Hans Kelsen, quien fue, sin duda, el más influyente jurista del siglo XX, les advirtió a los enemigos de los partidos políticos lo siguiente: "Sólo por ofuscación o dolo puede sostenerse la posibilidad de la democracia sin partidos políticos. La democracia, necesaria e inevitablemente, requiere un Estado de partidos".
Aunque en muchos países los partidos políticos atraviesan por una crisis de confianza de la ciudadanía, en la República Dominicana mantienen una notable fortaleza, que sitúa el sistema de partidos como un referente en la región.
Sin embargo, el liderazgo político dominicano no debe descuidarse y poner en juego la condición privilegiada de sus partidos, los cuales están llamados a caminar, con pasos firmes y permanente, hacia la modernización. Los partidos deben adaptarse a los nuevos tiempos, para continuar siendo los intermediarios por excelencia entre la sociedad y el poder.
Los partidos deben ser transparente, participativos y eficaces, tal y como lo manda el constituyente en el artículo 216 de la Constitución Política, que dispone que deben: 1) Garantizar la participación de ciudadanos y ciudadanas en los procesos políticos que contribuyan al fortalecimiento de la democracia; 2) Contribuir, en igualdad de condiciones, a la manifestación de la voluntad ciudadana, respetando el pluralismo político mediante la propuesta de candidaturas a los cargos de elección popular; y 3) Servir al interés nacional, al bienestar colectivo y al desarrollo integral de la sociedad dominicana.
En un mundo cambiante como el de hoy, nuestras organizaciones políticas no deben paralizarse y convertirse en parte de un sistema obsoleto. Deben tomar en cuenta que las sociedades han cambiado, y con ellas, las formas de participación política. Internet, las redes sociales y la irrupción de movimientos ciudadanos han transformado la manera en que la gente se informa y se involucra en los asuntos públicos. No obstante, muchos partidos siguen funcionando bajo estructuras cerradas, jerárquicas y burocráticas que no responden a esta nueva realidad.
La permanencia en el tiempo de la tesis de Robert Michells sobre el círculo de hierro de la oligarquía, que les cierra el paso a los demás miembros de la organización, ha sido vencida en este primer cuarto del siglo XXI por la demanda ciudadana.
Todos aquellos dirigentes que ocupan los cargos en los partidos, como herencias, hasta el fin de sus vidas o hasta que renuncian, lo mismo que los cargos de elección popular deben comprender que la democracia interna es indispensable para fortalecer la confianza en los partidos.
Tanto la democracia interna, que facilita la entrada de la juventud a los partidos, como la transparencia, forman parte de la modernización de los partidos, unidas al aprovechamiento de nuevas tecnologías, como las redes sociales, son herramientas importantes para interactuar con los ciudadanos, recoger sus inquietudes y generar debates abiertos.
En ese sentido, el uso de plataformas digitales para la toma de decisiones, como consultas o votaciones en línea, permite una mayor participación y reduce la brecha entre la dirigencia y la base.
Finalmente, los partidos políticos deben comprender que no pueden seguir operando con las mismas reglas del siglo XX. Su modernización es determinante para mantener la confianza de los ciudadanos y preservar su calidad de auténticos intermediadores entre la sociedad y el Estado.
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