Durante décadas, la respuesta de la sociedad dominicana ante los padecimientos de la mente se redujo a una palabra cargada de estigma e ignorancia: la reclusión. El viejo modelo manicomial, simbolizado históricamente por el antiguo Hospital Psiquiátrico Padre Billini- conocido popularmente como “el 28” desde su inauguración  en 1959-, encarnó una visión donde la salud mental no era un componente de la salud pública, sino un asunto de aislamiento.

Afortunadamente, el paradigma ha comenzado a fisurarse. El paso de 600 internos a menos de un centenar en estancia prolongada dentro del hoy Centro de Rehabilitación Psicosocial (CRPS) -bajo una lógica de rehabilitación y reinserción-, sumado a la creación de Unidades de Intervención en Crisis (UIC) en hospitales generales, representó un hito innegable de humanización y descongestión hospitalaria. En la actualidad, las autoridades anuncian la entrada de nuevas camas en número significativo. Sin embargo, la promulgación del nuevo Plan Estratégico de Salud Mental 2026-2030 por parte del Ministerio de Salud Pública (MSP) nos coloca frente a un espejo ineludible: la verdadera reforma no se mide únicamente por los muros que se derriban, sino por la red comunitaria que se construye para sostener a las personas en sus entornos cotidianos.

La radiografía de una demanda desbordada

Los datos del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (SINAVE) correspondientes al año 2024 registran más de 65,000 episodios de trastornos mentales y de la conducta en el país. Lejos de ser casos aislados, la ansiedad (42.1%) y la depresión (33.3%) constituyen el grueso de la demanda atendida en el sistema sanitario. A esto se suman los trastornos por consumo de alcohol (19.8%) y las conductas suicidas (3.4%), en un contexto donde los datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) reflejaron 669 muertes por suicidio en 2023, con una abrumadora prevalencia masculina (86.1%) y una proporción enorme de intentos suicidas en adolescentes y jóvenes.

Estas cifras revelan que el malestar emocional no es una anomalía biológica excepcional, sino una manifestación atravesada por factores socioeconómicos, violencia intrafamiliar y dinámicas comunitarias complejas. A nivel regional, la Oficina Panamericana de la Salud (OPS), nos dice que la brecha de tratamiento en América Latina  fluctúa entre el 60% y el 70%, señala que en el Caribe la cifra sube hasta un 77%.

 En nuestro país, la respuesta continúa atrapada en un enfoque puramente biomédico y curativo: se espera a que la persona colapse para intervenir en emergencias e ingresarla a una UIC, pero a su egreso falta el seguimiento ambulatorio que evite la recaída. Así, la UIC termina convertida en el único recurso de contención ante la ausencia de prevención previa y acompañamiento continuo posterior   

El Primer Nivel de Atención: la asignatura pendiente

El enfoque de salud pública exige desplazar el centro de gravedad del sistema desde el hospital especializado hacia el Primer Nivel de Atención (Centros de Primer Nivel y Unidades de Atención Primaria). Es en los barrios y municipios  donde se deben detectar precozmente los signos de angustia, aplicar herramientas de intervención breve como el programa mhGAP de la OMS/OPS y garantizar el acompañamiento psicosocial continuo en el siguiente escalón: el Centro de Salud Mental Comunitario.

Para que el modelo comunitario sea sostenible y no una simple declaración  de intenciones en un documento rector, el Estado dominicano debe abordar en el momento actual cuatro  nudos críticos de gestión y presupuesto:

  1. Descentralización efectiva de recursos y psicofármacos: Aunque iniciativas como el Programa de Apoyo a Usuarios de Salud Mental (PAUSAM) han permitido distribuir medicamentos a pacientes crónicos en unidades especializadas de la red pública, su alcance es muy limitado. Por otro lado, los psicofármacos esenciales en PROMESE/CAL, presentan una variedad reducida y, con regularidad, las proyecciones quedan por debajo de la demanda de compra. En todo caso, se debe consolidar su distribución en la atención primaria para evitar interrupciones de tratamiento. 
  2. Superación del déficit de personal especializado e interdisciplinario: la concentración histórica de psiquiatras y psicólogos en los grandes centros urbanos del Gran Santo Domingo y la región  Norcentral  deja  desprovista a vastas zonas del país.
  3. Financiamiento proporcional al peso epidemiológico: No se puede pretender una transformación del modelo asistencial si el gasto público en salud mental continúa representando una fracción marginal del presupuesto sanitario total. La inversión preventiva en promoción y salud mental comunitaria ahorra costos de alta complejidad al sistema y reduce los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD).
  4. Puesta en marcha inmediata de los Centros de Salud Mental Comunitarios: Iniciar, en lo inmediato, estos centros tal y como lo establece el Plan Estratégico. Sin ellos no se puede hablar de atención integral ni de un verdadero  modelo comunitario en salud mental.

Convertir la estrategia en realidad

El Plan Estratégico de Salud Mental 2026-2030 del MSP, documento base para este análisis –y que todo psiquiatra y psicólogo debe conocer-, plantea el enfoque en salud mental comunitaria y fija una hoja de ruta con cuatro líneas de acción clave: gobernanza, promoción/prevención, acceso descentralizado y sistemas de información epidemiológica. El reto de la prensa y la ciudadanía organizada será vigilar el cumplimiento de estos objetivos operacionales para evitar que se vea impecable en el papel pero vacío en los resultados. El desafío de las autoridades es convertir las estrategias en realidad y no en una larga lista de tareas.

Garantizar la salud mental como un derecho humano fundamental implica entender que la prevención del suicidio, la atención a la depresión, a la población infantil y juvenil, y la protección  de los adultos mayores en situación de vulnerabilidad no son tareas exclusivas del médico, sino compromisos colectivos del Estado y sus instituciones. Esto se logra siendo fiel a lo planificado. Es hora de pasar de las reformas de infraestructura a la consolidación  de un sistema de salud comunitaria que prevenga a tiempo, proteja con dignidad y acompañe sin estigma.

Angel Almánzar

Trabaja Salud Mental

Trabaja Salud Mental. Pasado presidente de la Sociedad de Psiquiatría y pasado director de Salud Mental.

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