Todo parece servir a los xenófobos del patio para asustarnos con el cuco de “la invasión haitiana”, y los recientes acontecimientos en Francia no podían dejarse pasar por alto. Rápido aparecieron en la prensa escrita y televisiva comentaristas y “analistas” que nos exhortan a mirarnos en el espejo de los franceses. A su entender, lo mismo podría pasar aquí con la inmigración haitiana.

Si las protestas que se iniciaron en los liceos parisinos en el mes de septiembre —y que rápido adquirieron envergadura nacional sumando a sindicatos, obreros, docentes y pensionados en torno a diversas reivindicaciones— hubiesen sido orquestadas por inmigrantes, el primero en denunciarlo hubiese sido el presidente de la República Francesa.

Escuché integralmente la alocución televisiva de Emmanuel Macron el pasado domingo 18 y no hay en ella ninguna referencia a la inmigración.

«Comment des Français peuvent-ils faire ça à la France?» (¿Cómo los franceses pueden hacerle eso a Francia?), sentenció Macron. Ninguna referencia a los musulmanes ni a otro grupo étnico.

En términos generales, su discurso se centró en un llamado al diálogo y a la condena de la violencia, donde se resaltan como puntos clave el reconocimiento de las inquietudes de los estudiantes, el anuncio de algunas medidas consideradas insuficientes por el movimiento reivindicativo, y la condena de una violencia que él atribuye a la ultraizquierda.

Claro, en su alocución se omiten las causas profundas de este movimiento, como también lo hacen por diferente razón los xenófobos del patio. Lo que está pasando en el país de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano es que dos planetas se han alineado: las protestas estudiantiles se encontraron con el oído receptor de sectores de la población marginalizados. La fuerte adhesión de estos sectores a las protestas se debe a que ellos comparten las mismas deterioradas condiciones de vida que los jóvenes de los liceos.

Que obreros, sindicalistas, profesores y pensionados se sumen a las protestas estudiantiles arroja luz sobre la situación política de la Francia de hoy, donde el costo de la vida es la preocupación permanente de millones de franceses, tanto nativos como de origen extranjero.

Carlos Segura

Sociólogo

Master en sociología, Université du Québec à Montréal, estudios doctorales, Université de Montréal. Ha publicado decenas de artículos en revistas especializadas nacionales y extranjeras, sobre inmigración, identidad y relaciones interétnicas. Es coautor de tres obras sociológicas, La nueva inmigración haitiana, 2001, Una isla para dos, 2002 y Hacia una nueva visión de la frontera y de las relaciones fronterizas, 2002. También es autor de tres obras literarias, Una vida en tiempos revueltos (autobiografía) 2018, Cuentos pueblerinos, 2020 y El retorno generacional (novela), 2023.

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