Cuando Nayib Bukele inició su mandato en junio de 2019, la deuda pública era de $19,242 millones, 76% del PIB, según el BCR. Siete años y tres meses después, en agosto de 2026, escaló a $35,038 millones (91% del PIB), lo que representa un aumento de $15,796 millones, que supera el incremento de $15,600 millones acumulados por los cuatro gobiernos anteriores juntos.
Al finalizar 2026, la deuda rondará los $35,500 millones, porque el gobierno habrá tomado prestados casi $200 millones del fondo de pensiones administrado por las AFP y recibirá desembolsos de créditos por más de $200 millones.
En 2027, la deuda seguirá creciendo hasta superar los $39,000 millones (94% del PIB), impulsada por un nuevo endeudamiento del Gobierno Central de $4,747 millones que, al restar una amortización de $995 millones, dejará un incremento neto de $3,752 millones.
¿Por qué crecerá tanto la deuda en 2027? Porque el Gobierno recibirá $1,970 millones en préstamos y bonos para cubrir su déficit y tomará $2,700 millones del fondo de pensiones: $2,077 millones para pagar intereses acumulados con el mismo fondo y $623 millones para financiar las pensiones públicas y otros compromisos previsionales.
Es probable, incluso, que la deuda aumente más, ya que el Gobierno suele pedir préstamos durante el año para cubrir gastos no previstos en el presupuesto.
Frente a ese enorme endeudamiento, debemos hacernos tres preguntas:
1. ¿De qué ha servido la deuda si, entre 2019 y 2025, la población en pobreza extrema aumentó en 138,000 personas, tal como lo revelan las encuestas de hogares de esos años?
2. ¿Para qué tanta deuda si 2.6 millones de personas (42% de la población) sufren de inseguridad alimentaria y 1,080,000 están pasando hambre, según el informe de la ONU “SOFI 2026”?
3. ¿Para qué tanta deuda si el 71% de la población afirma que no hay empleo y que todo está caro?
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