Sería pertinente considerar uno de los factores más importantes para la preservación de la identidad dominicana. Como destacaba Ludwig Wittgenstein: «Que el mundo es mi mundo se muestra en que los límites de mi lenguaje (el lenguaje que solo yo entiendo) significan los límites de mi mundo». (Wittgenstein, 1921, p. 82). A partir de esta premisa, puede sostenerse que la realidad se configura en función de los límites que el propio lenguaje instituye.
En este sentido, Enerio Rodríguez ofrece una explicación funcional en una entrevista que permite comprender la manera en que Wittgenstein plantea la necesidad de entender el mundo. En este sentido, Enerio Rodríguez enfatiza que para el filósofo esta cuestión constituía una preocupación fundamental. Este hecho adquiere especial relevancia en la medida en que, según expone, la inquietud de Wittgenstein no se orientaba tanto a fijar los límites del pensamiento, sino más bien a reconocer los límites del lenguaje. De hecho, intentar establecer los límites del pensamiento implicaría considerar el «no pensamiento», lo que llevaría necesariamente a distinguir entre lo pensable y lo impensable. Sin embargo, desde la perspectiva wittgensteiniana, es más pertinente hablar de lo expresable y lo inexpresable. (Rodríguez & Henríquez, 2012) (parafraseado).
En ella, Enerio Rodríguez explica el aforismo 5.6 de Ludwig Wittgenstein, en el que se afirma que los límites del lenguaje están determinados por los límites de la realidad, en la medida en que esta se halla mediada por los distintos discursos que intentan describirla. Por tanto, todo discurso que no describe el mundo, como el religioso, el ético y el estético, se sitúa más allá de lo expresable. (Rodríguez y Henríquez, 2012) (parafraseado).
Asimismo, Enerio enfatiza que esta preocupación ocupaba un lugar central en el pensamiento de Wittgenstein, hasta el punto de considerar que su enfoque aspiraba a ofrecer una comprensión definitiva de los problemas suscitados en estos ámbitos, particularmente dentro de su marco lógico-científico. Desde esta perspectiva, se advierte la relevancia del lenguaje para cualquier comunidad. Comprender la necesidad teórica de Wittgenstein que expone Enerio Rodríguez acerca de este fenómeno permite reconocer por qué dicha cuestión resulta fundamental para la definición de la identidad de un pueblo.
Esta introducción permite afirmar que el lenguaje, en tanto que fenómeno mutable, constituye la médula central de un pueblo, por lo que afectar a esta capacidad innata equivale a intervenir directamente en una de las estructuras que lo definen como tal. En este sentido, el lenguaje puede entenderse como una competencia humana innata, es decir, la capacidad cognitiva subyacente para adquirir y comprender el lenguaje, tal y como la introdujo Noam Chomsky, o como un conjunto de habilidades adquiridas, es decir, las destrezas prácticas vinculadas a escuchar, hablar, leer y escribir. Así, se configura como una herramienta fundamental para el desarrollo humano, la comunicación y la expresión de la subjetividad.
A partir de lo anterior, es necesario comprender que esta perspectiva ha sido asumida por la Escuela de Filosofía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, donde se ha hecho hincapié en el lema «pensar en español» como metáfora de la necesidad de preservar la lengua como parte constitutiva de la identidad dominicana. Este planteamiento responde, además, a la previsión de los distintos ataques y formas de presión cultural que inciden sobre el lenguaje y que, en última instancia, afectan a lo que nos define como pueblo.
En una conferencia, el doctor en Filosofía Alejandro Arvelo ofrece algunos elementos histórico-reflexivos que permiten comprender por qué es necesario prestar atención a nuestra lengua. Durante su ponencia, menciona que José Núñez de Cáceres, en un acto simbólico celebrado en el Palacio Consistorial, entregó la llave de la ciudad al presidente haitiano Jean-Pierre Boyer, quien solía ir acompañado de historiadores y antropólogos encargados de documentar los acontecimientos. Según relata Arvelo, a Boyer le resultó particularmente incómodo que Núñez de Cáceres pronunciara su discurso en español, a pesar de su reconocido dominio del francés. Este hecho fue percibido como inapropiado por el mandatario haitiano.
