El próximo 25 del presente mes de julio es la celebración de San Santiago Apóstol, patrono de Santiago de los Caballeros, diversos lugares, incluso de España. En Loíza Aldea, Puerto Rico, se celebra una de las festividades culturales más impactantes, originales y significativas de identidad de toda la región.
Loíza Aldea es un pueblo localizado en la costa norte de Puerto Rico, en el contexto metropolitano de San Juan, su capital. Originalmente, al llegar los conquistadores españoles, encontraron un espacio conocido como Loíza o Yuiza, en honor de una cacica que gobernó a orillas del río Grande de Loíza.

Como en los demás contextos, la colonización española se inició con la explotación de la caña de azúcar, sustentada por manos de esclavizados africanos. Debido a la naturaleza de la trata, llegaron etnias de diversos lugares de África occidental, como, por ejemplo, los igbos y los congos, cuyo sincretismo produjo nuevas expresiones artístico-culturales con dimensiones de identidad.
Al producirse históricamente la conclusión de la colonización, de manera libre y espontánea, Loíza Aldea se convirtió en hábitat permanente de una inmensa cantidad de africanos libertos, que definieron a San Patricio como su patrono y a Santiago Apóstol como referencia privilegiada espiritual de su cultura.
Loíza Aldea ha trascendido a su contexto, a tal punto que algunas manifestaciones musicales como la plena y la bomba se han convertido en patrimonios nacionales puertorriqueños. Y otras expresiones, en símbolos de identidad, como sus hermosas máscaras de carnaval, elaboradas con caras de coco, con impactante colorido diversificado, visibles en las festividades de San Patricio en enero y en las de San Santiago al final de julio.
En el proceso de cuestionamiento y de propuestas en la música popular, sobre todo, en la definición de una nueva canción, al igual que en los países del Caribe y de América Latina en la década de los 70, Puerto Rico vivía convulsionada con la presencia y actividades de los grupos de Nueva Canción Moliendo Vidrio y Haciendo Punto en Otro Son.
Estos dos grupos de nueva canción invitaron a compartir en Puerto Rico al Grupo de Nueva Canción dominicano Convite. Convite era un grupo de nueva canción cuya temática era el folclore dominicano. En el programa estaba contemplada una visita a Loíza Aldea, teniendo como anfitriones a los hermanos Ayala, los artistas de la plena y de la bomba de Loíza en aquel entonces.
Convite se instaló en la vivienda de Castor Ayala, el padre de los hermanos Ayala, con anexos que eran talleres y centros de enseñanza de música y de baile. La casa estaba llena de tambores, panderos, demás instrumentos musicales y locura.
Al lado derecho del frente de la casa había un espacio para las presentaciones artísticas. El grupo musical de los Ayala interpretó varias piezas musicales, mientras el público gozaba.
Convite hizo un recorrido de su repertorio musical y, para sorpresa de todos, la mayor identificación y aceptación musical de los Ayala estaba en la sarandunga de Baní. Sin ensayarlo, los Ayala cantaron en un momento dado: «Ola, ola, ola, ola de la mar, ¡qué bonita ola para navegar!».
Antes de comenzar los dos grupos a tocar llegó calladito, para sorpresa y regocijo de todos, Tite Curet, el mismo de Anacaona y docenas de canciones más. Tite, con sencillez y humildad, quedó fascinado con el grupo Convite. Su amistad se mantuvo para siempre.
Convite intercambió con un grupo musical original haitiano de gagá que visitaba a Loíza. Los Ayala quedaron fascinados con los instrumentos e interpretaciones de Convite. Ellos regalaron dos tambores y prefirieron para ellos el balsié de Convite, el tambor pequeño más hermoso e impactante de todos los tambores.
Durante la semana de la estadía de Convite en Puerto Rico realizaron presentaciones en colegios, escuelas y centros culturales populares con los grupos Moliendo Vidrio y Haciendo Punto en Otro Son, con la realización de diversos conversatorios sobre folclore, identidad y música popular.
Uno de esos días falleció el maestro y artista Rafael Cepeda, símbolo y patrimonio de la música popular puertorriqueña. Su entierro es uno de los más originales, auténticos y populares que he conocido en mi vida. Se convocó a miles de personas en las calles de San Juan camino al viejo cementerio. La mayor parte de ellas llevaba tambores, pitos, panderos, güiras, trompetas, guitarras y diversos instrumentos musicales. Todo el mundo iba tocando, cantando y gritando libremente. Fue algo realmente impactante, nunca visto.
La presentación cumbre de Convite fue una noche memorable en el majestuoso y exclusivo teatro Silvia Rexach de San Juan, equivalente al Teatro Nacional en Dominicana. Convite representó al folclore dominicano. Impactaron las notas de la salve, los atabales, la sarandunga, los congos, el gagá, el bambulá, los guloyas, la mangulina, el carabiné y, lógicamente, el merengue. Los comentarios al final del espectáculo fueron exageradamente impactantes, testimonios nunca repetidos en esta sala. Fue una presentación histórica, de leyenda, que aún hoy se recuerda por todos los asistentes.
Desde entonces, Loíza Aldea y Dominicana, Convite, Moliendo Vidrio y Haciendo Punto en Otro Son quedan, a pesar de los años, como testimonios de hermandad, bajo la protección de San Santiago al final de julio. ¡Todo es posible cuando existe la autenticidad!
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