eclesiásticas en San Rafael de Yuma, su carruaje fue alevosamente embestido por un vehículo automotor que portaba insignias oficiales del Distrito Nacional. Salvó la vida el Padre Gómez por manifiesto milagro del cielo, sufriendo graves quebrantos y heridas en sus rodillas. Aunque la justicia de la época sepultó el expediente en el polvo del olvido y la impunidad, el agravio quedó esculpido con letras de fuego en el bronce de la memoria del pueblo higüeyano.

LOS TRABAJOS DE EXORCISMO DEL PADRE GÓMEZ EN EL MUNICIPIO DE HIGÜEY

Consigna en sus venerables archivos privados el ilustre prelado y expresidente de la Academia Dominicana de la Historia, Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, que el Padre Luis Gómez libró una pavorosa y constante batalla contra las fuerzas de las tinieblas en tierras orientales. Acudían ante su autoridad rústicos hateros y terratenientes que, en horas de extravío, habían concertado pactos protervos contrarios a la ley de Dios. En solariegas e históricas casonas de la hidalguía higüeyana, el sacerdote ejecutó solemnes ritos de exorcismo para rescatar aquellas almas del abismo. De igual modo, numerosas familias atribuladas por los flagelos de la esquizofrenia y la melancolía acudían en demanda de sus oraciones, logrando que, por intercesión del Altísimo y de la Virgen de la Altagracia, se ahuyentaran los demonios que perturbaban la paz de los hogares.

Es importante resaltar, según narra Monseñor Hugo E. Polanco Brito en sus archivos privados, que los primeros trabajos de exorcismo en Higüey fueron realizados por el sacerdote higüeyano, el canónigo Tomás Núñez Cordero, el cual, de forma permanente, hacía exorcismo para liberar a muchos hateros de Higüey que se trasladaban a otra geografía del país a realizar pactos contrarios a la voluntad del Dios de Israel.

PERFIL BIOGRÁFICO

Para perpetua constancia de su tránsito vital, es menester precisar que Luis Gómez y Gómez vio la luz primera en la culta e hidalga ciudad de La Vega y no en los predios de Bonao, como afirma el error común, el 21 de junio del año del Señor de 1919, siendo legítimo vástago del respetable hogar formado por Don Cipriano Gómez Ramírez y Doña María Gómez López. Recibió las sagradas órdenes del presbiterio el 20 de junio de 1948, iniciando su andadura en Higüey desde el 24 de octubre de aquel año hasta el 19 de septiembre de 1956. Su labor pastoral resplandeció también en la villa de Boca Chica, donde el templo que pastoreaba se veía colmado de fieles atraídos por la fama de sus portentos exorcistas.

Su dilatado y fructífero ministerio no se limitó a las naves de la histórica Iglesia de San Dionisio, sino que abarcó los altares de San Juan Bautista de La Salle, la Santísima Trinidad y la Santísima Cruz. Coronó su carrera eclesiástica en la Catedral Metropolitana de Santo Domingo, ejerciendo además las dignidades de Vicario Cooperador, Director y Guía Espiritual del Seminario Menor Santo Tomás de Aquino, miembro del respetable Consejo Presbiterial, Juez del Tribunal Eclesiástico y Canónigo Penitenciario. Finalmente, rigió los destinos de la Iglesia de La Anunciación en el señorial sector de Evaristo Morales en la ciudad capital, dignidad que ostentó con decoro y santidad hasta el día en que el Creador tuvo a bien llamarlo a su eterna morada.

Mons. Jesús Castro Marte

Sacerdote

Monseñor Jesús Castro Marte. Labores Pastorales: Obispo de La Diócesis Nuestra Señora de La Altagracia, Presidente de la Fundación del Museo de La Altagracia, Gran Canciller de la Universidad Católica del Este (UCADE), Vicepresidente de la Conferencia Episcopal Dominicano, Presidente del Pensamiento Altagraciano. Maestrías: Magíster Tecnología Educativa, en la PUCMM, 2009; Magíster en Historia Aplicada a la Educación, en la PUCMM, 2012; Máster en Gestión internacional de Universidades, en la Universidad Alcalá de Henares, España, 2014; Máster Internacional en Bioética, Fundación Jérôme Lejeune.

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