La cuestión que se desprende de este episodio es significativa: ¿por qué habría de incomodar al presidente haitiano la lengua en la que Núñez de Cáceres decidió expresarse, si en última instancia se trataba de una decisión que le correspondía exclusivamente a él? Este hecho permite inferir que, incluso en momentos históricos decisivos, ya se reconocía la importancia de la lengua como elemento constitutivo de la identidad. En consecuencia, el lenguaje se configura como un elemento central en la definición de lo que somos como pueblo, tal y como subraya Alejandro Arvelo en su análisis de esta anécdota. (Arvelo, 2025) (parafraseado).
El doctor Alejandro Arvelo destaca la capacidad de José Núñez de Cáceres para reconocer la importancia del lenguaje como elemento funcional en el desarrollo de la identidad de los pueblos, tanto en lo referente a su preservación como en el hecho de que actúa como una frontera cuando coexisten diversas formas de manifestación lingüística. En este sentido, Arvelo subraya que el lenguaje constituye un hábito y un rasgo de carácter que define al pueblo dominicano, aspecto del cual Núñez de Cáceres era plenamente consciente. Así, al realizar dicho acto, no solo evidenciaba una decisión circunstancial, sino también una comprensión profunda del ser dominicano, cuya configuración incluye de manera inherente su condición de sujeto de lenguaje.
Citamos al doctor Alejandro Arvelo, quien a su vez recurre a Juan Pablo Duarte, para destacar la importancia del lenguaje en la configuración de la identidad de un pueblo: «Dice Duarte, hay palabras que por las ideas que revelan llaman nuestra atención y atraen nuestras simpatías hacia los seres que la pronuncian». (Arvelo, 2025).
A partir de esta afirmación, Arvelo retoma una consigna del libro de lógica de Andrés López de Medrano que alude a la necesidad de pensar en la juventud como parte de ese gremio que encarna el ser dominicano. Así pues, no se trata de una formulación original de Arvelo, sino de una recuperación de la tradición intelectual previa. Así, se pone de manifiesto que ya en ese contexto existía un grupo de jóvenes que experimentaba y asumía un sentido de pertenencia nacional y que encontraba en la palabra el medio fundamental para comunicar y afirmar esa forma de ser.
En síntesis, Alejandro Arvelo nos invita a considerar la identidad dominicana desde múltiples perspectivas, reconociendo que, desde nuestro proceso de constitución histórica hasta la actualidad, es necesario fortalecer y enriquecer nuestro lenguaje. Esta tarea no solo responde a una preocupación teórica, sino también a una exigencia concreta ante las múltiples presiones y formas de desplazamiento cultural que inciden en nuestra identidad y que, en muchas ocasiones, imponen modos de expresión ajenos a nuestras propias formas de comunicación.
Ahora bien, ¿por qué es tan importante preservar y fortalecer el lenguaje en el contexto dominicano? La respuesta radica en que el lenguaje no es solo un instrumento de comunicación, sino el espacio donde se configura el sentido de pertenencia, la memoria histórica y la visión del mundo de una comunidad. Por tanto, debilitar el lenguaje propio implica erosionar las bases simbólicas que sustentan la identidad colectiva. Por ello, reafirmar el uso consciente y crítico de nuestra lengua se convierte en una forma de resistencia cultural y de afirmación del ser dominicano frente a las dinámicas que tienden a homogeneizar la experiencia humana.
En este sentido, cabe preguntarse: ¿es posible concebir una identidad desvinculada de su lengua? Difícilmente, ya que toda forma de autocomprensión está mediada por estructuras lingüísticas que delimitan lo pensable y lo expresable, como advertía Ludwig Wittgenstein. Por tanto, la defensa del lenguaje no debe entenderse como un gesto conservador, sino como una práctica consciente destinada a garantizar la continuidad de una forma de ser en el mundo. Así, preservar el lenguaje es, en última instancia, preservar la posibilidad misma de seguir siendo un pueblo con voz propia.
Referencias
Arvelo, A. (2025, noviembre 26). Los dominicanos: mentalidad y carácter. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=PkwiyM5Su8I
Rodríguez, E., & Henríquez, F. (2012, diciembre 11). El lenguaje II parte. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=yo05iuIgSUk
Wittgenstein, L. (1921). Tractatus logico-philosophicus. https://www.pensamientopenal.com.ar/system/files/2014/12/doctrina29684.pdf
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