Hay obras que por la riqueza y autenticidad de su contenido y la estructura  sintética  que envuelven, estremecen el espíritu, al tiempo que dejan huellas imborrables en la memoria. Otras, en cambio, se esfuman como si no hubiesen existido. Por tal razón, se diría, pasan con mucha pena y ninguna gloria, en tanto sucumben, quizás para siempre, en el abismo del olvido.

La obra “Mi padre y las mariposas”, del Dr. Franklin García Fermín, pasado ministro del Ministerio de  Educación , Ciencia y Tecnología (MECYT), está escrita con pasión y certeza  testimonial, toda vez que da cuenta del valioso rol de su padre, Dr. Marco Tulio García Paulino, en el proceso de investigación y  levantamiento de los cuerpos sin vida de las hermanas Mirabal  y  Rufino de la Cruz, el chófer.

Dicha obra, a decir verdad, viene a llenar un vacío bibliográfico en nuestro País.

La misma, cabe destacar, fue puesta en circulación el martes 28 de agosto en el Audito Manuel del Cabral, biblioteca Pedro Mir, de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).

La ceremonia, encabezada  por rector magnífico de esa alta casa de estudio, Dr. Jorge Asjana David, contó con la presencia de Minú Tavares Mirabal, Jaime David Mirabal, expresidente de la República Dominicana; Eddy Olivares Ortega, ministro de trabajo; la Dra. Rosalía Sosa, ex vicerrectora de Extensión; el Lic. Rafael Peralta Romero, director de la biblioteca Pedro Henríquez Ureña;  Dra. Rosell Fernández, vicerrectora Docente; Dr. Antonio Ciriaco Cruz, vicerrector Admistrativo; Dr. Roa Ogando, vicerrector de Extensión y la Dra. Juana Encarnación, vicerrectora de Investigación y Postgrado, así como los ex rectores Dr.  Ravelo Astacio y el Dr. Iván Grullón.

Además,  estuvieron presente la decana de la Facultad de Humanidades, Dra. Jacqueline Ureña y la directora de la Escuela de Letras, Dra. Ibeth Guzmán, así como distinguidos funcionarios, académicos y políticos del país.

Después de lo referido, sería atinado decir que la obra “Mi padre y las mariposas”, fue bien presentada por el reconocido escritor Andrés L. Mateo, Premio Nacional de Literatura 2004.

La participación de nuestro laureado escritor no podía ser mejor.

Diríase lo mismo del  prólogo  elaborado por la Dra. Carmen Durán. Entre otras, no menos importantes, hace las siguientes afirmaciones:

  • Estos testimonios, visto desde la óptica del hijo, del jurista, del académico y del político, nos ayudan a desentrañar el discurrir histórico que, a la altura del siglo XXI, nos reta y compromete a hacer de la memoria histórica luz y guía para las presentes y futuras generaciones”.

2-“Al hacer gala de una prosa cuidada y elegante, el autor permite apreciar  la sensibilidad estética y ética que adornan su personalidad”.

Esas palabras, a todas luces, son certeras y poco más que contundentes.

Y no podían ser de otro modo, ya que la maestra Carmen Duran es conocedora de la esencia constitutiva y  funcional del trujillato, cuya estructura  de mando habría estado permeada por el olor de la sangre, los vértigos del dolor y la conciencia desgarrada de ciudadanos íntegros y progresistas.

Por eso, de manera banal, Trujillo y sus acólitos pretendieron simular, con versiones baladíes, el horrendo asesinato de las hermanas Mirabal y  Rufino de la Cruz,  conductor del vehículo interceptado.

Nadie daría crédito a la des fundamentada versión oficial de que se trató, simple y llanamente, de un accidente.

Trujillo, siempre y cuando le conviniese, apelaba al disfraz de la mentira y la falacia

Azuzado por el odio feroz, el escozor de la rabia interior y el fantasma de la desdicha, no era sino un simulador abrumado por el cinismo y la maledicencia.

Ellas Canetti, Premio Nobel de Literatura 1981, no faltaría a la verdad cuando sostiene:

La simulación, esa versión limitada de la metamorfosis, es lo único que hasta el día de hoy le sigue resultando familiar al poderoso, que no puede metamorfosearse. Seguirá siendo él mismo en tanto sea consciente  de su actitud interna, que es hostil. Estará limitado a metamorfosis que mantengan siempre y totalmente  intacto ese núcleo  íntimo, su verdadera figura. Quizá considere favorable ocultara a veces el terror que emana de ella, para lo cual puede servirse de distintas máscaras. Pero las utilizará solo provisionalmente, y estas jamás alterarán en lo más mínimo  su figura interior, que es su naturaleza”.

Rafael Leónidas Trujillo Molina encarna todo lo dicho, porque su rostro, castigado por la agonía del  yo decepcionado, reflejaba  los estragos del rencor y la sed de venganza.

