El mes de marzo tiene para la República Dominicana una profunda carga simbólica. En estos días convergen conmemoraciones que invitan a reflexionar sobre valores esenciales de nuestra vida democrática: el Día Internacional de la Mujer, el natalicio del líder político José Francisco Peña Gómez, el centenario del nacimiento de Minerva Mirabal y el Mes de la Mujer Universitaria. Son fechas distintas, pero unidas por un mismo hilo histórico: la lucha por la dignidad humana, la libertad, la participación y la justicia social.
Marzo es, ante todo, un tiempo para reconocer el papel transformador de las mujeres en la sociedad. El Día Internacional de la Mujer representa una jornada de memoria y de compromiso con las luchas que han permitido ampliar derechos y oportunidades para millones de mujeres en el mundo. En la historia dominicana, esta conmemoración adquiere un significado aún más profundo al recordar la figura de Minerva Mirabal, egresada de la Escuela de Derecho de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.
Minerva Mirabal, junto a sus hermanas Patria Mirabal y María Teresa Mirabal, simboliza uno de los capítulos más trascendentales de la resistencia contra la tiranía en nuestro país. Su firme oposición al régimen de Rafael Leónidas Trujillo la convirtió en un referente moral de la lucha por la libertad. Su valentía y su conciencia política han trascendido el tiempo, convirtiéndola en un símbolo universal de dignidad y de defensa de los derechos humanos. El centenario de su nacimiento representa una oportunidad para renovar la memoria histórica y reafirmar el valor de quienes enfrentaron la injusticia con determinación.
Este mes también nos invita a recordar a José Francisco Peña Gómez, uno de los líderes políticos más influyentes de la historia contemporánea dominicana. Peña Gómez dedicó su vida a la defensa de la democracia, la justicia social y la participación popular. Su liderazgo estuvo marcado por una profunda vocación de servicio y por la convicción de que la política debía estar orientada al bienestar de la ciudadanía. Su pensamiento siempre colocó al ser humano en el centro de la acción pública. De ahí su conocida consigna de “primero la gente”, una expresión que sintetiza su visión de la política como un instrumento para promover la igualdad, la inclusión y la dignidad de todos los sectores de la sociedad.
Reflexionar sobre estos valores también implica reconocer los desafíos que aún enfrenta la sociedad dominicana en materia de igualdad y protección de los derechos de las mujeres. Diversos estudios revelan una realidad preocupante: la violencia de género continúa afectando a mujeres en todas las etapas de la vida. Según datos de UNICEF (2025), el 76 % de las adolescentes entre 15 y 17 años ha sido víctima de algún tipo de violencia. Asimismo, la violencia sexual en jóvenes de 10 a 19 años registró tasas de entre 12 y 20 por cada 100,000 habitantes entre 2020 y 2022. Más preocupante aún es que cerca del 60 % de jóvenes encuestados justifica la violencia física en la pareja, lo que evidencia la persistencia de patrones culturales que normalizan la agresión.
A esta realidad se suma el fenómeno de las uniones tempranas, que continúa limitando el desarrollo educativo y social de muchas niñas y adolescentes. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares (ENHOGAR) 2024, el 29.1 % de las mujeres se casó o unió antes de los 18 años, con una incidencia mucho mayor en los sectores de menores ingresos. Esta situación reproduce ciclos de desigualdad que afectan las oportunidades de formación, autonomía económica y participación social de las mujeres.
La violencia también alcanza a otros grupos que con frecuencia permanecen invisibilizados. Las adultas mayores, que representan aproximadamente el 10 % de la población dominicana, enfrentan distintos tipos de maltrato, principalmente en el entorno familiar o de pareja. Se trata muchas veces de violencia económica, patrimonial o psicológica que rara vez se denuncia, lo que dificulta su atención.
En los últimos años emerge, además, una nueva dimensión de esta problemática: la violencia digital. Estudios recientes indican que alrededor del 42 % de las adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años ha sufrido algún tipo de agresión en línea, incluyendo acoso, amenazas, extorsión o difusión no consentida de imágenes. Estos espacios virtuales, lejos de ser neutrales, reproducen con frecuencia las mismas desigualdades y patrones de violencia presentes en la sociedad.
En el ámbito académico, marzo adquiere también un significado especial. En la Universidad Autónoma de Santo Domingo se reconoce como el Mes de la Mujer Universitaria, un espacio para destacar el aporte de las mujeres al desarrollo académico, científico y social de la institución.
A lo largo de las últimas décadas, la presencia de la mujer en el sistema de educación superior crece de manera significativa. Hoy miles de mujeres participan activamente como estudiantes, profesoras, investigadoras y gestoras académicas. Su contribución es fundamental para fortalecer la producción de conocimiento, el pensamiento crítico y el compromiso social.
No obstante, junto a estos avances persisten importantes desafíos. Para muchas mujeres universitarias, participar en la competencia política implica enfrentar prejuicios, cuestionamientos sobre su liderazgo o exigencias adicionales para demostrar sus capacidades. En los casi cinco siglos de historia de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, solo una mujer ha alcanzado la rectoría, lo que evidencia la necesidad de avanzar hacia una participación más equitativa.
Superar estas barreras requiere fortalecer una cultura institucional basada en la equidad, el respeto y la participación democrática. Promover el liderazgo femenino en la universidad pública y en todas las instancias del Estado, no es solo una cuestión de justicia; es también una condición necesaria para enriquecer la diversidad de perspectivas y fortalecer la legitimidad de las decisiones institucionales.
Al observar en conjunto estas conmemoraciones, el Día Internacional de la Mujer, el centenario de Minerva Mirabal, el natalicio de José Francisco Peña Gómez y el Mes de la Mujer Universitaria, se revela una misma enseñanza: la democracia se construye con participación, igualdad y compromiso con la dignidad humana.
Minerva Mirabal representa la valentía de quienes enfrentan la opresión. Peña Gómez simboliza la lucha permanente por una democracia más inclusiva y socialmente comprometida. Hoy, las mujeres dominicanas encarnan la continuidad de esa historia en los espacios de pensamiento, formación y liderazgo institucional.
Recordar estas figuras y estas luchas no debe limitarse a la evocación histórica. Debe servir como una invitación a seguir construyendo un Estado social y verdaderamente democrático de Derecho, donde el liderazgo femenino tenga cada vez mayor presencia y reconocimiento. Porque la democracia, dentro y fuera de cualquier espacio institucional, se fortalece cuando hay inclusión y cuando, como enseñaba Peña Gómez, se mantiene siempre en el centro de toda acción pública un principio fundamental: ¡poner primero a la gente!
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