Hace unos meses, comenté un artículo de la filósofa chilena Sasha Mudd, denominado "El colapso semántico de la democracia", donde se aborda el problema de la deformación intencional y unilateral del significado de las palabras en el debate político contemporáneo. Esta distorsión se acentúa con un problema que aborda la politóloga Máriam Martínez-Bascuñán, en un artículo reciente titulado "EE UU y la democracia cautiva", publicado en el periódico El País.

La autora señala que hemos perdido el sentido de lo que significa la democracia. Afirma que esta no es un estilo de vida ni un conjunto de procedimientos, sino "una respuesta laboriosamente construida durante siglos a un problema concreto, el del poder. Sobre cómo limitarlo, distribuirlo, o cómo impedir que se concentre."

Ciertamente, la democracia, como la vida misma, está vinculada de manera indisoluble a los límites. Los nuevos autoritarismos, representados en líderes y partidos iliberales que asaltan las instituciones de las democracias occidentales actuales, pretenden transgredirlos reconfigurando el juego democrático.

El problema no es tanto el intento de ampliar los límites como el hecho de que estos no constituyan fronteras intersubjetivas generadas por el diálogo democrático, sino imposiciones arbitrarias de un CEO de turno que dirige los asuntos de interés público como si fueran un negocio personal.

En este sentido, la democracia sí tiene que ver con un estilo de vida, porque conlleva la adquisición de unos hábitos que son los que permiten esa "respuesta laboriosamente construida".

Hoy día, nos encontramos ante la encrucijada de si continuamos cultivando las habilidades ciudadanas que han permitido la construcción de las modernas sociedades democráticas o cedemos ante su pérdida adquiriendo hábitos autoritarios donde no estamos dispuestos a aceptar los límites si no nos complacen y, por tanto, modificamos las reglas del juego en función de si el marcador nos favorece.

La democracia solo es exitosa si contempla la derrota, se disuelve cuando pensamos que el juego de la vida política consiste en ganar a toda costa, una lucha por la supervivencia del más fuerte. Si creemos que no podemos perder, que no merecemos perder o que no estamos destinados a perder, la consecuencia final es que perderemos todos.

Leonardo Díaz

Filósofo y ensayista

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco, con líneas de investigación en las áreas de epistemología social, ética ciudadana y filosofía política. Conductor del Podcast de filosofía Conversaciones de la caverna y del programa D−ética TV. Presidente de la Asociación Dominicana de Filosofía. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana por la Comisión de Filosofía y Epistemología. Premio Nacional de Ensayo Científico (2015). Premio de Ensayo Pedro Francisco Bono (2012). Integrante de la reunión constitutiva de la Red Iberoamericana de Filosofía. Fue miembro de la Comisión de Alto Nivel para la Difusión de la Filosofía de la UNESCO. Autor de Reflexiones filosóficas. Artículos de ética, política y filosofía (2018); Las tensiones de Thomas Kuhn: Una perspectiva crítica para los estudios sociales y culturales de la ciencia (2014); La filosofía y los espacios de la libertad (2012), así como de diversos artículos publicados en revistas especializadas nacionales e internacionales de filosofía. (Correo: leonardodiazsd@gmail.com; Instagram: @leonardodiazsd).

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