De ahí la necesidad permanente de enmascarar su ser identitario con apariencia desdoblada y contrapuesta a la libertad, sin la cual  la conciencia entumece y pierde el sentido de la realidad.

Y es que nadie, por más que lo quisiese, podría vivir sin libertad.

En su obra cumbre ‘El Quijote de la mancha’, Miguel de Cervantes Saavedra escribiría:

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres”.

En el sistema trujillista la libertad era pura quimera. La razón: todo estaba sometido al ojo avizor de la vigilancia extrema.

Desde cualquier punto de vista que se le pudiera ver y juzgar, habría que decir que se trató de un régimen antidemocrático, sesgado por la ira, la intolerancia y el rencor. Justamente por eso, flotaba en la atmósfera densa y enrarecida del temor, los cambios sombríos y las incertidumbre perpetua.

Aún así, muchos pensaron, absurdamente,  que  se trataba de un régimen eterno, indestructible e insustituible.

En la lejana antigüedad griega, el filósofo Heráclito habría dicho , no sin razón, que nada es inamovible,  ya que todo cambia y fluye constantemente. “Nadie se baña dos veces con la misma agua de un río”, diría.

El régimen trujillista no escapó a la ley del cambio, ya que, horadado por los abusos, las injusticias, la desmesura, la voluntad de poderío y delirios  de grandeza, cambiaba, vertiginosamente, de mal a peor.

El Dr. Franklin García Fermín, con sobrada razón, escribiría:

La muerte de Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, junto a Rufino de la Cruz, no produjo el efecto buscado. No reinstaló el miedo: lo transformó en indignación. No apagó la oposición: la moralizó. No fortaleció el régimen: lo dejo moralmente desnudo”.

Esas palabras, justas, concisas y verdaderas, encarnan la virtud de la certeza.

Otra afirmación, no menos cierta, de García Fermín:

El 25 de noviembre de 1960, las hermanas Mirabal- Patria, Minerva y María Teresa- y el señor Rufino de la Cruz fueron asesinados en una carretera de montañas, bajo un régimen que intento presentar el crimen como un accidente. Aquella noche, mi padre, el Dr. Tulio García Paulino, en su condición de representante del Ministerio Público, participó en el levantamiento de los cuerpos sin vida”.

Además de lo anterior, el  Dr.  Fermín, todavía con el recuerdo vivo en la  memoria, describe a su padre con estas palabras:

Era afable por naturaleza. Tenía la sonrisa fácil y la conversación generosa. No imponía su presencia; la irradiaba con naturalidad. Quienes lo trataron recuerdan su trato respetuoso, su disposición a escuchar y esa mezcla de sencillez y firmeza que no necesitaba elevar la voz para hacerse entender”.

Como fiel defensor de la verdad y la justicia, el Dr. Marco Tulio García Paulino habría ejercido la noble profesión de abogado con admirable rectitud ética y moral. Su decir lo combinó muy bien  con el hacer ejemplar.

Mi padre y las mariposas, de Dr. Franklin García Fermín

De ahí que el Dr. García Fermín esté en lo cierto cuando continua diciendo:

No proclama su honestidad; la practicaba. No necesitaba discursos grandilocuentes sobre ética; su conducta diaria era su declaración pública. Vivió una vida plena en el sentido más profundo del término: disfruto la amistad, la familia, la música y el respeto ganado sin estridencia”.

En definitiva, cabría decir que el Dr. Marco Tulio García Paulino, por su reciedumbre moral, nunca comulgó con el régimen trujillista, ni mucho menos, le rindió pleitesía.

Por ello, es atinado decir que la obra” Mi padre y las mariposas,” del Dr. Franklin García Fermín es, sin lugar a dudas, un joya escritural de gran valor histórico y testimonial., razón por la cual enriquece nuestra bibliografía nacional.

Su lectura, por tanto, es indispensable para nunca olvidar el hecho abominable de tres mujeres  valiosas que lucharon por  la democracia, la libertad y el progreso de nuestro País.

La obra también debería ser leída, una y otra vez, para saber que los cargos son pasajeros y que solamente serían digno de recordación cuando son desempeñado con honestidad, independencia de criterios,  entereza moral y total apego a la verdad, tal y como lo hizo, justamente, el Dr. Marco Tulio García Paulino cuando le habría tocado levantar los cuerpos sin vida de las hermanas Mirabal y del conductor, Rufino de la Cruz.

Mi padre y las mariposas, de Dr. Franklin García Fermín

Joseph Mendoza

Joseph Mendoza. Comunicador social y filósofo con postgrado en Educación Superior, obtenidos en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Magister en filosofía en un Mundo Global en la Universidad del País Vasco (UPU) y la UASD. Además, es profesor de la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Tiene varios libros, artículos y ensayos publicados y dictados conferencias en la Academia de Ciencias de la República Dominicana.

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