El 25 de octubre se consolidó la notable victoria de Lula en las elecciones de Brasil. En la segunda vuelta obtuvo el 51,79 % y sumó 11 millones de votos más que en la primera vuelta, revirtiendo en apenas tres semanas de campaña lo que parecía una derrota inminente.
A sus casi 81 años, Lula logró una nueva hazaña. Ya había entrado en la historia como el primer presidente obrero en Brasil. Con cuatro victorias electorales, se sobrepone a su encarcelamiento en 2018, producto de un expediente judicial amañado con el objetivo de impedirle competir y destruirlo reputacionalmente, y también al derrocamiento mediante lawfare a Dilma Rousseff en 2016 y al intento de golpe de Estado de Jair Bolsonaro en 2023.
Pocos días después, en las elecciones de medio término de Estados Unidos, Donald Trump y MAGA sufren una derrota abrumadora. En estos resultados, la figura de Bernie Sanders, con 85 años, ha jugado un rol fundamental. Sanders, senador por Vermont, era en 2016 el seguro nominado a la candidatura presidencial del Partido Demócrata con una propuesta política en defensa de la clase trabajadora y contra las oligarquías, única posibilidad real de que el descontento popular no fuera capitalizado por Trump. La cúpula de su partido se impuso y otorgó la candidatura a Hillary Clinton.
Pero Bernie Sanders no se detuvo: mantuvo su política de defensa de las mayorías, en abierta oposición a los privilegios de los superricos y al poder de los conglomerados financieros, bélicos y tecnológicos. En estos años, Sanders también se ocupó de construir una alternativa política dentro de su partido y esta semana se ven los resultados, con el socialismo demócrata alcanzando victorias importantes en el Senado y la Cámara de Representantes.
El legado y el ejemplo de estas dos figuras nos remiten a lo que representa Juan Bosch en la historia política dominicana y a las posibilidades que abre para el futuro. En 1973, con 64 años, Bosch decidió que sus convicciones y los intereses que eligió defender en su vida política lo conducían a renunciar al PRD y fundar el Partido de la Liberación Dominicana. Lo hizo con un programa de liberación nacional, antioligárquico, soberanista y a la vez internacionalista y antiimperialista, con la defensa de las mayorías trabajadoras como estandarte.
Cuando en 1978 Bosch volvió a participar en una elección, obtuvo apenas 18 mil votos, un pírrico 1%. Sin embargo, no se detuvo ni se doblegó, y se dedicó a construir. En 1982 multiplicó por diez aquella votación; en 1986 la duplicó, y en 1990 volvió a duplicarla. De esa manera, a punto de cumplir 81 años, Juan Bosch lideró —como presidente del partido y candidato presidencial— un PLD que, con apenas cinco mil integrantes entre miembros, circulistas y simpatizantes, logró ser el partido más votado en las elecciones de 1990, según las estadísticas oficiales de la Junta Central Electoral. Y lo hizo teniendo en contra toda la maquinaria del poder, apoyándose en la mística, credibilidad moral y autoridad política, sin un solo peso malhabido y sin comprar un solo voto.
Lula y Bernie Sanders, al igual que Bosch en 1990, demuestran que, hoy como ayer, sigue siendo posible hacer política victoriosa y eficaz frente al dinero, la manipulación mediática, la campaña sucia y las maquinarias del poder, apelando a la conciencia, al sentido de justicia y la dignidad de los pueblos.
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