Desde que agentes de inteligencia artificial (IA) diseñados por OpenAI provocaron un ciberataque en la empresa Hugging Face estalló una preocupación mediática sobre el problema de si podía salirse del control humano y provocar daños a gran escala en nuestros sistemas operativos.

El incidente estimuló el debate público sobre la necesidad de desacelerar el desarrollo de la IA con el propósito de lograr una mejor supervisión. Temores razonables se han mezclado con perspectivas catastrofistas, y con frecuencia, faranduleras, lo que no ayuda a esclarecer el problema. Esto agrava la situación porque la ciudadanía debería ser un agente fundamental en este proceso y, sin embargo, ha quedado relegada a simple usuaria y consumidora.

Y mientras crecen los legítimos temores sobre los peligros futuros de la IA a gran escala, podemos correr el riesgo de subestimar los daños reales que genera en la actualidad. Entre esos daños se encuentran los efectos nocivos de la IA en las capacidades cognoscitivas.

Debido a que el desarrollo de la IA está íntimamente vinculado a un modelo comercial que incrementa la riqueza en la medida que provoca atención y dependencia, somos testigos de que los modelos algorítmicos están diseñados para aumentar la dopamina y no para potenciar el desarrollo cognitivo.

Diversos estudios indican que su uso excesivo está relacionado con la pérdida de la concentración, del pensamiento crítico y de las habilidades sociales, capacidades fundamentales para el desarrollo personal y el de las sociedades democráticas.

Si a esto se suma el ascenso de movimientos políticos antidemocráticos que obtienen capital político de dinamitar el espacio deliberativo con arengas emocionales, discursos de odio y eslóganes acordes con la infraestructura digital, el peligro de la inteligencia artificial se incrementará, hasta el punto de que no tendremos que esperar una “sublevación de las máquinas” para hacer realidad los daños que tememos. Por consiguiente, los daños de la inteligencia artificial no son un problema meramente técnico; están vinculado con la actitud que asumamos con respecto al modelo económico vigente y a las corrientes políticas que promueven un tipo de inteligencia artificial antidemocrático. Otro modelo de IA es posible, en la medida en que las fuerzas democráticas del planeta sean capaces de articularse.

 

Leonardo Díaz

Filósofo y ensayista

Doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco con estudios doctorales en Historia por la Universidad de Sevilla. Miembro de Número de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. Ganador del Premio Nacional de Ensayo (2015). Profesor Titular de la Carrera Nacional de Investigadores del MESCYT. Miembro fundador de la Red Iberoamericana de Filosofía, integró la Comisión de la UNESCO para la Difusión de la Filosofía en República Dominicana. (Contacto: leonardodiazsd@gmail.com).

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