“Las convicciones son enemigos de la verdad más peligrosos que las mentiras”. (Friedrich Nietzsche, Humano, demasiado humano)

En su reciente trabajo académico, titulado Para una genealogía de la posverdad: sobre su supuesta procedencia nietzscheana (2024), el filósofo José Ignacio Galparsoro polemiza con algunos autores que argumentan que el posmodernismo —y su “abuelo”, Friedrich Nietzsche (1844-1900)— son los “responsables” de la deriva relativista en la que nos encontramos ante el avance de la llamada “posverdad” en la política y los medios de comunicación contemporáneos.

Para hacer frente a estas acusaciones, Galparsoro despliega en su texto un pormenorizado análisis de lo que el pensador alemán llamó “perspectivismo”. Estrechamente ligado a la disciplina filológica en la cual Nietzsche se formó originalmente, el perspectivismo es un principio epistemológico que sostiene que la percepción y el conocimiento de algo siempre están ligados a las perspectivas del sujeto que percibe y conoce. En otras palabras, el sujeto no es algo ajeno y separado del objeto que percibe o conoce, sino que sujeto y objeto son una misma cosa, y, por ende, cuando un observador observa un fenómeno, está ya implicado en el fenómeno que está observando.

Además, Nietzsche defiende la noción de que no hay verdades absolutas, sino que todas las verdades dependen de la interpretación que cada cual tiene. Sin embargo, Galparsoro demuestra muy sutilmente que esto no implica un relativismo extremo para nada, ya que Nietzsche sí distingue entre interpretaciones falsas y correctas, empleando como criterio aquellas que aumentan o potencian la vida y aquellas que la disminuyen. En este aspecto, el filósofo alemán es deudor de la concepción de Heráclito (s. VI-s. V a. C.) acerca de la realidad como un eterno fluir o devenir, por lo cual nunca se puede aprehender la “cosa-en-sí” kantiana.

Nietzsche afirma que solo los “filósofos del futuro” podrán alcanzar el estatuto de “espíritus libres” cuando logren la independencia con respecto a las falsas verdades aceptadas acríticamente por el rebaño. Y este coraje de decir la verdad o hablar francamente, sin importar la gravedad de las consecuencias que su emisor pueda sufrir, es lo que en la antigüedad clásica —particularmente entre la escuela de los cínicos— se conocía como “parresía”. Este concepto fue posteriormente rescatado por Michel Foucault (1926-1984) en sus cursos finales del Collège de France, para designar un modo de hablar con franqueza ante el poder.

Sin embargo, el filósofo Slavoj Žižek (n. 1949), en su obra El sublime objeto de la ideología (1989), continuando esta línea de reflexión foucaultiana a partir de la obra Crítica de la razón cínica (1983) de Peter Sloterdijk (n. 1947), donde este pensador distingue entre cinismo y quinismo, plantea que hoy en día vivimos en una era cínica que se disfraza de “posideológica”. Sloterdijk contrasta este cinismo grosero y sin escrúpulos con el “quinismo” de los cínicos clásicos de la antigüedad, que con su parresía decían la verdad al poder sin miedo alguno.

En este sentido, el cinismo que Nietzsche reivindica como propio de los “espíritus libres” es, de hecho, este “quinismo” basado en la práctica de la parresía. De tal modo que la supuesta filiación entre Nietzsche y la posverdad, encarnada particularmente en la figura de Donald Trump (n. 1946), no se sostiene, ya que el cinismo de Trump es precisamente el grosero y sin escrúpulos que Sloterdijk y Žižek denuncian como el modo de ser prevaleciente de nuestro tiempo. Este cinismo trumpiano, crudo y sin ambages, ha quedado evidenciado ahora ante los ojos de todo el mundo, con la reciente invasión ilegal y criminal de la República Bolivariana de Venezuela, de la cual el presidente estadounidense no ha hecho ningún esfuerzo en disimular las auténticas motivaciones descaradamente geopolíticas que están detrás de ésta.

Con la llegada de Trump al poder en los Estados Unidos, el imperialismo estadounidense se ha quitado de una vez por todas la careta de promotor de la “democracia” y los “derechos humanos”, y ha revelado su auténtico rostro psicopático y violento en toda su crudeza. Esto indica que, efectivamente, nos movemos ahora en una realidad posideológica, donde el poder ya no necesita justificaciones ideológicas para ejercerse en toda su nefasta brutalidad. Todo esto viene a confirmar lo que Nietzsche siempre preconizó: que no hay nada más peligroso que alguien que olvida que su perspectiva es solo eso; una más entre muchas, y confunde su verdad con la única verdad posible.

Gabriel Andrés Baquero

Filósofo

Gabriel Andrés Baquero (n. 1992, Santo Domingo, República Dominicana) es filósofo y escritor. Licenciado en Humanidades y Filosofía por el Instituto Superior Pedro Francisco Bonó (2018) y Magíster en Estudios Caribeños por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (2022), se dedica a la investigación y reflexión sobre temas culturales, históricos y políticos.

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