El pasado 7 de marzo de 2026, el presidente dominicano Luis Abinader (n. 1967) se sumó a la Cumbre del Escudo de las Américas, celebrada en el campo de golf personal de Donald Trump (n. 1946) de la ciudad de Miami, Florida, en los Estados Unidos de Norteamérica. En esta cumbre, encabezada por los líderes ultraderechistas del hemisferio occidental —en particular, el presidente salvadoreño Nayib Bukele (n. 1981) y el presidente argentino Javier Milei (n. 1970)—, los gobernantes presentes pactaron con Trump para supuestamente combatir las "organizaciones criminales transnacionales" a las cuales el presidente estadounidense les ha declarado la guerra en más de una ocasión.
El acuerdo del Escudo de las Américas compromete a los países firmantes a cooperar en materia militar y de inteligencia con el Gobierno estadounidense, afianzando el dominio imperialista sobre la región, basándose en la agresiva reactivación de la doctrina Monroe por parte de la Administración Trump. El hecho de que el presidente Abinader se haya sumado a esta iniciativa representa un indicio más del nivel de servidumbre neocolonial al cual este ha sometido a nuestra República en todos sus años de mandato. Abinader ha ido tomando todos los pasos necesarios para reforzar el sometimiento de nuestro país ante la gran potencia del norte: ha otorgado permiso a las Fuerzas Armadas estadounidenses para utilizar libremente la base aérea de San Isidro y el aeropuerto internacional de Las Américas, así como se ha negado a romper relaciones diplomáticas y comerciales con el Estado criminal, genocida, terrorista y asesino de Israel, el gran socio del imperialismo estadounidense en Oriente Medio.
Con la firma del acuerdo del Escudo de las Américas por parte del Gobierno dominicano, queda sellado el estatus de neocolonia estadounidense de nuestra nación durante los años venideros. Además, en su pasado discurso de rendición de cuentas, el 27 de febrero de 2026, el presidente Abinader anunció triunfalmente que pretende vender nuestras tierras raras a las industrias armamentísticas imperiales de las grandes potencias del mundo. Todas estas medidas acercan peligrosamente a nuestro país a un involucramiento mayor en los conflictos bélicos internacionales que han estallado a lo largo y ancho del planeta, particularmente en las regiones del Báltico y de Oriente Medio. Conflictos que ahora se están intensificando y entrecruzando, vaticinando una nueva guerra de proporciones mundiales.
Las ultraderechas globales, de las cuales el Partido Revolucionario Moderno (PRM) forma parte, recurren desesperadamente a las clásicas estrategias del fascismo: la creación de enemigos internos y externos para justificar las ganancias del capital obtenidas con la innovación y desarrollo de tecnologías de muerte que deben hallar salida en el "mercado"; razón última detrás de las grandes movilizaciones bélicas a las que actualmente asistimos. Tal como han demostrado incontables teóricos y economistas marxistas, el capitalismo requiere de la destrucción creativa de capitales para reiniciar su proceso de acumulación y reproducción ampliada de capital tras las crisis de sobreproducción que le azotan periódicamente.
El Gobierno de Luis Abinader, que ha sido desde el inicio un gobierno del capital, por el capital y para el capital, pretende distraernos con la fabricación de la "amenaza haitiana" y la ideología del "progreso" que sustenta su proyecto de dominación a largo plazo. La reciente propuesta ventilada en el Senado de la República, que busca prohibir las candidaturas independientes, constituye un ejemplo más del carácter antidemocrático y autoritario del PRM, que obedece ciegamente a la lógica empresarial y su consiguiente búsqueda de enriquecimiento ilícito a toda costa.
Sin embargo, si el presidente Abinader y sus partidarios en el Congreso Nacional persisten en continuar bloqueando la democracia en nuestro país, tarde o temprano se chocarán con la dura realidad de que a un pueblo se le puede mantener dormido, sometido y alienado por mucho tiempo, pero a la larga los intentos de mantenerlo todo bajo control siempre terminan fracasando. Si nuestros gobernantes continúan echando leña al fuego de su terrible juego de abuso de poder y corrupción, se encontrarán con que la llama que han desatado terminará por salírseles de las manos.
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