En diciembre del pasado año, el rey Juan Carlos I publicó sus memorias. Lo hizo con la colaboración de la destacada historiadora y periodista francesa Laurence Debray. Es un libro de casi 500 páginas cuyo impacto no se ha hecho esperar. Es más que su biografía: es su defensa para intentar reivindicarse históricamente. Como él confiesa, es la forma en que pretende reconciliarse con el pueblo español y evitar que le roben su historia. Después de leerla, nos quedan múltiples impresiones. Una de ellas es la historia de un hombre marcado por la tristeza; un rey que, en el ocaso de sus días, hace una catarsis con su convulso pasado y atribulado presente. Al hacerlo, desoye hasta el consejo de su padre, quien siempre le repetía que los reyes no se confiesan.

El primer elemento que nos tocó de este relato es el drama que ha rodeado la vida de este monarca de los trágicos Borbones españoles. La niñez y adolescencia de "Juanito" —como le solían llamar sus familiares cercanos— están impregnadas por el rigor que entraña su dinástica investidura. Él lo confiesa: “Desde que nací, no he sido dueño de mi destino”. Siempre fue una marioneta de su padre, el rey don Juan, y luego de los designios del tirano, Francisco Franco, quien pactó con su progenitor todo lo trascendente de su formación y algo más.

Sin embargo, la revelación más desgarradora y aleccionadora de todo el libro es la que alude a la ruptura de sus relaciones con su hijo, el rey Felipe VI. Ocurrió en la primavera de 2020. Para entonces, su vástago le convocó a un encuentro en el palacio de la Zarzuela. Allí, a quemarropa, le entregó un acto notarial en el que se consignaba su renuncia y la de sus hijos al futuro patrimonio que le pudiera dejar su padre y abuelo. Al mismo tiempo, se le excluía de la Casa Real española y de sus prerrogativas. Estos momentos él los describe como la más amarga de todas las crisis experimentadas en su dilatada vida pública. Admite haber sufrido al ver cómo su hijo se mostraba tan insensible. Sin duda, fue una decisión política sin precedentes en la corona española y en toda la decadente monarquía mundial. Con ella, Felipe procuraba atenuar el descrédito que para la época afectaba a la corona y fortalecer su joven reinado.

La causa fundamental que originó esta drástica resolución fue la conmoción que había generado para entonces —en España y en todo el mundo— la noticia de la donación que le había hecho el rey de Arabia Saudí al rey Juan Carlos I por la friolera de cien millones de dólares, depositados en una cuenta bancaria en Suiza. Esto se produjo en el contexto de una megaobra ferroviaria que un consorcio de empresas españolas había realizado en ese país. Al brindar su versión sobre este “obsequio”, el autor sostiene con un dejo de franqueza o eufemismo: “Puedo asegurar que se realizó sin contraprestación alguna, en nombre de la amistad de cuarenta años, de la solidaridad entre realezas, de la prodigalidad desinteresada que caracteriza a los dirigentes árabes. Admito que cien millones de dólares son una suma considerable. Es un regalo que no podía rechazar. Un grave error”.  ¡Toda una perla!

Hace poco se anunció que, habiéndosele archivado este caso judicial en Suiza, el rey Juan Carlos I interpuso una demanda en contra de su examante, la señora Corinna Larsen, por quedarse con sesenta y cinco millones del indicado monto. Son muy aleccionadores estos hechos, pues revelan las debilidades y ambiciones del ejercicio del poder, sin importar cómo este se revista.

Otro de los episodios más edificantes de la obra es el relacionado con el rol que jugó el rey Juan Carlos I en la transición democrática de la península. Aquí se esmera el autor en resaltar su participación en este proceso, considerándose uno de los forjadores de la democracia y del desarrollo de la España moderna. Obviamente, rechaza cualquier participación en el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Al respecto, Javier Cercas le concede razón cuando, en su obra Anatomía de un instante, acota: “Si el Rey hubiese organizado el golpe, si hubiese estado implicado en él… el golpe hubiese, sin la menor duda, triunfado”. Coincido con Cercas y reconozco que el rey jugó un papel clave en esa agitada España de aquellos años. Prevaleciéndose, principalmente de esto y de su reciente libro, en estos momentos, el emérito hace esfuerzos por retornar a su país e instalarse en la Zarzuela, a lo que se opone su hijo. Por eso es un tema de gran controversia en España.

Es entretenida también la reseña que se hace del incidente que se produjo entre el rey Juan Carlos I y Hugo Chávez, y que acuñó la célebre frase: “¿Por qué no te callas?”. El autor revela que meses después, el extinto presidente venezolano se excusó con él por la provocación que originó su intempestiva reacción.

En fin, la obra, desde la atalaya de su autor, es la historia de sus cielos e infiernos. De un rey ermitaño y alejado de toda su familia, entre el desierto y el mar de la lejana Abu Dabi. Asimismo, es la historia de la España de casi el último siglo. Por esto, ahora me identifico más con la nada monárquica Ana Belén cuando interpreta la bellísima canción: España, camisa blanca de mi esperanza.

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[1] JUAN CARLOS I. Reconciliación: Memorias. España: Planeta Publishing, 2025. ISBN 978-84-08-29622-5. Ilustración, p. 352.

José Lorenzo Fermín

Abogado

Licenciado en Derecho egresado de la PUCMM en el año 1986. Profesor de la PUCMM (1988-2000) en la cual impartió por varios años las cátedras de Introducción al Derecho Penal, Derecho Penal General y Derecho Penal Especial. Ministerio Público en el Distrito Judicial de Santiago (1989-2001). Socio fundador de la firma Fermín & Asociados, Abogados & Consultores desde el 1986.-. Miembro de la Comisión de Revisión y Actualización del Código Penal dominicano (1997-2000). Coordinador y facilitador del postgrado de Administración de Justicia Penal que ofrece la PUCMM (2001-2002). Integrante del Consejo de Defensa del Banco Central y de la Superintendencia de Bancos en los procesos de fraudes bancarios de los años 2003-2004, así como del Banco Central en el caso actual del Banco Peravia. Miembro del Consejo Editorial de Gaceta Judicial. Articulista y conferencista ocasional de temas vinculados al derecho penal y materias afines. Aguilucho desde chiquitico. Amante de la vida.

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