Recientemente tuvieron lugar en Miami dos reuniones. En la primera participaron altos militares de una docena de países latinoamericanos y del Caribe, incluyendo el nuestro, junto con el secretario de Guerra norteamericano. Poco después y con motivo de la anterior, unos once presidentes latinoamericanos y del Caribe, incluyendo a Luis Abinader, se reunieron con Donald Trump, donde se decidió "poner fin a las pandillas y cárteles criminales y narcoterroristas", a través de la "Coalición anti Cárteles de las Américas", que fue definida como "militar".
En dicha reunión el presidente Trump dijo: "La única forma de derrotar a estos enemigos es desatando el poder de nuestros ejércitos. Tenemos que utilizar NUESTRO ejército. Tienes que usar tu ejército", interpretando nosotros el "nuestro" como refiriéndose al ejército norteamericano. La proclamación firmada por el mandatario estadounidense y los latinoamericanos y caribeños detalla que es "un compromiso de líderes militares y representantes de 17 países que demuestra que la región está lista para emplear poder DURO para derrotar estas amenazas a nuestra seguridad y civilización". Agrega: "Estas entidades internacionales controlan territorios y comercios, extorsionan a los sistemas políticos y judiciales, empuñan armas y despliegan capacidades militares y utilizan asesinatos y terrorismo para alcanzar sus fines".
La proclamación explica que Estados Unidos y sus aliados deben "coordinarse para privar a estas organizaciones de cualquier control territorial y del acceso a financiamientos o recursos necesarios para llevar a cabo sus campañas de violencia". Por otro lado, Estados Unidos anunció que "entrenará y movilizará a las fuerzas militares de las regiones asociadas para lograr una fuerza de combate más eficaz".
Aun cuando es obvio que lo que más interesa a Estados Unidos es derrotar a los cárteles que envían drogas a ese país, a la República Dominicana lo que más le conviene, leyendo esos textos, es que ese programa debe aplicarse para combatir a los cárteles que en Haití controlan el 90 % de Puerto Príncipe y que reciben drogas desde Colombia y Ecuador por puertos en el sur de Haití y también le llegan en barcos comerciales para su reenvío a Europa. Estos cárteles haitianos extorsionan a sacerdotes y evangélicos capturados para pedir rescate y también se dedican a la trata de blancas. Abinader declaró a la prensa que fue discutido en la reunión de Miami el tema de los cárteles haitianos.
Ya en el pasado reciente, primero la República Dominicana y luego Estados Unidos, definieron a los cárteles haitianos como "organizaciones terroristas". Consecuentemente, lo acordado en Miami da base para que Estados Unidos envíe militares a Haití, ya sea para dar asistencia técnica o para combatir directamente a los cárteles. Un grupo de fuerzas especiales de los Estados Unidos podría servir para este propósito y la simple declaración de que esas fuerzas irán a Haití crearía un impacto psicológico muy negativo sobre los jefes de los cárteles estimulándolos a abandonar su propósito.
Desde hace algunos meses el gobierno haitiano contrató a una empresa de mercenarios del señor Prince para que utilice drones, manejados por salvadoreños, para atacar a los cárteles. Hasta ahora esos drones han sido efectivos, aunque por la propia naturaleza de la ubicación de los jefes de esos cárteles en barrios pobres de Puerto Príncipe, civiles inocentes también han sido víctimas. Los propios cárteles trataron de importar un dron a través de la frontera dominicana, pero sin éxito.
En una reciente declaración al periódico Le Nouvelliste, el primer ministro haitiano Fils-Aimé citó el conocido símil de que nuestros dos países son alas de una misma ave, y agregó que tenía esperanzas de poder reunirse con el presidente Abinader. Ambos, por cierto, estuvieron la semana pasada en Santiago de Chile en el cambio de mando, pero no sabemos si pudieron conversar.
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